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La reunión en Washington del G20

[ 0 ] 14 noviembre, 2008 |

Por Aquiles V. González

El presidente Bush ha convocado para el próximo 15 de noviembre a una reunión del Grupo de los 20 (G20) para considerar eventuales reformas al Sistema Financiero Internacional.

El grupo está compuesto por 19 países entre desarrollados y en vías de desarrollo y la Unión Europea. Sus miembros son: Alemania, Arabia Saudita, Argentina, Australia, Brasil, Canadá, China, Corea del Sur, Estados Unidos, Francia, India, Indonesia, Italia, Japón, México, Reino Unido, Rusia, Sudáfrica y Turquía. La disparidad entre el PBI de los 19 es inmensa, entre Estados Unidos primero, con 13.886 millones de dólares y la Argentina, ultima, con 238 millones de dólares. La Argentina estará representada por su presidenta.

Es un desafío para todos los miembros del Grupo analizar adecuadamente las causas y consecuencias de la actual situación financiera mundial y ofrecer propuestas que contribuyan a la restauración de la normalidad de las relaciones entre los estados en el campo económico-financiero, garantizando el desarrollo sustentable y el progreso social de las naciones, sin discriminación.

La Argentina podría considerar la conveniencia de proponer reformas estructurales dentro del actual sistema internacional de las Naciones Unidas, que comprendan al Fondo Monetario Internacional (FMI) y al Banco Mundial (BM) como organismos especializados de las Naciones Unidas.

En tal sentido, podría analizarse, entre otros aspectos esenciales, la posibilidad de la constitución de un Banco Central Internacional que tuviera como responsabilidad fundamental la creación, defensa y estabilidad de una nueva moneda internacional o unidad de reserva, que no fuera la moneda de curso legal de ningún país en particular.

Es decir, se debería tomar en consideración la propuesta de Lord Keynes, como representante del Reino Unido, presentada durante la Conferencia de Bretton Woods de 1944 que estableció el sistema financiero internacional de post-guerra.

El valor de la referida unidad de reserva podría ser establecida sobre la base del valor promedio que surgiría de una canasta de monedas de los principales Estados con mayor grado de desarrollo relativo, a nivel mundial.

No se trataría, consecuentemente, de una moneda de un Estado en particular tomada como unidad de reserva del mundo, ya que su valor dependería, como ha sido hasta el presente, de los avatares políticos y económicos del país emisor de esa moneda.  A este respecto, debe tomarse en consideración que las dos grandes crisis del sistema financiero internacional se produjeron (a) en 1971, en tiempos del conflicto de Vietnam, al suspenderse el régimen de la convertibilidad del dólar al oro, dentro de una paridad fija, y (b) en la actualidad, cuando aún se encuentran en pleno desarrollo los conflictos armados en Iraq y Afganistán.

La presencia de la Argentina y la continuidad de su participación en este foro hasta que se llegue a una necesaria restructuración, tiene un especial significado ya que el G20, al que tal vez se agregarían en el futuro nuevos Estados, se podría convertir, por sus objetivos, en el foro de mayor gravitación hacia el futuro en el ambito internacional.

Asimismo, sería de interés considerar las reformas que deberían realizarse en las instituciones financieras ya existentes para que siguieran cumpliendo sus objetivos para los que fueron creados.  Por una parte, el Fondo Monetario Internacional, a fin de contribuir a corregir los desequilibrios transitorios de las balanzas de pago de sus países miembros; y, por otra, el Banco Mundial, para que continúe prestando asistencia financiera internacional a la mayor parte de la comunidad mundial y, en particular, a los países de menor desarrollo relativo.

Estas negociaciones demandarán tiempo, imaginación y coraje a todos los estados participantes. Es indudable que esas negociaciones estarán revestidas de una gran complejidad dado que, en última instancia, todos los paises deberán incorporarse a un consenso sobre un sistema financiero de alcance universal. Esta exigencia es parte del proceso de globalización, acelerado en las últimas décadas por los adelantos tecnológicos, así como por los avances en las comunicaciones y el transporte. La realidad muestra que se ha establecido un sistema de relaciones económicas y políticas profundamente interrelacionado que afecta, por su desarrollo y consecuencias, a todos los estados, sin exclusión.

Por último, en las negociaciones que se lleven a cabo en el campo financiero, no podrá obviarse el tratamiento de las cuestiones vinculadas con la economía real, las relaciones comerciales y la adopción de medidas que estimulen el desarrollo sostenible y el progreso social de pueblos y naciones.

(*) El autor reside en Estados Unidos y es analista de temas internacionales.

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