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PASO y la política económica

[ 0 ] 25 agosto, 2017 |

por Juan Carlos de Pablo (*)

DEPABLOCada edición de un diario literalmente comienza de cero, por lo cual tanto los periodistas como los colaboradores que los escriben, pueden desarrollar cada día planteos muy diferentes de los que sostuvieron en la víspera. Porque aparecieron nuevos hechos, o porque les conviene cambiar de opinión, si el viento cambió de dirección.

Esto hace que muchos periodistas y colaboradores escriban como si todo el mundo pudiera modificar su operatoria con la misma facilidad y rapidez. Olvidando que la realidad no son sus escritos, sino aquello a lo que se refieren sus escritos; y que la facilidad con la cual se puede modificar un escrito, de un día para el otro, no necesariamente tiene que ver con la facilidad con la cual un asalariado, una familia, una empresa o un estudio profesional, puede modificar la forma en que trabaja, los clientes que atiende, etc.

Lo mismo ocurre en el caso de la política económica. Las reflexiones que siguen vienen a cuento de algunas cosas que se escribieron, a partir de la noche del 13 de agosto pasado, cuando se conocieron los resultados preliminares de las PASO, sintetizados en la anterior entrega de Contexto.

Específicamente, que el Poder Ejecutivo debería aprovechar el impulso que surgió de las urnas, para acelerar la reforma impositiva, laboral, etc.; imitando la forma en la cual consiguió separar de su cargo al camarista Eduardo Freiler, cuestión que se analiza por separado en esta entrega de la newsletter.

Todos esos escritos reflejan más la referida facilidad con la cual se cambia el tenor y el contenido de lo que se escribe y se habla en los medios de comunicación, que la naturaleza del problema que se tiene entre manos.

En materia de política económica el desafío que tiene el país, no solamente el presidente Mauricio Macri o el conjunto del sistema político, en parte tiene que ver con la sustancia y en parte con la forma.

Sustancia. El lector de Contexto es consciente de la importancia que le asigno a los conocimientos específicos, porque me la paso insistiendo. Bien se ha dicho que es una pena que los que tienen la solución de todos los problemas corten cabellos y manejen taxis. Algo exagerado, pero no mucho; porque no hay mucha diferencia entre lo que se escucha en las peluquerías y en los coches de alquiler, y en algunos reportajes radiales o debates televisivos.

La grandilocuencia y la audacia sirven para impactar, pero no para entender y por consiguiente menos para corregir. Cuando alguien dice que Argentina necesita una “reforma impositiva integral”, o “una reforma laboral integral”, lo más probable es que no tenga la menor idea de lo que está diciendo, en el plano práctico, sino que está reflejando un importante problema que está enfrentando, o repitiendo algo que suena bien.

Cada vez que aparece esta cuestión cito el caso de los Pactos de la Moncloa. Donde Adolfo Suárez tuvo gran mérito, por juntar a todo el espectro político español que entonces tenía representación parlamentaria, desde Manuel Fraga Iribarne hasta Santiago Carrillo; pero para firmar documentos preparados por un conjunto de economistas, liderados por Enrique Fuentes Quintana, funcionarios públicos que habían ingresado al Estado durante la presidencia de Francisco Franco.

Aquí se necesita el concurso técnico, cuestión que en el plano puramente económico vengo planteando, dentro de mi profesión, en todos los ámbitos que puedo. Los economistas, como los abogados, etc., tenemos que preparar proyectos de leyes, basados en conocimientos específicos, tendientes a solucionar problemas concretos.

Forma. Nadie es el “zar” de la economía, aunque la importancia que los diferentes funcionarios que se ocupan de las políticas públicas que tienen que ver con la economía, no fue igual a lo largo del tiempo. La importancia fue mayor cuando, al comienzo de sus gestiones, la economía estaba en crisis.

La política económica siempre se plantea en un contexto político, de manera que lo que el equipo económico cree que hay que hacer, tiene que “vendérselo” primero a su presidente, luego a la coalición de gobierno, luego al resto del cuerpo político (porque buena parte de las reformas implican la aprobación de leyes), luego a la administración, a la justicia, etc.

Cuando insisto en la importancia de hacer las cosas bien desde el punto de vista técnico, no estoy ignorando los desafíos políticos que tiene que enfrentar cada iniciativa. Estoy diciendo que sería una pena que la porción política de quien ejerce la máxima responsabilidad ejecutiva, tuviera que esforzarse en aprobar una reforma técnicamente mal diseñada o difícilmente implementable.

Pero no nos pasemos del otro lado, pretendiendo que el resto del cuerpo político, los periodistas, etc., se deslumbren tanto por las bondades técnicas de la reforma, que no sólo no la ataquen sino que la defiendan.

Un solo ejemplo de lo que puede venir: la negociación entre Nación, provincias y municipalidades, en materia fiscal. La semana pasada, con gran esfuerzo, se acordó que el gasto público provincial no aumente en términos reales, que el empleo público no aumente más que la población, y que no suban las alícuotas impositivas. A la luz del actual panorama fiscal todo esto luce muy tibio, pero seguramente que costó muchísimo lograrlo.

Timing. Una de Per O. Grullo, pero muy importante. Seguimos en tiempos electorales, por lo menos hasta el 22 de octubre próximo. Digo por lo menos, porque no me extrañaría que en la noche de dicho día algunos comenzarán la campaña electoral de 2019.

Esto implica que, hasta esa fecha, en política económica no cabe esperar “nada”… a menos que ocurra un cataclismo. Salvo la continuación, con entusiasmo, de los gastos en obras públicas, créditos para consumo, etc.

¿Y después? Veremos. No me refiero a los resultados electorales, que parecen cantados. ¿O alguien piensa que el futuro económico de Argentina dependerá de si Gladys González o Jorge Taiana, ingresarán al Senado de la Nación a partir del 10 de diciembre de 2017?

Digo veremos por lo siguiente.

La economía argentina tiene problemas fiscales evidentes, que aumentan el endeudamiento público, con un Estado nacional prometiendo pagar 8% anual de interés en dólares. Salvo los lectores muy jóvenes, el resto sabe que esta película ya la vimos varias veces y nunca terminó bien.

Por lo cual el país, no solamente el gobierno presidido por Mauricio Macri, enfrenta las siguientes alternativas: 1) pone sobre la mesa la cuestión fiscal, y corrige el gasto público –reduciendo los subsidios, terminando con las jodas, etc.-, para no seguir endeudándose como lo está haciendo; o 2) sigue como está hasta que se produzca una nueva crisis de deuda, bajo este gobierno o bajo el próximo.

Algo parecido se puede plantear en otras áreas de la política económica.

Todo esto, hoy, es una cuestión abierta, y recién se va a dilucidar a partir del 22 de octubre.

¡Animo!

(*) Director de Contexto (juancarlosdepablo.com.ar) y miembro del Consejo Asesor de Carta Política.

(**) La pintura es de Elena Kaludova

Categorias: Columnistas, Juan Carlos de Pablo, Opinión

Perfil de Juan Carlos de Pablo: Ver Perfil.

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