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Ramon S. Castillo

[ 4 ] 13 febrero, 2012 |

Por Felipe Yofre (*)

De Ancasti a la primera magistratura de la Nación

Las medidas generosas del scotch Dimple, rematadas luego con un tentempié, eran moneda corriente en las madrugadas compartidas con nuestro padre en su escritorio de la Embajada en Lima. A la “boisserie” oscura, biblioteca vidriada, y retratos de importantes personajes, con dedicatorias (a los que daba vuelta para ponerlos en penitencia si correspondía),se sumaban desde el Telefunken, Pichuco, Fresedo y otros.

Una foto que permanecía siempre enhiesta, ataviado con banda presidencial y bastón de mando era la de Ramón S. Castillo, amigo desde sus orígenes de nuestro abuelo Ricardo Yofre (incluso fue su testigo de casamiento) evocado siempre con Eduardo “Pilungo” Fernandez Górgolas, que fuera yerno y Secretario privado de Castillo.

A través de mi padre aprendí a valorar a este catamarqueño de Ancasti, (primer Presidente nacido en esa Provincia) de modales suaves y corteses pero de fuerte carácter y personalidad, demostrada en todas las instancias de su vida pública. Recuérdese que Castillo – como sus predecesores Pellegrini y Victorino de la Plaza-, accedió a la primera magistratura desde su condición de Vicepresidente y como ellos piloto de tormenta en horas difíciles.

La crónica histórica, en general impiadosa con su figura, ha retaceado sus méritos, incluso al morir, salvando su honestidad reconocida sin discusión por sus adversarios. Lo involucraron como uno de los artífices del fraude en la década del 30, “al que repudió y reprimió por las vías legales a su alcance “como dice su biógrafo Edmundo Gutierrez ya que “poseía un espíritu legalista a prueba de fuego”. De todos modos, dijo Carlos Ibarguren, “el ámbito político y administrativo estaba desprestigiado por la corrupción imperante”.

Castillo fue el último eslabón conservador con la generación del 80, (se afilió en 1930 al Partido Demócrata Nacional). Fue funcionario judicial años finales del siglo XIX hasta su designación como Juez del Crimen en 1904 de San Nicolas promovido por Marcelino Ugarte, caudillesco Gobernador de Buenos Aires y creador del Departamento Provincial del Trabajo. También desarrolló una intensa labor en otros fueros, trasladándose luego a la Capital Federal en idéntica tarea. El magistrado dio paso al profesor universitario hasta alcanzar el Decanato de la Facultad de Derecho, cuando a partir de 1930 comenzó su etapa política.

Este rol lo inauguró en Tucumán como Interventor Federal (donde su probidad lo llevaba a pagarse de su peculio los pasajes) y a resolver un problema de larga data – el del azúcar – suscribiendo un convenio que fue recibido con satisfacción por todos, incluso los obreros cañeros, que lo agasajaron con un banquete multitudinario.

Más tarde fue Senador Nacional por Catamarca, Ministro de Instrucción Pública , Interior y Canciller interino de Agustín P. Justo. Accedió a la Vicepresidencia de la Nación en binomio con Roberto M. Ortiz (radical antipersonalista) tras frustrarse las candidaturas de Robustiano Patrón Costas y Miguel Ángel Cárcano para este cargo.

Cuando Ortiz asumió a presidencia se plantearon dos situaciones: la intervención federal a la Provincia de Buenos Aires por vicios comiciales y nuevas elecciones por las que asumió la Gobernación Rodolfo Moreno. Otro hecho que afectó el cuadro general fue el estallido de la Segunda Guerra Mundial de 1939.

Previo a ésta se celebró en Lima en 1938 una Conferencia Panamericana donde el Ministro de Relaciones Exteriores de Ortiz, Dr.Cantilo, sostuvo la norma de “solidaridad americana y política propia” y luego, ante el pedido de Estados Unidos por otra: “Argentina adoptará una política de neutralidad ajustándola a las normas consagradas por el derecho internacional” en consonancia con lo dispuesto en la Primera Guerra Mundial por Victorino de la Plaza y luego por Hipólito Irigoyen y Ortiz.

El ataque a Pearl Harbor hizo que Roosevelt, a traves de Hull y Welles, presionara sobre Castillo (en ejercicio interino del Poder por enfermedad de Ortiz) para modificar la posición argentina en la materia y no lo logró porque entendió era la actitud ventajosa para los intereses argentinos. Este tema (conveniencia o no de esta postura) es aún hoy debatida entre nosotros y se amplió años después en el conflicto Braden y Peron.

Una rápida síntesis de su gestión gubernamental (en la que se adoptaron medidas económicas con Federico Pinedo que protegieron al país de la crisis internacional) sobresalen la creación, entre otras, de la Marina Mercante y la toma de posesión del puerto de Rosario. También sus errores, consecuentes con aquella época, donde no se vislumbraba lo que acontecería años después. Don Ramón, al igual que Ortega y Gasset, era “él y sus circunstancias” a las que se sometió.

Fue un ser nacional muy querido por esa corriente histórica (a la que adhiero), un conservador que hizo honor a su condición de tal (en tiempos como los de hoy en los que se oculta) y al igual que Don Hipólito Irigoyen entregó su renuncia al cargo en el Regimiento 7 de Infantería de La Plata, curiosa coincidencia entre dos adversarios.

Tengo la convicción que los suyos fueron pecados veniales en comparación con otros. Este ilustre catamarqueño murió pobre, el 12 de octubre de 1944, en su casa de la calle Juncal 1775 próxima a la plazoleta Agustín Rivero Astengo.

Su retrato dedicado luce en mi “boisserie” de hoy y al igual que mi padre, jamás se me ocurriría ponerlo en penitencia, ni siquiera por el fraude…

(*) Conservador Popular Porteño

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Perfil de Felipe Yofre: Ver Perfil.

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