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El problema es la inflación

[ 0 ] 12 septiembre, 2008 |

Por Alfredo Gutiérrez Girault

Desde hace casi dos años la tasa de inflación anual se ha ubicado en algún valor alrededor del 25%, si se utiliza algún indicador objetivo, como un promedio de las mediciones de los precios minoristas que llevan adelante las provincias.

Más allá de la información que provea INDEC, este es el dato relevante que toman en cuenta los argentinos en sus decisiones cotidianas.

Dos notas importantes acerca de esta cifra. La primera es que es un valor alto en términos de cualquier comparación internacional. La segunda es que es un valor potencialmente inestable: no es imaginable que puedan transcurrir muchos meses con una tasa de inflación del 2% mensual (debemos remontarnos a mediados de la década del 60 para encontrar tres años seguidos de inflación del orden del 25% o sea cuatro décadas atrás) por lo que para no subir un escalón más es imprescindible iniciar un programa antiinflacionario lo antes posible.

Tres factores subyacen detrás de los desbordes inflacionarios:

  1. Una política que ha alimentado excesivamente el gasto interno –con un fuerte aumento del gasto público a tasas superiores al 30%– descuidando el hecho que la capacidad instalada se saturaba y que no existían incentivos suficientes para ampliarla al ritmo requerido para expandir la oferta;
  2. Una puja distributiva intensa con fuertes presiones sindicales y
  3. Una transferencia a precios de la devaluación del 2002 que, inexorablemente, se ha ido concretando.

La política monetaria, por otra parte, orientada a la acumulación de reservas, no tenía margen para transformarse en un ancla firme: si el gasto público aumenta el 35% anual y los salarios el 25%, fijar el crecimiento de la expansión monetaria debajo del 10% para contener la suba de precios hubiera significado armar una bomba de tiempo.

La solución del gobierno, sobradamente conocida, de recurrir a los controles de precios y a los subsidios ha terminado construyendo un nudo difícil de desatar pero cuya capacidad de resolver el problema se va diluyendo con el correr de los meses.

Paradójicamente, si alguna desaceleración se ha percibido en los últimos dos meses, se debe al efecto secundario de la  lentificación de la actividad económica, consecuencia de las turbulencias del segundo trimestre. Esta mejoría formal no durará ella si recae en la decisión de cebar la demanda doméstica

Los costos están a la vista.

  1. El sistema de precios relativos no emite señales confiables y es, a su turno, otra madeja a resolver; en ese marco el crecimiento de la inversión se ha desacelerado.
  2. Los períodos de contratación (es decir, vigencia de los precios pactados en algunos servicios como alquileres, seguros, prepaga) son cada vez más cortos y de los ajustes anuales se ha pasado a los semestrales o cuatrimestrales.
  3. Se dibujan presiones salariales, tanto para el sector privado cuanto para el público, lastimando éstas últimas las finanzas de las provincias, en una nueva vuelta de tuerca de la puja distributiva.

La necesidad de estructurar un programa antiinflacionario integral y consistente, ejecutado de manera eficiente está a la vista. Esperemos que las autoridades lo comprendan antes que por algún avatar la tasa de inflación trepe otro escalón.

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Categorias: Alfredo Gutiérrez Guirault, Opinión

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