Subscribe via RSS Feed Encuentranos en Flickr

La e. sociabilidad

[ 0 ] 11 octubre, 2012 |

Por Francisco Delich (*)

El concepto fue desarrollado por uno de los sociólogos contemporáneos más sólidos y originales, el catalán Manuel Castells responsable de-entre buenos libros-el formidable Sociedad de la Información.

Uno de los puntos de inflexión de la sociología relacional puede rastrearse en Social Cibernetics donde el genio de Norbert Wiener mostró el significado de la transición de la lógica analógica a la lógica digital y sus consecuencias -entre otras-sobre nuestros mapas cognitivos. Y como no podía ser de otra manera, sobre nuestra sociabilidad como señala Castells.

No se trata del uso de tecnologías externas a nosotros sino a la naturalidad del intercambio de mensajes reflexivos y la construcción individual de la conducta social.

La magnitud de la movilización social del 13-S se define por la convocatoria y por la heterogeneidad que la misma introduce en la práctica de los movimientos sociales que no puede tardar en convertir las teorías mas difundidas y conocidas en respetables antigüedades, como señaló anticipadamente Alain Touraine algunos años atrás.

El movimiento ha transformado la entropía que generan las cacerolas- el ruido- en punto de encuentro y el encuentro en disonancias de los mensajes.

Esta movilización se sitúa más allá de la política cotidiana por que desborda el cuadro del oficialismo y oposición: expresa un malestar profundo y difuso a la vez. Es un ejercicio de democrático en acto, un ágora donde las consignas se vocean sin importar su impacto o consenso.

El mensaje está en el movimiento.

Esta clase de eventos sociales emergen con fuerza entre las grietas de la estructura social, del orden social siempre estático en tanto tal, por definición en tanto orden, revelando una subjetividad en búsqueda y elaboración de un imaginario. Los conceptos habituales de la sociología no pueden medir la intensidad ni la dirección no solamente por que están en movimiento sino por que constituyen otra clase movimiento.

Caracterizar esta movilización como un reflejo de clases medias es una hipótesis tan sugerente como señalar que todos los hombres son mortales cada vez que acompañamos un cortejo fúnebre.

En 2008 se produjo la mayor movilización agraria desde el grito de Alcorta aunque los convocados no eran colonos inmigrantes en demanda de tierra. El gobierno se equivocó con una lectura clasista imaginando la clase media movilizada por la Federación Agraria de hijos y nietos de Alcorta como epígono de las viejas oligarquías rurales y perdió las elecciones de 2009.

Leer una protesta social con anteojos estalinistas donde las conductas sociales son objetivamente funcionales a tal o cual enemigo es tan anacrónico como el propio estalinismo, persistir en no reconocer la importancia de Simmel en relación a Parsons en la sociología contemporánea y del joven Marx en relación al viejo Lenin en la filosofía política.

¿Porqué sorprenderse del malestar social en sociedades compleja invariablemente acompañadas de personalizaciones e individuaciones que reivindican la subjetividad? La sorpresa seguirá acompañando a todos quienes se empeñen en imaginar sociedades simples y estáticas, incapaces de utopías.

Cada germen de movimiento social que toda protesta entraña en sociedades modernas y complejas ofrece la oportunidad de nuevas lecturas de la sociedad en movimiento, devolviendo la mirada a la morfología porque seguramente dejamos de registrar alguna mutación significativa

Todas las sociedades reclaman seguridades físicas y espirituales, sociales y económicas.

Eso intentan las religiones en el ámbito espiritual y las políticas laicas: para eso se inventaron los sistemas previsionales (como su nombre la indica), las mutuales, los sindicatos, los seguros de vida y de salud, en el límite el propio estado.

Demandar seguridad es normal donde las incertidumbres se amplían en proporción directa a la complejidad de la sociedad y el estado. Pero la disputa sobre la forma, los modos los instrumentos que ofrecen seguridad establecen muy sólidas disparidades e inequidades.

Interpelar al gobierno -a cualquier gobierno- por el respeto a la privacidad, a las opiniones, a la participación o demandar seguridad constituyen otras tantas interpelaciones de sociedades plurales y forman parte de la misma cultura que reconoce la universalidad de los derechos humanos y civiles. No importa quien protagonice: el sujeto es siempre legítimo.

¿Entonces? La cultura de la sociedad argentina está encontrando un cierto sentido común a partir del repudio a las dictaduras, a los golpes de estado y a la violencia en general, de la vigencia de los derechos humanos, civiles o sociales.

Esta movilización puede no repetirse pero no puede subestimarse porque sus efectos en el imaginario político serán perdurables y probablemente afianzarán la e-sociabilidad particularmente entre los jóvenes, desafiados ahora a encontrar un lugar en el mundo real por caminos menos convencionales.

(*) Profesor Emérito de la Universidad Nacional de Córdoba y miembro del Consejo Asesor de Carta Política.

Categorias: Columnistas, Francisco Delich, Opinión

Perfil de Francisco Delich: Ver Perfil.

Responder




IMPORTANTE: Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de las sanciones legales que correspondan. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algun comentario violatorio del reglamento sera eliminado e inhabilitado para volver a comentar.

Para dejar una imagen en el comentario, ir a Gravatar.