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La aristocracia obrera

[ 0 ] 7 diciembre, 2011 |

Por Francisco Delich (*)

La presidenta de la república descalificó recientemente al sindicato que agrupa a los pilotos de Aerolíneas Argentinas. Los acusó de boicot a la empresa recientemente estatizada, percibir salarios muy altos y carecer de compromiso con la misma.

Días después un grupo de intelectuales afines al gobierno entre los cuales académicos respetados y respetables se solidarizó con el discurso presidencial y señaló a los pilotos como parte de la aristocracia obrera condenando su conducta.

Me interesa menos el juicio presidencial que la caracterización de Carta Abierta. Se puede compartir la decisión presidencial como puede hacerlo cualquier ciudadano o no compartir como lo ha hecho la CGT por ejemplo; mencionar, atribuir el carácter de aristocracia obrera a un gremio abre una discusión diferente, infrecuente e importante en el campo intelectual y de las ciencias sociales. A comenzar por la existencia misma de una aristocracia en el seno del movimiento obrero.

1. Existen por lo menos cuatro miradas que marcan otros tantos niveles de análisis. El concepto mismo tiene resonancias socialistas, marxianas, anarquistas de discusiones que fueron en distintos momentos decisorias para dividir campos políticos y opciones intelectuales.

Las palabras que parecen sinónimos dejan de serlo cuando mutan en conceptos analíticos y prácticas históricas. Nuestra Flora Tristan (digo nuestra por peruana y latinoamericana) tal vez fue la primera en utilizar el viejo término romano proletario aplicado a la sociedad industrial. Proletaria ella lo era sin duda: madre de tres hijos, víctima de un marido asesino (que la dio por muerta después e dispararle tres tiros y abandonarla en una vereda de Paris) fue a trabajar como obrera en una fábrica inglesa que no tenía miramientos con niños, mujeres o varones. Hacia 1840 contó su experiencia en un libro La Union Obrera que Marx leyó y anotó. Acaso la célebre consigna del Manifiesto que firmó con Engels en 1849 tuvo en aquella mujer su origen.

A fines de ese siglo comenzó a generalizarse el término obrero claramente separado del término empleado que marcaba salarios y condiciones de trabajo distintas en el interior de la sociedad industrial pero que a los efectos de la acción sindical podían reunirse en un genérico: trabajadores.

2. No quiero detenerme en la historia de unos nombres que para algunos significan poco sino para introducirlos en la historia de la sociología en general y la sociología del trabajo en particular.

En los años sesenta, época de esplendor si la hubo en la sociedad industrial, variaron tanto las condiciones de trabajo obreras como salariales; se generalizó la automación rápidamente seguida del comienzo de la robotización. Algunas de esas transformaciones mejoraron sustancialmente las condiciones de trabajo y aumentaron los salarios y otros beneficios.

Esos cambios motivaron una gran discusión en la sociología inglesa (The affluent society , titularon un estudio Goldthorpe y asociados) francesa (Serge Mallet, Pierre ..Bellevue, Alain Touraine entendieron que se estaba en presencia de una nueva clase obrera) e italiana (FrancoMomigliano propuso una discusión parecida a los sindicatos italianos ) y lo intentamos también Córdoba estudiando Fiat (Pasado y Presente 1966) y lo recordamos unos años después explicando el cordobazo.

La pregunta era casi obvia pero de respuestas complejas: ¿las nuevas condiciones de trabajo en la consolidación de la sociedad industrial modificaban el horizonte de la clase obrera y sus sindicatos? ¿Estamos en presencia de una nueva clase obrera y nuevos estilos sindicales?

3. La distinción entre obreros y empleados la había planteado con claridad C.Wrigt Mills en su clásico estudio sobre trabajadores de clase media los White collars publicado en español en 1957. También por entonces David Lockwood en El Trabajador de Clase media (1962 ) había señalado la mutación.

En la década siguiente comenzamos en la misma dirección (y concluimos) una investigación sobre el sindicato bancario argentino para mostrar estas distancias, las implicancias del ambiente de trabajo en la conciencia y conducta de los trabajadores entre nosotros.

La fábrica y la oficina eran ámbitos, espacios físicos que definían espacios sociales, culturales y modos de vida. La distinción de Marx entre trabajo manual y no manual se convertía en una dualidad que originaba no solo remuneraciones, sino estilos de vida diferentes y horizontes alejados.

En los marxismos se mencionaba el aburguesamiento de sectores obreros y su creciente integración en el capitalismo. Fuera del marxismo esta diferencia marcaba la aproximación de los empleados primero ¿y algunos sectores obreros ? a las clases medias. Pocos se animaban a postular semejante herejía.

