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¿Una población originaria inglesa en las Islas Malvinas?

[ 0 ] 14 marzo, 2012 |

Por Aquiles V. González (*)

La cuestión de las Islas Malvinas ha estado presente en el escenario de las relaciones internacionales de la Argentina con mayor o menor intensidad desde su ocupación ilegal por el Reino Unido en 1833. Este año, se cumple el 30 Aniversario del desembarco en las Islas por fuerzas militares enviadas por la dictadura militar del entonces Presidente de facto Leopoldo F. Galtieri.

El jueves 23 de febrero pasado, un grupo de intelectuales, constitucionalistas y periodistas dieron a conocer un documento que sugiere la conveniencia de cambiar la orientación en el tratamiento de esta delicada cuestión. El siguiente es un análisis preliminar sobre ese documento.

Las Islas fueron ocupadas por la fuerza en 1833, expulsándose a la población argentina y privando a nuestro país, de manera ilegal, de una porción del territorio nacional sobre el cual la Argentina había ejercido soberanía plena sin haber sido nunca cuestionada, ni aún por el propio Reino Unido.

A partir de entonces las Islas fueron convertidas por el Reino Unido en una de sus colonias y su status jurídico actual, en esencia, continúa siendo el mismo.

Con relación a los habitantes de las Islas, algunos de ellos se establecieron junto con las tropas arribadas en 1833 y, es posible, que algunos de los descendientes, como insinúa el citado grupo de intelectuales y profesionales, continúen asentados en las Islas. En rigor de verdad, estos últimos deben ser muy escasos porque se trata de una población en su mayoría sin radicación permanente, cuyo número actual se aproxima a 2.500 ciudadanos británicos, cifra que ha sufrido escasos cambios en las últimas décadas.

Una breve referencia al derecho de autodeterminación no se puede dejar de hacer por su fundamental importancia en las relaciones internacionales. Es un derecho reconocido hoy universalmente, y que ya había sido incluido como un principio fundamental en la Carta de las Naciones Unidas en 1945.

No es extraño a nuestro país, porque los argentinos, como población originaria, lo ejercieron para lograr su Independencia en 1816. Este derecho le dio contenido también al deseo de libre determinación de los pueblos de Asia, África, América Latina y Europa que les ha permitido conformar la actual y única civilización universal de estados nacionales. Este derecho no es contradictorio con el derecho de los estados a preservar su integridad territorial. Al contrario, son complementarios e imprescindibles entre sí y no se puede ejercer el derecho de autodeterminación si ello implica desintegrar el territorio del pueblo que se independiza.

Los habitantes de las Islas Malvinas nunca ejercieron el derecho a la autodeterminación porque nunca existió ninguna otra población originaria en esos territorios que no fuera la integrada por los argentinos expulsados en 1833.

Además, no es imaginable ni concebible que ejerzan legítimamente ni que les interese ejercer el derecho a la autodeterminación a un grupo de ciudadanos británicos para independizarse de su propio país y por el que llegaron a las Islas en 1833 y por el cual desde entonces han estado protegidos.

En síntesis y como última reflexión sobre el mencionado documento publicado, desearía expresar mi coincidencia con esos intelectuales y profesionales en que la cuestión de las Islas Malvinas no sea, como en 1982, usada de manera fraudulenta y autoritaria por ningún Gobierno para sólo satisfacer sus propios fines.

La política del restablecimiento de la soberanía sobre el territorio de las Islas debe ser elaborada y aplicada con ética, seriedad y responsabilidad. Las negociaciones deberán ser realizadas con el Gobierno del Reino Unido que representa también a los habitantes de las Islas.

Nuestro país reconocerá sin duda a esos habitantes como sujetos de derecho. Así está establecido en la Constitución Nacional y así han procedido los gobiernos argentinos en toda su historia, como que junto con los Estados Unidos nuestro país recibió los mayores contingentes inmigratorios de toda América entre los siglos XIX y XX. La recepción y la convivencia con personas llegadas de todas las regiones del mundo forman parte de nuestra cultura y de nuestra esencia como Nación.

A la hora de la negociación para la recuperación de las Islas, la Argentina deberá garantizar a su población actual los mismos derechos que a todos los habitantes de la Nación. Sólo así se logrará pacíficamente y con justicia la integración territorial definitiva de la República.

(*) Analista de Política Internacional.

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