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La propuesta del Grupo de los 20

[ 0 ] 4 abril, 2008 |

Por Aquiles V. González

La reciente reunión del Grupo de los 20 a comienzos de la semana pasada, en Londres, ha puesto en evidencia la importancia de este foro y de sus conclusiones. Nacido en el marco del Fondo Monetario Internacional en 1999 como un espacio de diálogo y de consulta entre los países desarrollados y los emergentes, alcanzó a partir de la crisis actual iniciada en septiembre de 2008 una relevancia y una gravitación internacionales que han superado largamente las atribuciones y los objetivos para los cuales había sido creado.

¿Cuáles son esas atribuciones y objetivos? El Grupo de los 20 no es un organismo intergubernamental con personalidad jurídica y competencias definidas en un tratado o en una carta constitutiva internacional como lo son, por ejemplo, las Naciones Unidas (ONU) o la Organización de Estados Americanos (OEA). Es decir, no tiene capacidad  de derecho para que los estados miembros del Grupo adopten decisiones de cumplimiento obligatorio para si y para el resto de la comunidad de naciones.

La influencia y la competencia fáctica del Grupo de los 20 de imponer decisiones al mundo -como las adoptadas en Londres el pasado 2 abril- se fundan en que dicho foro reúne a un conjunto de 22 Estados que representan el 85% del Producto Bruto, el 90% del comercio exterior mundiales y mas del 50% de la población global. La suma de estos elementos contribuye a darle a sus decisiones legitimidad política y económica incontrastables para definir cursos de acción a fin de orientar a la comunidad internacional.

Esta realidad se complementa con otra: el mundo globalizado se encuentra, obviamente, mejor representada por un foro multilateral como el Grupo de los 20 que por el conocido Grupo de los Ocho, formado en 1975 como un agrupamiento de estados desarrollados para enfrentar la crisis económica y energética del bienio 1974-75.

Las decisiones anunciadas en la declaración del 2 de abril pasado no pondrán fin ni mucho menos a una crisis económica que, por su complejidad y envergadura, puede ser comparada con la de los años 1929-32.

En la reunión cumbre de Londres se inició un proceso que sin duda será largo. Los jefes de estado y de gobierno convinieron en adoptar dos clases de medidas. Por una parte, medidas coyunturales para detener y corregir las más urgentes y graves consecuencias económico-sociales de la actual crisis y, por el otro, algunas resoluciones dirigidas a iniciar una trasformación estructural de la economía y de las instituciones internacionales a fin de adaptarlas a los cambios producidos por el proceso de globalización.

Entre dichos cambios fundamentales deben señalarse: (a) la integración de Rusia y de gran parte de las ex repúblicas soviéticas y, en particular, de China e India a las corrientes del comercio y de las inversiones internacionales y (b) la creciente desvinculación del sector financiero internacional con la economía real. Este último punto se manifiesta en el aumento extraordinario del sistema financiero y de los movimientos internacionales de capitales de corto plazo, sin una adecuada regulación global.

No puede dejar de mencionarse que, dentro de las causas desencadenantes de la crisis internacional, hay un dato relevante de naturaleza política pocas veces mencionado por los analistas y el periodismo mundial.

De la misma manera como las consecuencias económicas de la guerra de Vietnam contribuyeron a la crisis financiera de 1971 -con la desaparición del sistema del patrón oro/divisas establecido en Bretton Woods en 1944- la actual crisis reconoce como causa coadyuvante la existencia del doble desequilibrio del presupuesto federal y del balance de pagos en los Estados Unidos provocado, entre otras razones, por la guerra de Irak. Esta circunstancia impulsó a países como China y Brasil a sugerir que se reemplazara al dólar como unidad de reserva y base del sistema monetario internacional  por otro instrumento de valor fiduciario que no estuviese sometido a las contingencias económicas y políticas de una moneda nacional.

En conclusión, el 2 de abril pasado en Londres comenzó un proceso gradual de transformación económico mundial.  El Grupo de los 20 puso en movimiento acciones dirigidas a corregir el impacto de la recesión a través de un incremento en la demanda de bienes y servicios. El objetivo es reformar el sistema internacional para que refleje más adecuadamente la nueva distribución del poder económico y político entre los principales actores del mundo contemporáneo.

(*) El autor es analista en temas internacionales y reside en los Estados Unidos.

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