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Un mapa político

[ 1 ] 4 junio, 2014 |

Por Francisco Delich (*)

Las elecciones presidenciales de 2015 están en el horizonte de los partidos políticos, con más ansiedad que en la sociedad civil; en los líderes que comienzan a ocupar sus espacios, en los movimientos sociales y organizaciones gremiales corporativas, en los medios de comunicación apresurados para instalar agendas.

Es probable y deseable que la presidenta termine su mandato constitucional como antes su esposo y antes Carlos Menem. Habremos vivido cinco administraciones que cumplieron su mandato, dos mandatos truncos. Nos merecemos estabilidad y alternancia en la república democrática.

Las próximas elecciones no son previsibles como en los sistemas bi partidarios o multipartidarios. Los partidos están exhaustos, desgastados pero aún vivos. Sin embargo las elecciones venideras no enfrentarán partidos sino coaliciones de distinta naturaleza y composición. Pero también candidatos extra partidos

Las elecciones no preceden sino que proceden de la política. Y la política en estos diez años ha comprobado mutaciones sociales, económicas, culturales que alteran algunas hipótesis corrientes acerca de los comportamientos sociales. Muchos lo aceptan en privado y lo disimulan en público, con evidentes inconsistencias y no pocas confusiones.

Si el oficialismo – con cierta petulancia- instaló un discurso acerca de la construcción de un “modelo”, la oposición negó que existiese. En un amplio abanico de actitudes la oposición mostro dos estilos: una oposición visceral que hizo de los gobiernos K la quintaesencia del mal. Es una oposición a la que no le interesa el futuro sino su exclusión y estigmatización para siempre. Esta oposición visceral tiene distintas fuentes ideológicas, morales o históricas pero una única actitud.

También en curso una oposición política racional y ligada a intereses, cuyo objetivo es el acceso al poder. El primero en tomar distancia de la oposición visceral ha sido Sergio Massa. Acaba de señalar que la asignación universal por hijo se mantendrá- se dictará una ley- y también el futbol para todos con otro financiamiento. Recibiendo a los dirigentes del MID de Arturo Frondizzi seguramente recordó que este fue presidente gracias a los votos peronistas tras la división de la UCR. Otros lo harán más pronto que tarde.

La competencia electoral es la hora de la verdad y prepararse para ese momento dramático- la hora del poder- implica auténticas contorsiones y conversiones verbales y gestuales. Durante los últimos años la oposición fue intimada desde los medios a unirse sin mirar al costado. Ahora debe no solamente mirar sino competir. Nadie debe sonreír: c´est la politique Monsieur.

El primer paso es la preparación de las elecciones primarias, una innovación del gobierno K que deberíamos celebrar todos por dos razones: terminar con la reaccionaria ley de lemas que impulsó el peronismo durante años y abrir el camino al fortalecimiento de los partidos.

En el camino tendremos a la vista las disputas ideológicas, de personalidades, de organizaciones partidarias en un espacio donde el poder mediático y económico, las orientaciones y humores sociales condicionarán- como en todas partes- la acción política.

En la década de los noventa se sostuvo desde el poder el fin de las ideologías y de la política. En la primera década del siglo XXI se sostuvo lo contrario: vigencia de las ideologías y regreso de la política. Un gobierno peronista neo conservador en el primer caso y un gobierno peronista nacional y popular (populista?) en el segundo.

Estas caracterizaciones ayudan poco, porque como es sabido este es un país que tiene izquierdas visibles y derechas invisibles. El partido Comunista Argentino –apoya y participa del actual gobierno con cuadros e ideas; el partido Obrero (ahora parlamentario) se opone. El antiguo partido socialista argentino es –por origen marxista-un partido de izquierda. Pero además existe una corriente de izquierda intelectual democrática que no necesariamente adhiere a estos partidos pero atiende los discursos y actitudes de los candidatos y genera climas de empatía o antipatía.

No aparece en el horizonte un partido que explícitamente se instale en la derecha, ni siquiera un partido conservador como el viejo autonomismo o los partidos demócratas a la mendocina o a la cordobesa con alas liberales y conservadoras. Sobreviven expresiones locales en algunas provincias y ciudades. El conservadorismo popular que alentó hasta su muerte Solano Lima se desvaneció con ella y la derecha liberal de Alvaro Alsogaray feneció tras su alianza con Carlos Menem.

Las tendencias conservadoras -sin embargo- constituyen una tendencia sólida en la sociedad argentina desde el fondo de su historia(probablemente mayoritaria en estos meses tras la experiencia K) Es razonable admitir que las medidas fuertes del kirchnerismo de carácter moral (el matrimonio igualitario, la autorización de la ligadura de trompas en las mujeres, las medidas pro abortivas( aún limitadas) su controversia con la iglesia católica, la defensa de la legalidad “garantista, la propuesta de reforma de los códigos civil y penal) o económicas o políticas generan una reacción conservadora en todas las clases sociales aunque por distintas razones.

En estas condiciones una agenda conservadora se consolida reactivamente, agravado por el miedo: la inseguridad y narcotráfico están en la agenda mediática cotidiana. Estos han sido años de transgresiones: muchos reclaman un gobierno políticamente correcto. Pero derecha y conservadores no son la misma cosa: se superponen y se diferencian.

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Comentarios (1)

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  1. Guillermo dice:

    Creo que el relativismo moral postulado por los progresistas de todo cuño, anarquiza los valores y desintegra moralmente a la sociedad. Esto lleva al aumento de la pobreza y el delito, que es lo que vivimos hoy, despues del triunfo cultural de estas ideas.

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