Subscribe via RSS Feed Encuentranos en Flickr

Manuel Mujica Lainez

[ 0 ] 18 septiembre, 2012 |

Por Felipe Yofre (*)

Manucho : un porteño como nadie

En 1966 Ben Molar produjo una obra estupenda – 14 con el tango – en la que logró el ensamble de poetas, músicos y pintores (entre otros Sábato, Borges, Escardó , Troilo, Mores y Soldi ) para honrar la ciudad. Manuel Mujica Lainez fue uno de los convocados y en colaboración con Lucio Demare escribieron “Como nadie” grabado por la orquesta de Alberto Di Paulo con la voz de Osvaldo Arana y mas tarde solo por el poeta sin acompañamiento. En él decía : “porque te he visto de lejos, como un recuerdo en el aire / como una bruma y acaso como un sueño inexplicable / puedo decir que te quiero/ como nadie Buenos Aires”.

Por primera vez musicalizó sus versos con Lucio Demare, autor entre otros éxitos de “Dandy” (título a la medida de Manucho que le encantaba vestirse bien) y que Molar le eligió intuyendo que se iban a entender perfectamente y así fue.

Sucede que Demare fue un personaje muy especial en el género. Viajó mucho por Europa (con Irusta y Fugazot) ; se radicó promediando los “twenties” en Paris y actuaba en la “boite” donde se presentaban Paul Whitemann con Bing Crosby y solía recalar también Rodolfo Valentino de smoking blanco a bailar tangos con Lucio y su grupo y por si fuera poco los argentinos, (diría Paul Groussac) que “por allí pasaban”.

Esas anécdotas fascinaban a Manucho (que en el 20 vivió con sus padres en la “ciudad luz”) y también la elegancia y versatilidad de Demare que podía ponerle corcheas a Manzi y a la vez a Manucho, ambos vates de la ciudad, con distintas temáticas, paisajes y protagonistas.

Manucho, (“ciudadano ilustre”) le dedicó a “la reina del Plata” entre otras, “Misteriosa Buenos Aires” y “Canto a Buenos Aires” ( peculiar libro en verso con ilustraciones de Hector Basaldua, su gran amigo y pintor en la obra de Molar).

Lo recuerdo a él desde chico, visitándonos en los veranos de San Isidro, finales del 40, en la casa de nuestro abuelo Carlos Bonorino Udaondo, lindera a la de Mariquita Sanchez de Thompson, para bañarse en la pileta porque aún no la había construido su suegro don Federico de Alvear en el Haras de su propiedad donde se alojaba.

Hasta ese quintón italiano, que dominaba el río y la barranca, donde (tal sus palabras) se “divisaba el mirador y la balaustrada de la azotea” llegaba con los originales de su libro en gestación – “Aquí vivieron” – a leer sus cuentos, entre otros el de la benguela Lumbi. Tenía por entonces 40 años y ya era un importante escritor, ataviado en consonancia con su rango. Siempre elegante, luciendo sombreros distintos, monóculo y baston de caña.

Se instalaba en un sillón de madera y lona próximo a los cañaverales que bordeaban la piscina a la espera de que sonara el “gong” al mediodia que anunciaba el almuerzo de los menores y su consecuente retiro de las aguas en las que habría de introducirse. “Los chiquitos afuera..” decía mientras se aprestaba a degustar el “americano” que batía nuestro progenitor, paso previo a una “tripe a la mode de Caen” cocinada en una olla a presion, y regada con unos modestos claretes de damajuana en forma de sangría.

Un buen día supo que nos ibamos temprano los martes al biógrafo porque se proyectaban unas “series” en el cine “Stella Maris” que concluían inveteradamente con el actor en situaciones límite, por caso con un tren que se le venía encima. Allí concluía el episodio y se generaban unas pataletas de protesta en el piso por parte de los jóvenes espectadores. También se anotició que había conseguido un conchabo de acomodador suplente de su titular, José Luis Perucca, con derecho a uso de uniforme y linterna.

Atento a esa circunstancia resolvió inventar la serie propia, exclusivamente para nosotros, que tituló “El Dios chacal”, en la que todos teníamos un rol, en especial los grandes. Era un verdadero espectáculo escucharlo porque a su inventiva le añadía sus condiciones actorales, exteriorizadas en las inflexiones de la voz, el movimiento de sus manos, y el manejo del bastón de caña, con cabezal de lobo, que trasladaba de una mano a la otra. Un rol importante le había reservado a su vidente Hilda, quien anticipaba lo que vendría en el capítulo siguiente.

Con los años, analizando sus textos, los comenté con mi entrañable Francisco “Paco” Garcia Jiménez, recreador del carnaval, con su tango homónimo y en “Siga el corso” que tenia lindero su sillón al mío en el Directorio de SADAIC .Por caso el cuento de Mujica “El dominó amarillo” que narra las desventuras de Diego Ponce de Leon, dueño del quintón, que seduce a una joven (Beatriz Amidei) a quien le pide se “saque el antifaz” (como en la obra de Paco) y sus recurrentes serpentinas.

“Como nadie”(1966) incidió tanto en él, que dos años después (1968) publicó en LA NACION el poema “A una ciudad recordada” en sintonía con su poema.

Este gran narrador y juglar, a quien Buenos Aires le “latía en sus venas con la tibieza de sus tardes”. “renace (como en el 2 por 4 y sus personajes) entre los hombres y las cosas muertas en el milagro de la evocación”

Virginiano, nació en la ciudad que amó – Buenos Aires – un 11 de Setiembre de 1910 y falleció en La Cumbre, Córdoba, en “El Paraíso” el 21 de Abril de 1984.

ILUSTRACIÓN: Diego Mujica Alvear

(*) Conservador Popular Porteño

Categorias: Columnistas, El corazón al Sur, Felipe Yofre, Opinión, Sin categoría

Perfil de Felipe Yofre: Ver Perfil.

Responder




IMPORTANTE: Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de las sanciones legales que correspondan. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algun comentario violatorio del reglamento sera eliminado e inhabilitado para volver a comentar.

Para dejar una imagen en el comentario, ir a Gravatar.