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Guerra comercial: ¿qué puede hacer Argentina?

[ 0 ] 20 marzo, 2018 |

por Juan Carlos de Pablo (*)

DE PABLOEl gobierno de Estados Unidos anunció que le cobrará un arancel de 25% a las importaciones de productos siderúrgicos, y de 10% a las de aluminio, provenientes del resto del mundo excepto, “por ahora”, de México y Canadá.

“Comenzará una guerra comercial, en la que todos pierden”, escuché decir. ¿Seguro?

La primera cosa que hizo el gobierno argentino no fue encabezar la referida guerra. El jefe de gabinete visitó instalaciones de empresas del grupo Techint, afectadas por la medida (lo que es el poder, dice mi tía Carlota, preguntando las instalaciones de cuántas empresas afectadas por decisiones del resto del mundo, fueron visitadas –al día siguiente- por el jefe de gabinete); al tiempo que el presidente Macri llamó por teléfono al presidente Trump, solicitándole que la medida no se aplique a las compras que ellos hacen de productos fabricados aquí.

¿Tendrá efecto esta llamada? Veremos. Seguramente será complementada por gestiones que realizará el embajador argentino ante Estados Unidos.

Si nada de esto funciona, ¿en qué consiste una guerra comercial?

Cuando hace medio siglo yo era alumno universitario, buena parte del comercio internacional y la totalidad de las teorías del comercio internacional, tenían que ver con la compra y venta de bienes finales. Trigo contra tractores; camisas contra soja; bifes de chorizo contra vacaciones en Disneylandia; etc.

Hoy es muy importante el comercio internacional de bienes intermedios, como el acero para producir autos, que también se exportan.

De manera que una guerra comercial no tiene las mismas características como la que se desarrolló durante la Gran Crisis de la década de 1930.

¿Cómo podría participar Argentina, un país pequeño en el concierto internacional –excepto, probablemente, en el mercado de la soja-, en una guerra comercial?

Al respecto, como decía el economista inglés Alfred Marshall, es fundamental poner la cabeza fría al servicio del corazón caliente. A quien no tiene el corazón caliente todo le da lo mismo, pero quien no tiene la cabeza fría, desde el punto de vista decisorio se convierte en parte del problema, más que de la solución.

La guerra comercial se basa en represalias. Argentina tiene que encontrar variables que le duelan, no sólo a Estados Unidos sino principalmente a su presidente, para que éste revea la medida. ¿Cómo reaccionaría Donald Trump al anuncio de que ningún argentino visite el parque de diversiones sito en Orlando, la ópera de Nueva York o el Gran Cañón del Colorado, mientras continúen las medidas comerciales restrictivas?

Esta es la cuestión, cuestión que –como muchas otras- debe ser encarada por gente idónea en negociaciones comerciales (que no es mi caso).

¡Animo!

POSDATA. ¿Qué dice la Organización Mundial del Comercio (OMC), a todo esto?

¿Puede Estados Unidos elevar unilateralmente los derechos de importación de ciertos productos? Parece que poder, puede. La pregunta se refiere a si lo hizo “dentro del reglamento”, dado que es miembro de la OMC 

Ignoro, nuevamente que opinen los expertos. No hay que ser un genio del análisis del poder para conjeturar que si Donald Trump hizo lo que le pareció, más allá de lo que dice el reglamento, sorprendería gratamente que la OMC reaccionara rápidamente, para poner en caja al presidente de los Estados Unidos.

(*) Director de Contexto (juancarlosdepablo.com.ar) y miembro del Consejo Asesor de Carta Política.

(**) La pintura es de Andy Warhol

Categorias: Columnistas, Opinión

Perfil de Juan Carlos de Pablo: Ver Perfil.

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