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Las PASO y la economía

[ 0 ] 25 agosto, 2017 |

por Alfredo Gutiérrez Girault (*)

AGGEl aumento de la cotización del dólar en julio y agosto, parcialmente revertido luego de las PASO, tuvo un componente de incertidumbre preelectoral, pero también demostró que en Argentina la moneda estadounidense, y en general la moneda extranjera, era relativamente barata; para decirlo al revés, Argentina es un país caro en dólares, particularmente en el sector de no transables. Y éste es un fenómeno que viene registrándose desde hace varios años con abrumadora evidencia.

a)      Entre 2008 y 2011 el gasto anual realizado por turistas argentinos en el exterior (incluyendo pasajes) osciló en los 4,0/5,0 miles de millones de dólares; entre 2012 y 2016 pasó a 9,0/10,0 y este año ascenderá a 13,0 miles de millones. El ingreso de divisas por turistas extranjeros está estabilizado en 3,5/4,0 miles de millones.

b)      La venta bruta de billetes por el mercado de cambios hasta junio rondó los 15,0 miles de millones de dólares. Los depósitos en dólares crecieron a pesar de probables retiros al liberarse los depósitos realizados en el marco de sinceramiento.

c)      El déficit de cuenta corriente de la balanza de pagos en términos del PIB crece desde 1,46% en 2014, 2,72% en 2015, 2,72% en 2016, 3,54% en 2017.

d)     A 17,50 pesos el dólar,  el tipo de cambio real, es similar al del segundo trimestre del 2016 y sólo 10% más competitivo que el de noviembre de 2015.

Estos cuatro indicadores de una Argentina cara en dólares están respaldados, además, por la percepción social: tours de compras a países limítrofes, poca presencia de turistas extranjeros en las calles de Buenos Aires y vuelos al exterior completos. Ya no se trata del Big Mac; un simple café o una lata de gaseosa es, medido en dólares, más caro en Buenos Aires que en Nueva York, pese a la diferencia de PIB per cápita entre EE.UU. y Argentina.

Esta anomalía puede corregirse básicamente de dos maneras: una modificación del tipo de cambio real vía la devaluación del peso  o una reducción de los costos domésticos. Esta última variante, que parece la que ha elegido el gobierno de cara al 2018,  implica cambios profundos de la carga tributaria y regulatoria que afecta a las empresas argentinas y de allí las reformas impositiva y laboral que prepara.

Transitar este camino exige una base importante de consensos políticos, no solo para la instalación y debate de los temas que componen la agenda, sino para lograr la aprobación de las leyes que serán necesarias para cambiar la situación actual. Es allí donde los resultados de las elecciones de octubre, de alguna manera anticipados por las PASO del domingo 13 de agosto, cumplirán un papel importante al modificar la composición del Parlamento aumentando la representación del oficialismo.

Esta vez no hay alternativa en particular si Brasil avanza en su propia reforma en pro de una mayor competitividad. Más aún, el propio espíritu de Mercosur y el espacio para negociar como un bloque unido frente al resto del mundo (por caso frente a U.E.) quedaría comprometido.

La agenda económica depende, como siempre, de las condiciones políticas. El resultado de las PASO es un primer paso –valga el juego de palabras- que deberá ser seguido por muchos más.

(*) El autor es Economista

(**) La pintura es de Roger Akesson

Categorias: Columnistas, Opinión

Perfil de Alfredo Gutierrez Girault: Ver Perfil.

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