4. Para el peronismo que ahora representa la Presidenta de la República y para los intelectuales peronistas de cualquier orientación, es una cuestión históricamente muy relevante.

Los trabajadores (para usar su terminología) constituyen la columna vertebral de ese movimiento, sus sindicatos un elemento estratégico de su aparato organizativo y financiero. Estrictamente, los trabajadores organizados en la CGT forman parte de la identidad peronista.

De allí que el peronismo como partido político con cualquier denominación y a lo largo de su historia casi setenta años haya garantizado desde el gobierno (y desde la oposición ) el monopolio de la representación sindical, para asegurar su control.

Para forzar o mantener la disciplina sindical y de los trabajadores es preciso superar o disimular las heterogeneidades, impulsar formas de igualitarismo creciente en beneficios y sacrificios.

Aquí comienzan las dificultades. Entre el sindicato de maleteros y el sindicato de pilotos la distancia entre sus afiliados, medida en cualquier término, es sencillamente sideral. Pero todos son trabajadores y asalariados.

Ambos sindicatos participan de la misma actividad (aérea) el mismo espacio de acción, la misma empresa, tal vez la misma ideología política, forman parte de la misma organización corporativa (CGT) comparten reivindicaciones. La desigualdad generada en el interior del conjunto de trabajadores es mayor que la desigualdad social en general, medida como relación ingreso promedio-calificación laboral .Pero esto es otra cuestión de la que prescindo en este texto.

Sin embargo el abismo de las calificaciones profesionales, mercado de trabajo y prestigio los aísla radicalmente.

Un piloto profesional es un producto educativo relativamente sofisticado (incluye no solo conocimientos técnicos sino también emocionales) y un entrenamiento avanzado. Es un profesional globalizado: sus capacidades son utilizables en cualquier lugar del planeta donde circulan máquinas equivalentes y entre sus condiciones laborales se cuenta el idioma de la globalización, el inglés.

La remuneración de los pilotos tiene parámetros internacionales que incluyen entre sus componentes, el riesgo de vida. Aunque los aviones incrementan las medidas de seguridad de vuelo los accidentes no son frecuentes pero tampoco imposibles.

El mercado de trabajo, como digo, es un mercado global pero los pilotos tienen un mercado nacional cautivo. Cuando existe una línea de bandera el mercado es doblemente cautivo porque se incluye nada más ni nada menos que la identidad nacional. Y si la línea de bandera es una empresa estatal, es un emprendimiento público donde el poder político está siempre en disputa.

Volvamos a los pilotos. Su remuneración es alta por las razones que señalé. Alrededor de los ocho mil dólares mensuales que pueden llegar con relativa facilidad dependiendo de antigüedad y tareas a los doce mil; equivalentes a salarios de gerentes de grandes empresas o CEO de medianas empresas y muy superiores alas remuneraciones de patrones de Pymes. Sus condiciones de trabajo son también excepcionales por razones de seguridad y por prestigio: horas de descanso, hoteles de primera calidad, servicios de transporte personalizados, trato deferente en migraciones y aduanas, poder completo dentro de la aeronave en vuelo (militarización de denominaciones y reglas) en fin son trabajadores asalariados con poco en común con lo que se conoció como obrero o empleado durante estos siglos pasados.

5. El carácter asalariado no es entonces condición suficiente para establecer una situación obrera. Ciertamente se trata de una aristocracia si se los considera obreros. Es una metáfora.

Los pilotos forman parte de una gigantesca mutación social latinoamericana, la conformación de sociedades urbanas de clases medias en expansión.

En la Argentina y Uruguay se nota menos que en Chile por ejemplo o Perú o Brasil porque en el sur del sur las clases medias son mas antiguas, pero también porque son unas clases medias cuyas aspiraciones se sitúan en el consumo (a diferencia de las antiguas que ahorraban) consumo material, consumo simbólico y consumo cultural que apuntan a un atributo constitutivo de las clases medias, la movilidad social ascendente.

Algo más. Como he señalado tiempo atrás la desaparición de la distancia entre clase media rural y urbana es además de una ruptura en el interior de la sociología es una ruptura ideológica que no por invisible es menos eficaz. Para comprender a los pilotos hay que recordar que todos los conflictos gremiales son siempre políticos y todos los conflictos políticos reúnen siempre intereses y pasiones como decía Albert Hirschman.

Y los intereses y pasiones de la clase media no por negados son menos decisivos.

(*) Profesor Emérito de la Universidad de Córdoba. Miembro del Consejo Asesor de Carta Política.

 

 

 

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