Subscribe via RSS Feed Encuentranos en Flickr

Ansiedad frente a la economía global

[ 0 ] 20 julio, 2016 |

por Felipe de la Balze (*)

De la Balze Steve DininnoHoy, ser pesimista es fácil, pero hay razones para estar ansioso, frente a la situación económica global. Pasaron siete años desde la gran crisis financiera del 2008 y las proyecciones de crecimiento de la economía mundial son anémicas y en la opinión de numerosos expertos (incluyendo el FMI), en proceso de desaceleración. Los precios del petróleo y de las materias primas se desplomaron y abundan los síntomas de fragilidad en las finanzas públicas y privadas.

Ninguno de los países más prósperos (el Grupo de los 7) está alcanzando tasas de crecimiento aceptables por sus propios gobiernos. El crecimiento de los Estados Unidos es bajo (2%) y los grandes países europeos y Japón sufren un cuasi estancamiento. Las políticas de bajas tasas de interés y “flexibilización cuantitativa”, instrumentadas por los bancos centrales en los países desarrollados, impidieron que la crisis del 2008 se transformara en depresión, pero fueron poco eficaces para estimular el consumo, la inversión y el crecimiento.

Los grandes emergentes (los Brics), que iluminaron el firmamento económico durante más de quince años, ahora están en crisis. Solo la India (gracias a políticas modernizantes del primer ministro Modi) emite algún suspiro de energía positiva. Rusia sufre las consecuencias de la feroz caída de los precios del petróleo y del gas (se derrumbaron 75% durante los últimos tres años) que son sus principales productos de exportación.

Rusia se sostuvo gracias a una enorme devaluación de su moneda, lo que le permitió reducir sus costos de producción petroleros. Además, supo morigerar el impacto fiscal y bancario de la crisis usando las reservas internacionales que acumuló durante la bonanza.

En Brasil, la fuerte caída de los precios de los commodities (en particular el mineral de hierro) generó una crisis económica con implicancias financieras y políticas preocupantes. La deuda brasilera perdió la calificación de “grado de inversión”, el desempleo subió al 10%, el déficit fiscal supera al 8% del PBI y la salida de capitales se aceleró durante los últimos tiempos. Se estima que la caída acumulada del PBI durante los años 2015 y 2016 alcanzará el 9%, una catástrofe sin precedentes en la historia del Brasil contemporáneo.

Otros países emergentes que dependen del precio de las materias primas, en particular el petróleo (Venezuela, Nigeria y numerosos países del Medio Oriente, África del Norte y Asia Central) y los minerales (como Bolivia, Chile, Perú, Sudáfrica y numerosos países africanos) devaluaron drásticamente sus monedas. A su vez, ya gastaron parte de las reservas externas acumuladas durante los tiempos de bonanza.

Por su enorme tamaño, lo que ocurre en China cuenta más que todo el resto. La información sobre China es poco confiable y no existe un consenso entre los observadores más avezados sobre el verdadero estado de situación de su economía.

En el mejor de los escenarios, la economía china se está desacelerando, aunque muchos observadores prevén una crisis más profunda.

Respecto al futuro de la economía global, las opiniones están divididas y las certezas son escasas. Quizás este sea un buen momento para recordar al lector que la economía no es una ciencia exacta como la física o la química. En mi opinión, la crisis actual es el resultado del entrelazamiento de dos procesos económicos de larga data. La economía mundial creció rápidamente durante los últimos veinticinco años pero dicho auge fue financiado con niveles excesivos de endeudamiento público y privado. Ahora estamos inmersos en un largo y doloroso proceso de reacomodamiento y saneamiento.

La crisis hipotecaria en los Estados Unidos (2008), la crisis europea (2010) y los problemas actuales en China y varios países emergentes son los datos relevantes del cuadro internacional.

La incorporación a la economía global de un país inmenso y muy poblado como China generó un súper ciclo de inversión en China (en el sector de las manufacturas) y en numerosos países proveedores de energía y materias primas. Se crearon capacidades productivas sobreabundantes que presionan los precios de numerosos bienes a la baja, reducen la rentabilidad empresarial, desincentivan la inversión y generan estancamiento.

El lento y doloroso proceso de ajuste en marcha está sentando inexorablemente las bases para un nuevo ciclo de expansión económica y prosperidad global, que será liderado principalmente por los países emergentes.

(*) El autor es Consultor Internacional y miembro asesor de Carta Política

(**) La pintura es de Steve Dininno

Categorias: Columnistas, Felipe de la Balze, Opinión, Sin categoría

Perfil de Felipe de la Balze: Ver Perfil.

Responder




IMPORTANTE: Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de las sanciones legales que correspondan. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algun comentario violatorio del reglamento sera eliminado e inhabilitado para volver a comentar.

Para dejar una imagen en el comentario, ir a Gravatar.