La opción subte o colectivo en las próximas semanas
Por Alfredo Gutiérrez Girault (*)
Usualmente, en las primeras clases de un curso de Introducción a la Economía, los profesores explican el caso de los bienes sustitutivos (aquellos que tiene la capacidad de satisfacer una misma necesidad) con ejemplos como café y té, azúcar y edulcorantes, etc. Probablemente, este año estrenen un ejemplo más actual: viajes en subte versus viajes en colectivo. La pregunta a responder sería como afectará el aumento de tarifas de los primeros a la cantidad demandada de los segundos.
Según cifras disponibles en la página del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, en el año 2010 los subterráneos transportaron unos 390 millones de pasajeros. En los últimos cinco años la cifra creció al 3% anual, nada despreciable si se tiene en cuenta que la población de la Ciudad de Buenos Aires (CABA) prácticamente no crece.
Al mismo tiempo, el transporte de colectivos transportó ese año unos 1.536 millones en compañías que tuvieron ambas o al menos una cabecera en CABA (dicho sea de paso esta cifra muestra una notable estabilidad a lo largo de los últimos cinco años). Esta cifra no sirve como alternativa, porque podría incluir un pasajero de la línea 60 que viajó entre San Isidro y Vicente López, viajeros a los que el subte no les sirve como alternativa. Está claro además, que subtes y colectivos no compiten en todo el ámbito de CABA, dadas las extensas áreas de la misma en que se carece del servicio de subtes.
No se conoce que, en el marco de la decisión de elevar la tarifa de los subtes, se haya estudiado la elasticidad precio cruzada. Es decir, la relación entre aumento en el precio del subte y el presumible aumento en la cantidad demandada de viajes en colectivo. Agregando una ventaja importante para el subte: la menor duración en el tiempo del viaje.
El problema es que el incremento del costo del boleto de 1,10 a 2,50 es lo suficientemente elevado como para que, aún con un valor de elasticidad bajo, el aumento en la cantidad demandada de viajes en colectivo sea alto. No sería descartable que un 25% de las personas transportadas en subte se desplacen al colectivo, es decir unos 100 millones año, 250.000 por día.
Esa cifra representa un incremento de 7% en el número de personas transportado diariamente por los colectivos y si fuera permanente (lo que dependerá entre otras cosas de la evolución del costo del pasaje en colectivo) requeriría la incorporación en el muy corto plazo de unas 700/1.000 colectivos adicionales a un parque que ronda las 9.000 unidades. Esta incorporación supone que se desee mantener el mismo nivel de ocupación de estos (lo contrario supone elevar el número de usuarios por colectivo con el consiguiente efecto- perjuicio en la comodidad de estos).
Finalmente un tema no menor es que una caída de los usuarios de subte reducirá en parte el efecto favorable de la suba de tarifas, sobre los ingresos totales de la empresa. Nuevamente, el dato que está faltando para calibrar el impacto final, es el futuro del costo del pasaje de colectivo. Lo que parece claro es que entre los valores de ambas tarifas ha existido históricamente una suerte de armonía (a cualquier nivel absoluto de las mismas), que en este momento se ha roto y que puede dar lugar a notables cambios en cantidades (pasajes vendidos por uno y otro medio) respecto al pasado hasta que se converja de nuevo a la relación inicial.
(*) Consultor. Director del Área Economía y Finanzas de Carta Política.
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Patético e irracional ambas cuestiones. La suba en el pasaje y la quita del 50% en el subsidio. El Gobierno no pierde ocasión en poner palos en la rueda a la gestión de Mauricio Macri, porque allí, ve el enemigo a vencer. Una verguenza que los porteños no se hayan percatado de que Cristina no es “amiga” de los que habitamos la ciudad de Buenos Aires, menos los obsecuentes, “Cámporistas” o como se llamen.
Mario Tomasow
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