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Tipos de cambio múltiples: por qué si, por qué no

[ 1 ] 28 mayo, 2012 |

Por Juan Carlos de Pablo (*)

A mediados de mayo pasado en Argentina existían el tipo de cambio oficial (ese al que no se consiguen dólares para atesorar, pero al cual los exportadores están obligados a vender), el tipo de cambio “azul” (antes denominado negro, o paralelo) y el denominado “contado con liqui”, que surge de calcular lo que sale comprar en pesos, en la bolsa local, títulos o acciones que también cotizan en la bolsa de Nueva York, para venderlos allí, cobrando en dólares.

De manera que ya teníamos tipos de cambio múltiples.

Sin embargo, de la usina de ideas que alimenta a Axel Kicillof surgió la idea de introducir tipos de cambio múltiples, iniciativa que fue desmentida por la propia presidenta de la Nación, que como se explica en otra porción de esta entrega de Contexto, ante la ausencia de alterativas decidió asumir personalmente la función de ministro de economía.

¿A qué se llama tipos de cambio múltiples, en un país donde ya existen 3? A la posibilidad de que el número de pesos que recibe un exportador por cada dólar que obtuvo vendiendo productos en el exterior, como el número de pesos que entrega un importador por cada dólar que necesita para comprar bienes en el exterior, dependa del producto.

Ejemplo: Juan y Pedro llegan a la ventanilla de liquidación de divisas. Cada uno porta u$s 1. Pero el primero recibe, digamos, $ 4 porque le vendió soja a los chinos, y el segundo $ 7 porque le vendió arandelas a los mexicanos. Del lado de la importación igual: a Gabriela le bastan $ 4 para conseguir un dólar, porque importa penicilina, mientras que Cecilia tiene que ponerse con $ 7 para conseguirlo, porque importa alfombras persas.

Otra versión, ensayada al final de la presidencia de Raúl Alfonsín, cuando el Congreso Nacional no le hubiera aprobado la creación de retenciones a la exportación: un tipo de cambio para todos los productos exportados y otro (mayor) para todos los productos importados.

Quien me diga que los tipos de cambio múltiples ya existen, por cuanto algunos productos pagan derechos de exportación, otros no y algunas ventas al exterior están incentivadas, y que los derechos de importación no son uniformes, está en lo correcto. En todo caso la iniciativa busca exacerbar estas diferencias impositivas, con diferenciales puramente cambiarias.

¿Cuál es la idea? Varias. Algunos economistas –integrantes y no integrantes del equipo económico- no sólo pretenden saber cuánto es lo que “debe” ganar cada uno, sino que además intentan que eso ocurra manipulando los tipos de cambio. ¿Por qué el productor de soja tiene que recibir el mismo tipo de cambio que el que recibe el productor de rabanitos, dado que el precio internacional de la soja subió mucho y el de los rabanitos no?

En la década de 1970 Marcelo Diamand planteó la cuestión de los tipos de cambio múltiples por razones de distribución del ingreso. Pero en un contexto donde los productos agrícolas de exportación eran también consumidos localmente, como el caso de la carne vacuna. No es el caso de la soja, cuyo consumo local es prácticamente nulo.

En el plano de los intereses la idea de los tipos de cambio múltiples divide las aguas. Es criticada por quienes reciben menos pesos por la exportación, o tienen que pagar más por la importación; es aplaudida por quienes están en la posición contraria. Hablando en términos generales, productores agropecuarios e industriales, respectivamente.

¿Cuál es el problema? Desde el punto de vista conceptual, que la señal que se le envía a los productores impide aprovechar plenamente las oportunidades. Si –como planteaba la alternativa a la resolución 125, de 2008, peor todavía que la que se pretendió aprobar- el precio interno de los productos exportables se independiza por completo del precio internacional, entonces los productores agropecuarios seguirán fabricando otros productos, en vez de soja.

Desde el punto de vista práctico, porque la existencia de tipos de cambio múltiples incentiva las “picardías”. El día que en el segmento oficial del mercado de cambios les vendan dólares a los pedicuros y no a los economistas, haré un curso rápido por correspondencia y ejerceré como podólogo. Nada de esto surge de la noche a la mañana, pero si la medida se mantiene, con el correr del tiempo las alternativas aparecen, aumentando los costos y distrayendo las energías.

Como dije, Cristina Fernández de Kirchner dijo que “no iba a aparecer nada raro”. Los ingleses, pragmáticos, cada vez que afirman algo agregan “for the moment” (por el momento).

(*) Director de Contexto (juancarlosdepablo.com.ar) y miembro del Consejo Asesor de Carta Política.

Categorias: Columnistas, Juan Carlos de Pablo, Opinión

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