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El momento de América Latina

[ 0 ] 17 noviembre, 2011 |

Por Francisco Delich (*)

Treinta años atrás, Pokock publicó El momento de Maquiavelo que nos ayudó a muchos sociólogos a repensar nuestros conceptos. El momento de Maquiavelo era el momento del Estado (con mayúscula para diferenciarlo de situación), el momento de la institucionalidad, de la despersonalización, donde el príncipe encontraba límites a su propio poder, de sus propios gustos y veleidades.

Es relativamente sencillo (subrayo el relativamente) porque la sociología histórica no traza una línea recta ni suele elaborar axiomas para explicarla, ni siquiera para contarla. Pero podemos mirar con más claridad y menos pasiones aunque no necesariamente.

Para los contemporáneos es siempre más complejo y azaroso, porque no conocemos lo necesario y suficiente por nuestros prejuicios propios o de época, por los límites de nuestras propias disciplina cuando las practicamos.

¿Vivimos uno de esos momentos privilegiados, donde la historia parece indicarnos que otro momento está comenzando, otros actores están ingresando en su escenario, otras relaciones (oposiciones y alianzas) las guían, surgen estéticas y modos de cultura, que se desplazan con seguridad para reemplazar hábitos y gustos arraigados?

El momento al que me refiero puede durar décadas porque su trama semeja un juego donde sus reglas son móviles, como en algún momento sugirió Bateson para mostrar la aparente paradoja lógica de un juego que se define por reglas pero donde estas cambian cuando el objeto inmóvil del juego cobra vida, cuando el pato simbólico se convierte en un pato biológico.

Comencemos por indicadores no siempre consistentes entre sí pero casualmente consistentes en este momento. En los últimos treinta años los sistemas políticos democráticos han sido hegemónicos en toda la región; durante la última década el crecimiento económico permanente en el interior de sistemas políticos estables han permitido a los tres países más extensos incluirse como interlocutores de los países mas poderosos del planeta para discutir presentes y futuros. Brasil acaba de desplazar a Gran Bretaña en el ordenamiento de Productos Brutos Internos, México está entre los doce primeros y sigue Argentina, el más pequeño en población de los tres.

Hosbawm señalaba con razón años atrás en su Historia el siglo XX que había que contabilizar en su legado algunos grandes cambios sociales en todo el planeta: la urbanización acelerada, la educación primaria generalizada, la desaparición de los campesinos como fuerza histórica, el cambio de posición social de las mujeres.

En todos los países de la región (salvo Haití) es visible esta mutación social tanto como el fortalecimiento de estados y sociedades.

No estoy mencionando el arribo de Moisés a la tierra prometida. Como es sabido apenas si pudo vislumbrarla: no era el paraíso pero era bastante mejor que el desierto que venían de atravesar sin mencionar la dominación faraónica.

Estos países nuestros siguen siendo sociedades desiguales y democracias elementales: la educación esta siendo generalizada pero necesitamos más calidad y el medio ambiente sigue siendo depredado por multinacionales y poco estimado por los nacionales. Et ainsi de suite.

Pero estamos ingresando a un momento civilizatorio diferente, con diferentes actores –-como digo más arriba- y en circunstancias también diferentes al siglo pasado y más todavía a aquellas del siglo XIX.

Como recordé en mi Repensar América Latina (Gedisa, 2006) la gran pregunta es si seremos capaces de pensarnos nosotros mismos sin complejos, como años atrás intentaron el mexicano Guillermo Bonfil Batalla, el brasileño Darcy Ribeyro y el argentino Oscar Varsavski. Quiero decir pensar teóricamente.

Para pensar es necesario cambiar conceptualmente, convertir situaciones en casos y casos articulados en marcos analíticos.

¿Podemos? Como ha señalado recientemente Paul Krugman el desastre financiero actual en los países más poderosos tiene padres intelectuales en la academia. Otros desastres también tienen padres académicos y deberíamos detectarlos para pensar y repensar antes de derrapar como aquellos.

(*) Profesor Emérito de la Universidad de Córdoba. Miembro del Consejo Asesor de Carta Política.

 

 

 

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