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Un salto de productividad: condición necesaria para la sustentabilidad del programa económico

[ 0 ] 22 agosto, 2016 |

por Alfredo Gutiérrez Girault (*)

GIRAULT

Una de las tantas herencias que recibió Mauricio Macri en el plano económico fue un dólar atrasado en términos reales.  Pese a la corrección nominal inicial de 40%,  la mejora real a julio es de 12%  y el valor es similar al  del fin de la Convertibilidad. La percepción de un dólar barato está extendida en la sociedad: una señal clara es  que el turismo receptivo no repunta y que los viajes al exterior mantienen plena vigencia.

El rezago se explica por tres factores que reducen la demanda o aumentan la oferta de dólares: i) Las importaciones se mantienen bajas entre controles residuales y el efecto del  receso; ii) El BCRA no ha priorizado el aumento de las reservas; iii) Una combinación de política fiscal expansiva (el déficit del primer semestre anualizado fue de 6% del PIB) y  política monetaria contractiva (manifestada en el elevado rendimiento de las LEBAC).

Este cuadro de situación reduce la competitividad en los sectores que enfrentan la producción extranjera; por eso se escuchan voces reclamando protección. La respuesta de los funcionarios es que ese es el desafío de administrar una economía con “salarios altos en dólares” (en referencia a los salarios licuados con que iniciaron sus gobiernos Néstor Kirchner y Carlos Menem, por citar dos ejemplos).

Este dilema solo se concilia con un salto de la productividad.  El problema es el cómo, sobre todo porque se necesita que madure en el corto plazo, antes que el problema de baja rentabilidad en las empresas afectadas  por el rezago cambiario se transforme  en uno de insolvencia. Para ello seis ejes en el corto plazo y uno de largo:

  1. Eliminar las normas administrativas que limitan la productividad y/o elevan los costos de producción (incluso los que afectan la competencia).
  2. Poner el reordenamiento de la economía al servicio de la normalización de la producción: mejorar la previsibilidad (por ejemplo cortes de energía) y reducir los costos (combustibles).
  3. Focalizar la inversión pública en proyectos de maduración casi instantánea, que resuelvan cuellos de botella de logística o de transporte.
  4. Revisar la estructura tributaria, a nivel nacional y provincial, corrigiendo cualquier sesgo anti competencia.
  5. Revisar trabas burocráticas que limiten las importaciones de bienes de capital (cruciales para una mejora de productividad), tecnología e insumos críticos. Sin removerlas, no hay salto de productividad posible.
  6. Finalmente uno de los mayores desafíos para el salto de productividad radica en la normativa laboral. Flexibilización es una palabra políticamente incorrecta, pero la rigidez es letal.
  7. Con una visión de más largo plazo: mejor educación y mejoras de  las condiciones de empleabilidad con que llegan las personas al mercado de trabajo.

Salarios altos en dólares y rezago cambiario sin saltos de productividad  reducen el atractivo de invertir en el país. Sin inversión, se ingresará en un círculo vicioso de bajo crecimiento económico  que finalmente terminaría obligando a revisar aquella premisa de “salarios altos en dólares”, vía una corrección cambiaria. Por eso es imprescindible romper cuanto antes el corset que asfixia la productividad.

(*) El autor es Economista

(**) La pintura es de Silvia Arata

Categorias: Alfredo Gutiérrez Guirault, Columnistas, Opinión

Perfil de Alfredo Gutierrez Girault: Ver Perfil.

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