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Reacciones

[ 0 ] 1 noviembre, 2011 |

Por Francisco Delich (*)

Cuando Mauricio Macri ganó ampliamente las elecciones que lo consagraron jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires un músico local conocido como Fito Páez declaró que le daban asco quienes lo habían votado; eran sus vecinos burgueses de Recoleta cuyos hijos pagan la entrada de sus recitales y los proletarios de Villa Lugano que no pueden pagar esa entrada o tal vez prefieren –como yo- los cuartetos cordobeses. Por encima de la lucha de clases todos eran igualmente asquerosos y habían cometido el delito terrible de votar a quien no debían, según Páez.

Antes de conocer el resultado electoral oficial la abogada Elisa Carrió, candidata a Presidente por la Coalición Cívica -que según se conoció después había obtenido menos del 2% de los votos- declaró que en ese mismo momento iniciaba la resistencia y lucharía contra el régimen (sic), y responsabilizaba al 53% de votantes de la Presidente por lo que pudiese ocurrir. Los argentinos se habían equivocado una vez mas y probablemente lo pagarían (pagaríamos) muy caro todos.

Son anécdotas. Los festivales contarán con el aplauso de quienes sienten la música de Páez como propia y los argentinos olvidaran pronto estas reacciones de Carrió, tal vez la olviden a ella misma –sería un pena- cansados de tanta profecía fallida. En cualquier caso, todos agradeceremos que no haya llamado a la resistencia armada ni al golpe de estado para derrocar al régimen.

No dramaticemos. Estas elecciones fueron apenas un eslabón en una cadena de opciones electorales que dan vida a nuestra democracia felizmente aceptada por la mayoría que se compara exitosamente con cualquier dictadura pero no puede aún compararse con ella misma. Una democracia que se construye cada día, que reclama más participación y más calidad para que sus promesas se cumplan.

No voté por Cristina Fernández y por eso me permito felicitarla por un triunfo electoral inobjetable, una aprobación de su gestión y augurarle un buen desempeño porque será igualmente positivo para el país.

Cuando comience su segundo y último mandato como prescribe esta Constitución Nacional que ella misma votó en 1994, comenzará también la discusión sobre sus políticas para este segundo mandato.

Será entonces el momento de construir una oposición de verdad, capaz de pensar una agenda que no sea repetición grotesca de lo que se conoció estos años. Ni pura reacción a la agenda del gobierno, ni expresión de apetitos corporativos, ni retórica de filisteos irredentos.

La democracia es cada vez más compleja como la propia sociedad. Las grandes ciudades pertenecen a la oposición; Capital Federal, Córdoba, Rosario, Santa Fe, Mendoza. No es una incongruencia, este proceso lleva unos diez años y prosigue.

Existe volatilidad en amplias regiones del país. La gente corta boleta, vota a Macri y a Fernández de Kirchner, por ejemplo. No está loca, no es frívola: vota líderes de partidos, espacios, o coaliciones distintas para responsabilidades distintas. Son ciudadanos que comprenden y aprenden.

Algo más. El año 2009 no fue una excepción: triunfó de Narváez en Buenos Aires porque las elecciones legislativas son siempre favorables a la dispersión y como se acaba de ver no anticipan el resultado de posiciones ejecutivas. Acaso descubramos que los hallazgos de la ciencia política también son útiles aquí, que podemos comparar y compartir experiencias políticas de aquí y allá. Y cambiar el tono y los parámetros de la discusión.

(*) Profesor Emérito y ex Rector de la Universidad Nacional de Córdoba y ex Rector de la Universidad Nacional de Buenos Aires. Miembro del Consejo Asesor de Carta Política.

 

 

 

Categorias: Columnistas, Francisco Delich, Opinión

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