Si es tan fácil; ¿por qué no se arregla?
Por Juan Carlos de Pablo (*)
Contexto mira la realidad desde los procesos decisorios.
Para lo cual identifica y semblantea al que manda.
Por eso afirma que, aquí y ahora, el centro del análisis debe focalizarse en la presidenta de la Nación, y no en quien fue “el padre de la criatura”, referido al conjunto de disposiciones adoptadas por el Poder Ejecutivo, como consecuencia de la fuga de capitales que, tradicional entre nosotros, adquirió notable intensidad a partir de agosto pasado.
Notable cantidad de colegas que no pertenecen al oficialismo, por televisión, muy sueltos de cuerpo intentan tranquilizar a la población afirmando que Argentina no tiene serios problemas, y que esto se arregla muy fácilmente, por ejemplo, con un “shock de confianza”. También se lo escuché a dirigentes empresarios urbanos, pero sus afirmaciones son políticamente correctas, no importa si son ciertas o no.
La perspectiva decisoria dice algo bien diferente.
Esto no es fácil de arreglar porque las razones por las cuales “todo el mundo” compra dólares, tienen que ver con el precio relativo de la moneda de Estados Unidos, el hecho de que una parte de los pesos que tenemos los argentinos nos sobran, y particularmente la percepción de que el Poder Ejecutivo está desorientado y en el pasado mostró que, para solucionar problemas, no tiene empacho en manotear stocks (ejemplo: estatizar los fondos de las AFJP) o destruirlos (ejemplo: ganado vacuno, productos energéticos, etc.).
La falta de credibilidad debe ubicarse en cabeza del Poder Ejecutivo, y para esto es irrelevante que hace pocos días ganó con 54% de los votos. Porque lo que genera incertidumbre es el hecho de que, en pocos días, distintas jurisdicciones generaron medidas de la noche a la mañana, indicadoras de manotazos de ahogado, sin calibración previa y mucho menos coordinación.
La cuestión es mucho menos “quién fue”, que qué va a hacer Cristina Fernández de Kirchner, dado que una forma de gobernar –que a su marido primero, y a ella después- le dio muy buenos resultados durante 8 años, no sólo no le funciona más sino que se le está volviendo en contra.
En una palabra, esto no tiene nada de fácil porque las modificaciones involucran procesos decisorios, es decir, diagnósticos y decisiones por parte de dirigentes políticos.
El diagnóstico, no está de más recalcarlo, es siempre un hecho (que se considera un problema) junto a una explicación causal; un “relato”, como se dice ahora. El hecho es clarísimo: desde agosto en adelante los argentinos (y también los extranjeros que viven entre nosotros) compran más de u$s 3.000 M. mensuales. Y desde que se introdujeron restricciones a la compra de dólares, los depósitos en dólares del sistema financiero no hacen otra cosa que disminuir (u$s 645 M. en la primera semana de noviembre, después parece que más).
La explicación oficial, junto a la explicación de quienes se alinean con el gobierno, es una mezcla de consideraciones electorales (¿alguien puede creer que luego del 14 de agosto había alguna duda en Argentina, referida a quién habría de gobernar Argentina?) y explicaciones conspirativas (los analistas, los medios, los poderes concentrados, etc.).
Mientras el Poder Ejecutivo no tenga un buen diagnóstico, como el que se le ocurre a cualquier economista profesional, las medidas no surtirán el efecto esperado. Y medidas no faltaron: aumentar la oferta de divisas (petroleras, mineras, exportaciones de trigo y maíz), disminuir la demanda (inspectores, OK de la AFIP), contabilidad creativa (préstamos de otros bancos centrales, reducción de encajes en depósitos en dólares, etc.). Y sin embargo se mueve…
La historia sugiere algo grave: una vez perdida, recuperar la credibilidad no es asunto fácil. Claro que Cristina Fernández de Kirchner no tiene alternativa a intentarlo, pero no deberíamos descartar vivir 4 años bajo un gobierno increíble en el plano económico. Con estas autoridades económicas, o con otras más profesionales. Ni Cavallo (2001) pudo revertir los problemas que generaba De la Rúa, ni Pinedo/Alsogaray/Méndez Delfino pudieron con los que generaba el gobierno presidido por Guido.
No soy determinista, pero poner el razonamiento al servicio de la toma de decisiones no pasa, precisamente, por decir que Argentina no tiene problemas fundamentales, y sobre todo que es muy fácil solucionar esto, porque lo único que se requiere es un shock de confianza.
(*) Director de Contexto (juancarlosdepablo.com.ar) y miembro del Consejo Asesor de Carta Política.
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Como siempre, el artículo va al nucleo y muy certeramente.