El límite del modelo chileno
Por Francisco Delich (*)
Invitado por académicos e intelectuales amigos asistí en marzo de 1990 a la asunción del Presidente Patricio Aylwin en un Chile donde el General Pinochet mantenía su condición de Comandante en Jefe del Ejército. Por una cláusula constitucional, ni el nuevo presidente ni sus sucesores constitucionales podrían relevarlo.
Celebramos en el CIEPLAN, un centro de Investigaciones fundado durante la dictadura por un grupo de economistas liderado por Alejandro Foxley, quien sería luego (sigue siendo) una figura muy importante en la democracia recuperada y que había formado parte del CLACSO durante mi posición como Secretario Ejecutivo. Tanto Fernando Henrique Cardozo –a quién le faltaban 5 años para ser presidente de Brasil- como yo mismo hablamos en nombre de los invitados extranjeros y no dejamos de señalar el infinito regocijo por esta recuperación del Estado de Derecho. Et pour cause.
No obstante, al regreso escribí un artículo publicado en varios periódicos y que recogí en un volumen de Señales editado en Buenos Aires por Nueva Comunicación unos años después (1996) titulado Una democracia condicionada. Allí marcaba, sin mengua de alegría y reiteración de solidaridad, el límite que establecía una herencia pesada y grave que no admitía beneficio de inventario.
La más evidente era la que señalo: la permanencia de Pinochet al frente del Ejército, aunque tal vez no fuera el cargo más estratégico. Una disposición del antiguo régimen otorgaba a las Fuerzas Armadas el 10% del producto de CODELCO, la empresa estatal cuprífera (que se mantiene en la actualidad), sin control de los órganos establecidos por el sistema de administración pública chilenos. La compra de armas, el presupuesto de inteligencia están fuera del control civil bajo múltiples sospechas de corrupción.
La compra de armas durante los treinta últimos años ha convertido las FFAA chilenas en tal vez la mejor equipada de la región y a sus servicios de inteligencia, un aparato temible para la sociedad civil. Chile es el país que más recursos financieros destina a las FFAA: casi el 3,5 % de su PBI, contra algo más del 1% argentino. Unas FFAA que no han asumido ni el fin de la guerra fría ni sus crímenes cometidos en ese contexto. La doctrina de la seguridad nacional prevalece.
Durante los cuatro gobiernos de la Concertación las políticas económicas se mantuvieron. No así las políticas sociales, en particular durante los dos gobiernos socialistas de Ricardo Lagos y Michele Bachelet. El primero logró reducir drásticamente la indigencia como lo señalé (en su presencia) presentando el informe anual de Naciones Unidas sobre Desarrollo Humano. En el final de su mandato reconoció a éste como su mayor logro. Era cierto.
El sistema político permaneció casi intacto (hubo algunas reformas) pero el núcleo duro se mantuvo: el denominado sistema binominal que permite que dos grandes coaliciones electorales, una de centro izquierda y otra de centro derecha se alternen en el gobierno y estabilicen el parlamento; que otorguen gobernabilidad aún al precio de inmovilidad durante la transición con escaso margen para introducir innovaciones.
Durante las últimas elecciones la aparición de un tercer candidato presidencial puso en evidencia la fragilidad de un sistema político en apariencia invulnerable. El partido Comunista una de las dos grandes formaciones de la antigua izquierda era marginado con elegancia y facilitaba la confianza de las FFAA en el experimento democrático. Inesperadamente, el PC, que obtuvo solamente 5% de votos en las últimas elecciones presidenciales, se encuentra en la conducción de las protestas estudiantiles. No es un detalle intrascendente.
Esta aparente fortaleza política protegía el modelo en su conjunto, incluyendo la herencia pinochetista en materia de educación en tiempos de la Concertación, pero sus escisiones y posteriores discusiones internas contribuyen a establecer las fronteras y límites del modelo.
Si me demoro en esta memoria personal ligada a una experiencia histórica decisiva en América Latina es para establecer el contexto de las reflexiones siguientes, a fin de atravesar la coyuntura y articularla con la perspectiva de la consolidación de la democracia en el mediano y largo plazo, cuando recién comienzan nuestras discusiones acerca de la calidad de la democracia..
La educación superior equiparó las universidades públicas a los emprendimientos privados, algunos serios y otros de escasa calidad; algunos orientados por valores, otros por puro interés de lucro. La Universidad pública fue abandonada a su suerte y con ella la investigación básica poco rentable. El modelo no necesita científicos, solo mano de obra calificada. Comparado en este plano con las universidades argentinas, brasileñas o mexicanas, Chile esta fuera del ranking..
Chile, modelo exitoso para las calificadoras internacionales (AA+), es sin embargo el país más desigual de la región que se mantiene como la más desigual del planeta. La concentración de la riqueza se disimula en los promedios: Chile se prepara -dicen- para ingresar a fines de esta década entre los países desarrollados del mundo, pero para nada entre los más equitativos.
Un estudiante es alcanzado por un disparo mortal de un carabinero. La protesta tiene ahora su primer mártir. Es también la primera intervención represiva de las Fuerzas Armadas que cobra una víctima inocente si no se tiene en cuenta la represión a los mapuches.
El modelo educativo y político acaba de instalarse en otro nivel de discusión.
(*) Profesor Emérito y ex Rector de la Universidad Nacional de Córdoba y ex Rector de la Universidad Nacional de Buenos Aires. Miembro del Consejo Asesor de Carta Política.
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