El capítulo argentino de la crisis mundial (I)
Por Daniel Gustavo Montamat
Si el viento internacional antes era de cola y nos benefició con términos de intercambio inéditos para la producción exportable de base agrícola, ahora el viento golpea de frente y hay pozos de aire en la ruta. Recuerdo que la tonelada de soja que llegó a cotizar 608 dólares en junio de este año, en julio del año pasado, cuando todavía se hablaba del “desacople” de los emergentes a los problemas de los países centrales, cotizaba menos de 300 dólares.
Los superávit fiscal y de cuentas externas, los promocionados superávit gemelos, son tan volátiles como las cotizaciones de las materias primas. Con cotizaciones de la soja inferiores a los 300 dólares las cuentas no cierran, ni las fiscales ni las externas. Otra vez las vacas flacas nos encuentran patinando en el hielo con traje de baño.
En economía hay muchas teorías que se pueden discutir y la divisoria de aguas entre ortodoxia y heterodoxia tiene mojones móviles. Pero hay dos leyes de gravedad económica que no se pueden desafiar por más esfuerzos que se haga en alinear las expectativas de los agentes económicos. Una es la ley de la oferta y la demanda, que relaciona precios y cantidades y que está en los cimientos del andamiaje microeconómico; y la otra la ley de los ciclos económicos (“vacas gordas” y “vacas flacas”) que dio fundamento a las políticas de estabilización macroeconómicas.
Las políticas públicas, de izquierda o derecha, que violenten estas leyes, están condenadas a padecer las consecuencias de quien tira una piedra para arriba y luego recibe su impacto en la cabeza.
El divorcio de las políticas públicas con las leyes de gravedad económica ha sido recurrente entre nosotros. Es usual que las administraciones de turno traten de resolver problemas de oferta y/o demanda trabajando sobre las cantidades e ignorando los precios, lo que termina por desencontrar la producción y el consumo y exacerba la especulación y los mercados informales. Pero también ha sido común que en vacas gordas se instrumentaran políticas pro-cíclicas, en disidencia de lo que se enseña en los libros de la disciplina, y en contra del consejo que José, en el Génesis bíblico, le diera al faraón de Egipto.
En todos estos años de precios favorables para nuestros productos de exportación, trabajando para la coyuntura política y el corto plazo, el Gobierno de los Kirchner sumó controles, retenciones y políticas de cantidades, que han ignorado el efecto precio; a su vez, alentó políticas fiscales pro-cíclicas para incentivar el consumo interno profundizando problemas de inequidad distributiva.
¿Recuerdan las veces que se ha anunciado la formación de un fondo anticíclico? Nuestros vecinos de la cordillera, los chilenos, sin declamarlo, han constituido su fondo soberano con los ingresos extraordinarios que les proporcionó el cobre. Acumularon 20.000 millones de dólares con excedente fiscal.
Si en Argentina hubiéramos comprado dólares del excedente comercial de estos años con pesos del excedente fiscal, habríamos generado un fondo y consolidado un tipo de cambio competitivo sin desbordes inflacionarios. En cambio, compramos los dólares con emisión monetaria, y usamos el excedente fiscal para financiar un festival de subsidios que benefició más a los ricos que a los pobres.
La prodigalidad en tiempos de bonanza explica el manotazo a los ahorros privados (fondos de pensión) para paliar la escasez que sobrevendrá, aunque la desesperación no llevó a medir las consecuencias adversas de la medida.
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