Subscribe via RSS Feed Encuentranos en Flickr

Think tanks: entre la ONG y el comité

[ 0 ] 13 marzo, 2008 |

Por Roberto Starke

El público que conoce la tarea o el rol de los think tanks es muy escaso, y los receptores que se ven influenciados en el debate público por los productos de estos laboratorios conforman una suerte de elite limitada y circunscripta.

Los think tanks no son políticamente correctos. No dicen lo que la gente quiere escuchar sino lo que los estudiosos le hacen llegar a los políticos y decisores en términos de interpretación de un problema y sus potenciales respuestas. El político, hombre de acción más que erudito, suele ser acosado por las circunstancias, lo cuál necesariamente lo lleva a adoptar respuestas rápidas y efectivas.

En contraste con los partisanos de la política y los ideólogos (ambos perfiles hoy despreciados pero a mi modo de ver muy necesarios y estimulantes en el mundo de la política) los think tanks en general alientan la competencia de otras escuelas y organizaciones de pensamiento, porque de esa manera estimulan la discusión y permiten poner en el tapete los temas que preocupan a la opinión pública. Resulta perentorio, entonces, trabajar en cuestiones duras y cultivar la fertilidad de los desacuerdos en temas que van desde la bioética hasta la seguridad ciudadana. Sin excepción.

Lo abstracto y lo pragmático

Está claro que los think tanks se diferencian del trabajo universitario y académico. Las tareas que realizan, sus contenidos y productos nunca intentan disfrazar sus afinidades políticas. Lo contrario suele suceder en el ambiente universitario, donde los profesores transmitimos nuestros contenidos ideológicos, aunque en muchas oportunidades los hacemos pasar por sesudas conclusiones académicas.

El rol de los think tanks se ha vuelto muy productivo. Sus aportes son de una enorme ventaja cuando trabajan en problemas prácticos y no se atascan en principios ideológicos. Trabajar en comunidades abiertas alienta la consulta, cierto descaro en la presentación de las ideas y sobre todo claridad en los papeles que se escriben y difunden. Esto representa un saludable mensaje al academicismo que suele impregnar a muchos de nuestros intelectuales, quienes creen que, escribiendo difícil, logran llegar a tocar con sus manos los límites del Olimpo.

Hoy en día el intelectual solitario y genio loco que sobrevive en su biblioteca es una figura romántica, casi una rareza. El progreso intelectual  y el continuo avance de las artes y las ciencias requieren la concentración de ideas en lugares y en el tiempo. De ahí la importancia de las universidades y, a otro nivel, de los think tanks.

En general, los profesionales que participan en las usinas de ideas, son analistas y observadores que les gusta e interesa  la política pero temen practicarla en forma abierta. ¿Señal de cobardía, prudencia o sabiduría? ¿Una mezcla de todas ellas? Creo que estos interrogantes son en sí material para otro paper. Al margen de las preguntas, esta condición es la que les permite a los miembros de las usinas de ideas constituirse en elementos funcionales a los políticos que se nutren de estas organizaciones y, de paso, tranquilizan sus conciencias.

Otra de las diferencias que salen a la luz entre la actividad de los think tanks y la dinámica propia de los claustros de enseñanza reside en el campo de lo operativo. Los think tanks promueven productos con una ansiedad que pondría nervioso a más de un académico universitario. Escriben para todos, no para una minoría, y esta combinación de velocidad en el producto y facilidad en su lectura hace que los resultados sean observados con desconfianza por los académicos. Es natural, dado que no guardan la rigurosidad de lo científico.

Sin embargo, se acercan bastante y resultan efectivos para lo que fueron creados: lograr resultados en lo comunicacional (fijar agenda), constituirse en una herramienta de trabajo coyuntural, y contar con material para un discurso estructurado. Pedir más sería inapropiado y poco útil.

El perfil político de los think tanks genera controversia, especialmente en aquellos que no les gusta embanderarse. Pues bien: en la vida la opción y la elección son  fundamentales. Podemos dudar un tiempo, pero no todo el tiempo sobre todo. Los think tanks están para dudar sobre ciertas cuestiones, pero alternativamente deben dar respuestas o por lo menos indicar un camino.

He aquí la diferencia con las Organizaciones No Gubernamentales, estructuras que en los últimos años han enriquecido la sociedad civil y que sirven para abordar la realidad desde lo técnico tratando de no alinearse políticamente. ¿Acaso lo consiguen? Sólo en algunos casos, ya que el abordar la realidad y hacerlo desde determinado punto de vista suele sesgar cualquier análisis. Sin embargo, son organizaciones que incorporan matices a la discusión pública.

Los think tanks son estructuras que tiene un alineamiento ideológico y político. La sola idea de traducir el concepto think tank, nos habla de algo agresivo, que en lugar de vomitar metralla, dispara ideas. Es un avance y es también una definición: no se trata de solo participar en la discusión pública, se trata de hacerlo desde las ideas con el fin de influenciar y golpear en la agenda pública.

En síntesis: no se trata de ONGs interesadas en el bien común, o en participar de la discusión de políticas públicas, sino de organizaciones vinculadas al poder ya sea oficial u opositor que tiene el propósito de competir e imponer una forma de observar la realidad. Aunque el nivel de compromiso político sea mayor en algunas organizaciones que en otras, lo inevitable es que todas, absolutamente todas, -aun aquellas que proclaman su apartidismo y neutralidad político- ideológica- hacen política. Su sola existencia, razón de ser y publicidad de tareas no es, de ningún modo, inocente.

Conclusión

Las ideas aquí presentadas sirven para discutir el rol de estas organizaciones y plantear un desafío: su sola existencia habla a los gritos de la vigencia y fuerza de la acción política. Habla también del alineamiento con algunos valores y el disenso con otros. Habla de la carencia de ideas de muchos protagonistas de la política, pero también del rigor al que están sometidos, por la velocidad de los acontecimientos y los retos a los que están sometidos en este mundo hiperinformado donde su capacidad de reacción  y respuesta es cada vez más limitada.

El propósito de estas líneas no es desplazar a las ONGs ni invalidar su tarea. Estas últimas tiene nada más y nada menos que el rol de revitalizar la sociedad civil y darle canales de participación  a mucha gente que hoy quiere ver sus iniciativas reflejadas en el escenario de lo concreto.

Sólo busca subrayar que los think tanks son en esencia político e ideológicos: conservadores, socialistas, progresistas o liberales; un poco más a la derecha o un poco más a la izquierda; defensores, en fin, de proyectos políticos con nombres y apellidos.

Nacidos como proveedores de información y contenido, los think tanks ya son protagonistas activos en la construcción de una agenda política, abasteciendo de “juicios”  a viejas y nuevas estructuras partidarias. Desestimar esta realidad significa ignorar un escenario que, aunque todavía no posea un desarrollo significativo en países como la Argentina, se postula para ser la realidad de la arena política en las próximas décadas.

  • El autor es Director de Medios de Comunicación de Carta Política y miembro del Directorio de la Fundación Pensar.

Etiquetas:

Categorias: Opinión, Roberto Starke

Perfil de Roberto Starke: Ver Perfil.

Responder




IMPORTANTE: Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de las sanciones legales que correspondan. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algun comentario violatorio del reglamento sera eliminado e inhabilitado para volver a comentar.

Para dejar una imagen en el comentario, ir a Gravatar.