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Dos miradas a la historia argentina

[ 0 ] 17 noviembre, 2011 |

Por Felipe de la Balze (*)

Por primera vez, prácticamente en sesenta años, nuestros productos agroindustriales, potencialmente, vuelven a ser demandados por el mundo.

Vale la pena recordar un poco la historia económica argentina de los últimos ciento cincuenta años y preguntarnos algunas cosas. Lo que esta pasando ahora es muy similar a lo que pasó a mediados de siglo XIX. En 1845 los ingleses pasaron de Corn Laws (leyes proteccionistas que cobraban impuestos a la importación para apoyar precios domésticos) a leyes que abrieron el mercado agropecuario a la exportación de alimentos por países como los Estados Unidos o la Argentina. No es una casualidad que seis años después sucede Caseros, que poco tiempo después se dictara una Constitución y que durante setenta años transformamos a los mercados de Europa en los mercados de elección para nuestros productos que nos dieron un gran progreso y prosperidad.

En otras palabras, hubo un hecho fortuito exógeno. No fueron diplomáticos argentinos que se presentaron en Inglaterra para convencer a la Corte que tenían que abrir su mercado, ni hombres de negocios argentinos se instalaron en Londres a hacer lobby para que bajaran los aranceles. Sucedió un cambio endógeno en Europa que fue importar alimentos y este cambio nos abrió las puertas para un proyecto que tuvo mucho éxito, pero que no hubiera sucedido sin esta apertura de los mercados.

En otras palabras, la Constitución Argentina de 1853 fue muy exitosa, pero nunca hubiera podido ocurrir sin la apertura de los mercados europeos para la importación de nuestros productos. Tenemos que ser realistas: porque sucedió una cosa es que pudimos hacer la otra.

Ahora, una pregunta que debemos hacernos. ¿Por qué la Argentina tuvo éxito en ese periodo mientras otros países que estaban mucho más cerca de Liverpool o Rótterdam, como Ucrania, y podían exportar los mismos productos que exportábamos nosotros no lo hicieron? ¿Por qué la Argentina tuvo éxito, o Canadá o Australia lo tuvieron y no lo tuvieron otros países que podían exportar el mismo trigo, lino, centeno o lana y que estaban a mil kilómetros de distancia de los puertos, no a siete mil?

Develar esta cuestión es una de las claves para preguntarnos sí podemos tener éxito esta vez. ¿Vamos a ser la Argentina de 1850-1930 o vamos a ser Ucrania de 1850-1930?

Para ver y analizar lo que puede pasar no deberíamos estudiar libros de economía internacional sino, simplemente, mirar nuestra propia historia. Porque esta historia es la principal enseñanza de lo que debemos y de lo que no debemos hacer, si queremos aprovechar la oportunidad que tenemos hoy en día.

¿Qué debemos hacer?

Entre 1850 y 1930 la dirigencia argentina estaba muy dividida y enfrentada, pero en algunas cosas fundamentales estaba de acuerdo. Veamos algunos ejemplos.

Los objetivos que buscaban para integrarse al modelo de inserción internacional eran, principalmente, cuatro: crear una infraestructura, traer inmigrantes, educar a la gente y promocionar la inversión privada, para que fuera rentable y productiva. En estos cuatro temas todos los presidentes y todos los grupos políticos, desde diferentes ángulos, estuvieron de acuerdo. Hubo discusiones fabulosas, como por ejemplo entre los que querían educación cristiana o católica y los que querían educación laica. Pero en una cosa estaban de acuerdo, había que invertir en educación. Hubo discusiones gigantescas sobre qué ferrocarriles había que hacer, si tenían que ser hechos por el Estado o por la provincia, o si tenían que ser capitales ingleses o franceses; cada uno asociado a un diferente grupo de interés local. Pero en lo que estaban de acuerdo es que había que construir los ferrocarriles.

Lo que se llaman hoy Políticas de Estado, la Argentina las tuvo entre 1850 y 1930. En realidad Políticas de Estado son grandes consensos. Donde después la gente se pelea a muerte por la implementación de estos consensos, pero van todos por el mismo camino.

Este consenso existió, por ejemplo, en el tema de la inmigración. Hubo todo tipo de teorías, estaban los que decían “tenemos que traer sólo personal calificado, gente que tenga posición o capital”, y otros “que venga cualquiera, cualquier italiano que no tenga nada, que no sepa escribir, pero que venga a trabajar y abrir la pampa dispuesto a trabajar”. Estas fueron diferentes posiciones instrumentales. Sin embargo, entre un Urquiza, un Sarmiento, un Roca, un Juárez Celman, un Figueroa Alcorta, un Hipólito Yrigoyen, todos estuvieron a favor de la inmigración, cada uno desde su ángulo.

Todos estuvieron a favor de la inversión extranjera y de la iniciativa privada del sector privado en la economía nacional. Todos estuvieron de acuerdo que el país necesitaba infraestructura: rutas, caminos, edificios. La prueba de ello, es que muchos de los grandes edificios de Buenos Aires que vemos hoy en día fueron construidos en esa época. Nosotros somos herederos de ese patrimonio. Cuando miramos, por ejemplo al Teatro Colón y un grupo de edificios muy importantes, fueron construidas en esa época por gente que tenía puntos de vista diferentes. Pero compartían una comunidad de intereses con respecto a los fundamentos de un proyecto económico que podía ser exitoso.

Sin inmigrantes, sin educación, sin inversión extranjera, sin inversión privada del sector privado argentino y sin infraestructura, la Argentina hubiera sido Ucrania. No fue Ucrania porque tuvo estos cuatro acuerdos.

(*) Economista y Negociador Internacional. Miembro del Consejo Asesor de Carta Política.

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