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Las grietas brasileñas

[ 0 ] 17 mayo, 2016 |

por Francisco Delich (*)

delichEl Presidente de la Cámara de Diputados convocó uno a uno a todos sus miembros para que votara públicamente por sí o por no al “impeachment”  de la Presidenta Dilma Roussef.

Cada diputado disponía de un minuto para acompañar su decisión con una razón que diera cuenta de su voto. Los diputados abandonaban su banca, caminaban hacia un micrófono vertical ubicado próximo a la mesa de conducción, con esfuerzo se incorporaban a un grupo que lo rodeaba y frente al mismo lanzaban, en distintos tonos, su voto con voz de proclama, agitando un letrero algunos, con desafío otros, sobrios pocos.

Los defensores de Dilma evocaban la democracia a punto de ser vulnerada; fervorosos,  los partidarios del “si”, mencionaban sus distritos o estados, su familia, mujer, hijos, como testigos y referencias.

Fue una ceremonia necesariamente lenta, donde solamente el resultado de la votación mantenía el interés y la expectativa.  Los discursos eran parte del pasado inmediato: en conciliábulos, movilizaciones, intervenciones en los medios de comunicación, visitas a entidades corporativas y de la sociedad civil.

El Presidente de la Cámara de Diputados impávido, continuaba recorriendo los más de 500 diputados.  Cunha es uno de los políticos más señalados por la corrupción en el conocido caso del “Petrolão”. La Presidenta Roussef no fue acusada por la corrupción sino por la gestión contable del presupuesto nacional.  Se abandonaba la agenda social movilizada desde hace años por el impacto de la corrupción y la prioridad se corría a una agenda de Estado. Se pasaba de la moral a la política.

Un paso indispensable para la aprobación del impeachment: la corrupción no salpica al gobierno sino a toda la clase política. Los diputados debían elegir entre el suicidio votando NO, o un chivo expiatorio votando SÍ. No tuvieron dudas. Volveré sobre este punto crucial.

La acusación se vincula a la falta de transparencia presupuestaria que implica transgresión de las facultades del Congreso en su sanción y ejecución. Marcos Nobre (“Imobilismo em movimiento”, Companhia das letras, 2013, pag. 152) unos años antes de esta votación señalaba a propósito:

“En años recientes, el saldo del gasto de un año fiscal pagado en años posteriores, denominado “restos a pagar”, tomó una dimensión tan grande que hoy se observa la ejecución de un “presupuesto paralelo”. El saldo de “restos a pagar” era de 44 billones de reales (10% de gasto primario del gobierno federal) pasó a 178 billones de reales en el inicio del año 2013 (20% del gasto primario proyectado para el año 2013)”.

Dilma Roussef señala en su descargo público que esta anomalía en las cuentas públicas nunca se tuvo en cuenta. La oposición señala que la magnitud de la inconsistencia amerita el “impeachment”.

Pero un juicio político al Presidente de la República más allá del argumento constitucional, requiere condiciones tan excepcionales como el propio juicio político. Condiciones económicas, movimientos sociales físicos en las calles y virtuales en las redes, estrategias mediáticas y, naturalmente, condiciones propiamente políticas como síntesis de las anteriores.

  • Brasil ingresó en un ciclo de recesión en 2012-2013 (-3,6% la caída del PBI), deterioro de los precios de las comodities, incluyendo el precio del petróleo, presiones inflacionarias y sobre la moneda, caída de las exportaciones y deterioro delas condiciones productivas en el área de san pablo, que fisuran la sólida alianza con la burguesía paulista que había consolidado Lula en su segundo mandato.
  • Movimientos sociales intensos, conocidos como “las protestas de junio” en 2013, que reaccionaron ante  la corrupción generalizada de la clase política, conocida como mensalao (aporte mensual que recibían diputados y senadores tanto del oficialismo como de la oposición). La consigna de las protestas era “no nos representan”. Volvería a aparecer dos años después.

Cuando Dilma Roussef asumió su primer  mandato decidió encarar la corrupción que estaba heredando del gobierno de Lula, cambió ministros y sobre todo fue encarcelado Dirceu, jefe de la casa civil y muy poderosos dirigente del aparato del PT, probablemente el segundo dirigente importante luego del propio Lula.

Pero si las protestas por el mensalao se pudieron opacar, un nuevo escándalo de corrupción, sacudió su gobierno: Petrobras.

Una vez más toda la clase política, sobre todo los parlamentarios,  quedaron envueltos en la gigantesca trama. Cuando las denuncias se concentran en el propio presidente de la Cámara de Diputados y la Fiscalía lo acusa, éste decide romper en nombre del PMDB la alianza estratégica que sostenía al gobierno de Dilma Roussef. Se retiran los Ministros y el Vicepresidente, Michel Temer,  se solidariza con la decisión de su partido que tiene la presidencia de ambas cámaras del Congreso. La crisis está abierta y culmina con el impeachment. La presidente no fue nunca acusada de corrupción. Los acusados serán sus acusadores y victimarios.

  • Los medios gráficos y las grandes cadenas televisivas mantuvieron una constante atención sobre la evaluación de las investigaciones sobre la corrupción, responsabilizando al gobierno de Dilma Roussef tanto con sospechas sobre su gestión, como por omisión.  La caída en las encuestas de los índices de aceptación de la gestión presidencial fue cayendo semana a semana  hasta alcanzar impensados niveles de imagen negativa. Las clases medias urbanas que habían simpatizado y votado por la presidente, la abandonaban. El aislamiento social era el prólogo del aislamiento político.
  • A diferencia de la argentina, la cultura política brasileña está siempre más cerca de la negociación – sobre todo parlamentaria- que de la intransigencia. El gran aliado conservador del gobierno, el Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), que contenía y expresaba el apoyo reticente del “establishment”, primera minoría parlamentaria, decidió romper la alianza electoral y de gobierno cuando sintió que la indignación social por la corrupción y las penurias del ajuste de  comienzos del mandato de Dilma Roussef, afectaban decisivamente su apoyo electoral; volvió entonces a la alianza exitosa que había mantenido con el Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB) de Fernando Henrique Cardozo para sellar la suerte de “impeachment” y organizar el siguiente gobierno del Vicepresidente Temer.

Aislada socialmente, destruidas las  alianzas estratégicas, reducido espacio para las alianzas tácticas, reducida al soporte de su propio partido, que expresó muy bien a la clase obrera y sus sindicatos, al apoyo de los grupos sociales incorporados a la ciudadanía que algunos, como Paulo Singer, llaman el sub proletariado (y que prefiero designar como las nuevas clases subalternas) por la gestión de Lula da Silva y Dilma Roussef.

La batalla del “impeachment” no estará perdida ni ganada hasta que voten los senadores. La crueldad de la política práctica está decidiendo encontrar un chivo expiatorio para salvar una elite política y partidaria que perdió a lo largo del recorrido democrático de la pos dictadura, representatividad y legitimidad, ofreciendo una oportunidad, un atajo estrictamente escrito, al Brasil potencia emergente y a sus audaces minorías consistentes que no reparan en costos institucionales a la hora del compromiso de sus grandes objetivos.

(*) Profesor Emérito de la Universidad Nacional de Córdoba y miembro del Consejo Asesor de Carta Política

(**) La pintura es de G. Camarinha

Categorias: Columnistas, Francisco Delich, Opinión

Perfil de Francisco Delich: Ver Perfil.

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