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Tiempo de balances

[ 0 ] 22 diciembre, 2016 |

por Alfredo Gutiérrez Girault (*)

ALFREDOCulminando el año y es tiempo de balances y construcción de escenarios para el futuro. A riesgo de no ser original, estas líneas se dedican al balance del primer año de la gestión de Mauricio Macri.

Empiezo por una síntesis: se encuadra dentro de lo esperable para el primer año de un cambio de paradigma, que de eso se trató lo ocurrido. Cuando ello ocurre hay una expectativa de ruptura con el pasado en materia de valores, estrategias, objetivos, instrumentos utilizados. Ese cambio de paradigma fue lo que votó la sociedad y el mandato que recibió Cambiemos.

Es difícil estimar cual hubiera sido el escenario de Argentina hoy si no se hubiera producido ese cambio de paradigma, aunque muchos sugieren mirar el espejo de Venezuela. Sería un ejercicio académico atractivo tratar de dar respuesta a ese interrogante. Porque en la brecha entre lo que pudo haber sido y lo que es, probablemente esté uno de los principales éxitos de esta gestión. El cambio de rumbo evitó la colisión. Pero esto no es difícil de mensurar y más difícil todavía de explicar a vastos sectores de la población.

Hay otros dos puntos altos del gobierno en su primer año de gestión. El primero es el esfuerzo por volver a la normalidad y a la previsibilidad: realineamiento internacional con sus aliados y socios comerciales históricos y naturales, liberalización de mercados (comenzando por la eliminación del cepo cambiario), recuperación del acceso al financiamiento internacional vía acuerdo con hold outs, etc. El segundo es la reducción el clima de conflictividad política y social sustituyendo la figura del enemigo mortal por la del adversario circunstancial.

Un cambio de paradigma es siempre difícil de gestionar. Algunas de las instituciones preexistentes no sirven y deben ser modificadas (el cepo es un ejemplo), lo que puede requerir leyes y esto a su vez obliga a consensuar y construir mayorías parlamentarias. La información disponible (y no solo por el caso INDEC) no tenía la confiabilidad necesaria. Y en las distintas áreas fue difícil armar un cuadro de situación y nadie sabía dónde estaba parado. En el lado positivo del balance del 2016 hay que computar pues la reconstrucción del punto de partida.

Hubo costos por errores autoinflingidos. Tres ejemplos: i) no explicitar la situación inicial; ii) el tratamiento de la corrección tarifaria que tardíamente llegó a lo que  se sabía desde un primer momento, era el sendero más razonable; iii) un excesivo voluntarismo tanto en la velocidad de la caída de la inflación cuanto en la recuperación de la actividad económica y en ambos casos se pagaron costos innecesarios en términos de reputación al prometer plazos más cortos que los que objetivamente eran necesarios. Los errores de timming y de secuencia en economía se pagan en ese campo, pero también en el de la política.

Existió una estrategia de armado de equipos que dificultó la coordinación en momentos álgidos. Y un estilo de  gestión en el cual se privilegiaron las hormonas sobre las canas: una mayor dosis de experiencia en los mandos medios hubiera evitado incurrir en errores y aprovechar mejor las oportunidades, mejorando la eficiencia en la toma de decisiones. Es cierto que existe aprendizaje, pero el crédito de la sociedad tiene límites.

Por último: ¿cuál es el desafío del 2017 desde el plano de la economía? Sin duda dos: i) Lograr una coherencia entre las políticas fiscal, monetaria y de ingresos (salarial); y ii) obtener el financiamiento necesario para un déficit fiscal que debe ir bajando gradualmente Allí se juega la suerte del programa económico. Y esa coherencia será puesta a prueba más temprano que tarde. Si bien una solución feliz no habrá shock de inversiones ni se construirán las bases para el crecimiento sostenido. Pero estos son temas para otras columnas ya en el 2017.

Y cuando, estimado lector suenen las 12 campanadas y estallen las bengalas, piense en lo pudo haber sido y no fue, gracias al cambio de paradigma.. Y piense también que estamos frente a una pequeña planta, un brote verde en términos periodísticos, que requiere  cuidado de todos, incluyendo el suyo.

(*) El autor es Economista

(**) La pintura es de Noemí Penela García

Categorias: Alfredo Gutiérrez Guirault, Columnistas, Opinión

Perfil de Alfredo Gutierrez Girault: Ver Perfil.

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