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Embanderados de apuro, para cubrir un estrepitoso fracaso

[ 0 ] 20 abril, 2012 |

Por Jorge Triaca (*)

Los anuncios presidenciales siempre parecen como de una efervescencia calculada. De inmediato el gobierno desata un proceso, sin debate alguno, tratando de colocar a sus adversarios en posiciones imposibles e intenta someter complejas cuestiones a simplificaciones, escondiendo el accionar sin sustento de estos anuncios.

Esta vez han avanzado sobre YPF S.A, atacando a quienes se oponen por dos vías.

Primero, manifestando que quien se oponga se opone al Estado y en el falso debate “público-privado” ellos son los buenos y cualquiera que apoye lo privado, un malvado.

Todos saben que esto no es cierto, pues la intención presidencial es clara: YPF seguirá siendo una compañía privada, utilizando el mecanismo de la “ocupación temporaria” previsto en la ley de expropiaciones. En YPF se volverá a usar el mismo artilugio de Aerolíneas, creando de facto un tipo societario que en nuestro derecho no existe: la empresa privada de “gestión estatal”. La “transición” se convertirá en “permanente” y volveremos a tener en vez de un directorio, un interventor: en el caso, el Ministro de Vido, o el viceministro Kicillof.

En vez de cuerpos profesionales, elegidos por sus méritos, tendremos en cada área de una complejísima compañía, que se dedica a una cuestión tan central como la del petróleo y sus derivados, a cuadros políticos pertenecientes a las distintas facciones internas del Gobierno.

Segundo, instalando un falso debate entre dos opuestos imaginarios: patria y vendepatria. El gobierno es la patria, el resto vendepatrias. La ficción cae por su propio peso: ¿quién permitió durante 9 años que YPF fuera vaciada? ¿La oposición o el Gobierno?

¿Quién hizo desmesurados halagos a la gestión de Repsol YPF-Esquenazi hace menos de seis meses cuando supuestamente había hallazgos que convertían a YPF en una compañía de dimensión tal que opacaba a Petrobras o Pemex? Sin dudas, todo el mundo recordará el casquito de la Presidenta, o el viento azotando a Julio de Vido en aquella inauguración fallida de hace menos de seis meses.

Indudablemente, la decisión llega en medio de un fracaso estrepitoso del Gobierno en materia energética, punto al cual nos llevaron entre otros, el propio grupo interventor de YPF. Pasamos de exportar energía, a importarla por una cantidad tal de dinero que hemos quedado prácticamente, sin superávit comercial.

Esta decisión que se toma acuciado por la falta de caja, se disfraza de embanderamiento argentino, pero hemos de señalar que este espacio político, cada vez que usa la insignia nacional de bufanda pronto termina haciendo con ella un desecho. No puede verse de otro modo que pretenda al mismo tiempo que se declame nacionalismo y se diga, entre los fundamentos, que seguirá trabajando con empresas internacionales.

Del modo en que se ha hecho la intervención y se planea la expropiación, al estilo Aerolíneas, se ha regalado un gravoso juicio en contra de la Argentina, por el cual, tarde o temprano será el país el que sufra. El falso debate queda expuesto, pues el Estado carece hoy de la infraestructura y no tiene posibilidades de financiamiento para hacer funcionar a una empresa petrolera de primera línea, y mucho menos, para dedicar inversión pura no siempre rentable en tareas de exploración.

¿La explotación de nuestros recursos, que en los países petroleros suele combinar espacio público y privado, seguirá siendo la misma o peor? ¿Nos preocupa genuinamente el pueblo, tendrá energía más barata o más cara a partir de esta decisión? ¿Dejará de haber colas para adquirir combustible? ¿Tendremos la misma calidad de nafta o peor? ¿La herida a nuestro debilitado crédito internacional, nos ayuda a generar trabajo o lo dificultará?

Sin duda, no basta con declamar que uno está construyendo soberanía. Hay que realizarla en los hechos. Si la empresa está fundida y vacía, es por falta de controles del Estado que debió haber vetado y vigilado ese accionar. Si eso es así, ¿cómo es que los socios argentinos permanecen?

El verdadero norte para una actividad petrolera nacional podría ser tanto el modelo brasileño, como el mexicano. Pero los organismos brasileños y mexicanos distan años luz de esta cruzada de apuro que ha buscado encubrir tanto la falta de gestión como tapar el gravísimo momento político en el que las desventuras del Vicepresidente y la impresión de dinero sospechada, sumergieron al Gobierno Nacional.

(*) Diputado Nacional PRO y Secretario de la Comisión de Energía de la Cámara.

Categorias: Columnistas Invitados, Jorge Triaca, Opinión

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