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¿Eligiendo inmigrantes?

[ 0 ] 28 abril, 2017 |

por Carolina Poli Palazzo (*)

CAROHablemos de los inmigrantes que vienen a casa. De los prejuicios que les achacamos, de los miedos que tenemos todos, de esto de hablar de ‘ellos’ y de ‘nosotros’. Sobre todo, de cómo es su proceso de llegada y qué hay ahí. Sobre todo sepamos como es que llegan los que llegan, que rol cumple el Estado e informémonos sobre las condiciones que les damos. Para no juzgar sin conocer los contextos.

Mas allá de la perspectiva moral que implica evitar ‘elegir’ gente, en general los países tienen soberanía para definir su perfil poblacional. Nada mal en eso. De la misma forma que pueden elegir ser un país productor de servicios o de agricultura, un país elige quien es su gente, al menos, cuando la ‘importa’. Es raro hablar de ‘importación de gente’, pero es una imagen clara de lo que pasa en los Ministerios que se ocupan del tema.

Existe una alarma moral en el terreno académico que la llaman -informalmente- ‘creaming from the top’. Básicamente, elegir lo ‘mejorcito’ de lo que hay y dejar lo ‘otro’ de costado. La alarma es justamente la de entender que hay un grupo ‘mejorcito’ que otro, incluso dentro de un mismo país. Perdón por el uso de tanta comilla, busco aclarar que estamos hablando de invitar gente a casa, gente y nada mas; todos iguales.  Aclarado esto y enterados todos que la generación de ‘grupos de migrantes’ una frontera que no vamos a cruzar, pensemos cómo funciona la inmigración y atracción de inmigrantes.

En general más o menos conocemos como funcionan los sistema de visitas o estadías en el exterior. Se exigen condiciones que varían según el perfil que el país elije tener. Nueva Zelanda por ejemplo abrió post Brexit y elección de Trump una visa para informáticos, buscando atraer a este perfil profesional y lograr un perfil tecnológico como país.

Australia esta semana redujo la lista de profesiones incentivadas (a las que les es más simple aplicar para residir) pero mantuvo en esta lista a las profesiones de cuidados (enfermería y cuidado de niños, por ejemplo).

Cada país va buscando lo que necesita. Este principio bien entendido es un principio de responsabilidad: llamar  y darle la bienvenida a aquellos que saben que pueden integrar en un desarrollo personal y colectivo. Este principio utilizado con malicia, es el que ‘elije’ a algunos que entiende ‘mejores’. Ojo con esta línea roja, es de las que dijimos ya que no queremos cruzar.

Un ejemplo cercano es el de Brasil, que incluso antes de cambiar su ley migratoria puso como autoridad de aplicación al Ministerio de Trabajo. Una forma exprés de entender la política migratoria de un país es ver quién la tiene a cargo. En Brasil es Trabajo el que define regularmente que áreas pueden emplear más gente, dónde están necesitando mayor desarrollo y dónde pueden ubicarse los que quieren venir. Todo esta guiado por la inserción laboral.

La Unión Europea, por mencionar un colectivo, tiene normas generales y cada país las especifica. En principio a la Unión Europea podes entrar si tenés familiares directos (en reunificación familiar), si sos estudiante o investigador, si sos de los ‘inmigrantes altamente calificados’ (lista de profesiones que les interesan), trabajador transferido por una empresa, trabajador de temporada o todo un capitulo destinado a quienes estuvieron involucrados en inmigración ilegal a otro país o aplican como refugiados.

Argentina. Nosotros te dejamos venir si sos estudiante, trabajador (temporal o no) o ciudadano del Mercosur.  Podes después aplicar a una residencia permanente, quedarte con una transitoria, temporal o usar una precaria un tiempo. Podes ser turista, estar en transito de frontera o ser pasajero en transito, claro. Pero si te querés quedar en Argentina un tiempo, no hay un perfil migratorio definido, es aplicar bajo alguno de los esquemas.

No esta bien ni mal, da una idea clara de nuestra política migratoria que hace años fue definida: la apertura.

En sí es un gran valor, el problema es saber darle a cada uno de los que llegan todos sus derechos. Porque darle la bienvenida a alguien  a casa implica recibirlo para que pueda desarrollarse, que pueda estudiar, tener un hogar, un trabajo y sus necesidades básicas cubiertas. Eso es una apertura responsable.

Ambas fórmulas suelen derivar en problemas sociales. La primera genera conflicto social y división cultural, la segunda genera un grupo de personas sumidas en la violación constante de sus derechos (de acceso a la vivienda, a la salud o al trabajo digno). Porque la inmigración no es tema de securitización ni de apertura irresponsable.Entonces, de la misma manera que hay que tener cuidado cuando escuchamos que los inmigrantes (o refugiados) son los responsables de todos nuestros males, hay que tener cuidado cuando escuchamos que un país puede recibir abiertamente a todo el mundo, dándoles plenos derechos y accesos.

Pensemos juntos que país queremos, administremos el perfil migratorio que buscamos y sepamos recibir a los que llegan, si no es por el sentimiento moral de bienvenida, que sea por la construcción de un futuro sin resentimientos sociales.

(*) Politóloga, experta en política migratoria, corresponsal de Carta Política en Francia

Categorias: Carolina Poli Palazzo, Columnistas, Opinión

Perfil de Carolina Poli Palazzo: Ver Perfil.

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