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Los dilemas del tipo de cambio: entre la sustentabilidad económica y la sustentabilidad social

[ 0 ] 28 abril, 2017 |

por Alfredo Gutiérrez Girault (*)

AGG Elaine DurasLa relación peso dólar, el tipo de cambio nominal bilateral, está en el eje de una controversia. Comparado con el nivel previo a la liberación del cepo, el peso se devaluó 56,7%; en el mismo lapso los precios subieron 51,3% si se promedia el 55,6% del IPC CABA y  el 46,9% del IPC San Luis, como representante de la inflación en el interior (la diferencia es el impacto del ajuste tarifario en el área metropolitana). En otros términos el tipo de cambio peso- dólar se encuentra “sólo” 3,5% depreciado en términos reales frente a la herencia. Y el valor actual de dicha relación en términos reales es similar a la de diciembre de 2001.

Por lo tanto, se justifica la percepción de que existe un rezago del tipo de cambio, que está difundida en la sociedad en general y en los agentes económicos en particular. A los datos duros mencionados en el párrafo precedente se agregan las percepciones colectivas (los tours de compras a Chile), de fuerte impacto mediático y en la opinión pública.

La oferta de dólares es abundante por varias razones: la transformación de dólares en pesos de las colocaciones del Estado Nacional y de las provincias, el pago de la multa del sinceramiento, el atractivo de la tasa de interés que ofrecen las LEBAC (que el BCRA utiliza como instrumento de esterilización de la expansión monetaria de origen fiscal y terminan atrayendo dólares “financieros” que se transforman en pesos para aprovechar el diferencial de rendimientos) y, por último la cosecha gruesa. Inversamente, la demanda de dólares comerciales está retenida. Estos factores, cuya característica común es que son transitorios, se conjugan en esta extraña sensación de un dólar “barato”.

Pero no es gratis. Los sectores productores de bienes sujetos a competencia externa enfrentan dificultades, más allá de que la apreciación reciente de otras monedas (en particular el real) mitigue el perjuicio. Y una moneda apreciada por causas transitorias es un poderoso disuasivo para la inversión no financiera.

El gobierno ataca el problema con la promesa de un plan de 8 pilares para aumentar la competitividad. Pero las acciones que integran este programa requieren instrumentos (normas, leyes) que a su vez exigen consensos parlamentarios y políticos no siempre fáciles de alcanzar. No es la primera vez que un gobierno se comprometió a mitigar el rezago cambiario por esa vía y al final del día, todo quedó en intentos frustrados o de vida efímera.

El tipo de cambio se encuentra, por lo tanto, apreciado respecto de lo que sería su “nivel de equilibrio” en términos económicos. Pero ¿qué pasa con respecto del nivel de equilibrio de la sustentabilidad social?

Un peso más depreciado implica un salario medido en dólares más bajo. Pero además, una corrección del tipo de cambio nominal que lo acercara a un nivel más cercano al de equilibrio económico provocaría una disminución del salario real, cuando la suba del dólar se transfiera a los precios, sobre todos de los alimentos. Por eso, desde la perspectiva del  gobierno, pondría en riesgo la sustentabilidad social.

Ese es el dilema que enfrentan las autoridades que además no pueden quedar paralizadas: la inacción provocaría una parálisis en la creación de empleo que llevaría por otra vía, a poner en riesgo la paz social. Por ello alguna solución deberán buscar para resolverlo.

(*) El autor es Economista

(**) La pintura es de Elaine Duras

Categorias: Columnistas, Opinión

Perfil de Alfredo Gutierrez Girault: Ver Perfil.

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