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Discurso sobre holdouts

[ 0 ] 18 abril, 2016 |

por Pablo Tonelli(*)

TONELLI - Ursula BartonSr. Presidente (Monzó).- Tiene la palabra el señor diputado por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Sr. Tonelli.- Señor presidente: al tiempo de la sanción de la Constitución Nacional, en 1853, nuestro país ya enfrentaba el primer default o cesación de pagos de nuestra historia.  Se trataba de la famosa deuda contraída con la Baring Brothers, de Londres.

Seguramente influenciados por esa circunstancia, los constituyentes de 1853 incluyeron entre las atribuciones del Congreso Nacional la de arreglar la deuda externa.  Eso es lo que estamos tratando de hacer hoy; es decir, arreglar la deuda externa, ejerciendo para ello esa atribución que nos confiere la Constitución Nacional sancionada en 1853.

Esta deuda tiene una historia que no voy a recordar en su totalidad porque los diputados ya la conocen.  No obstante, voy a señalar un punto esencial: la deuda que queremos arreglar ha sido reconocida en una sentencia judicial que está firme y que definitivamente no es susceptible de recurso alguno.

Por otra parte, esa sentencia fue dictada en una jurisdicción extraña a la Argentina ―la ciudad de Nueva York― porque nuestro país se sometió voluntariamente a ella para dirimir cualquier conflicto derivado del cumplimiento del pago de los bonos que finalmente no fueron abonados.  Es decir que estamos frente a una deuda externa originada en una sentencia que no es susceptible de recurso alguno.  No queda más remedio que cumplir esa sentencia.

La otra alternativa, a la que me voy a referir más adelante, es definitivamente inaceptable.

Para cumplir con esa atribución que la Constitución Nacional nos confiere y que es la de arreglar la deuda externa y solucionar este problema que ciertamente hemos heredado, hay una norma legal que lo impide y que es la denominada ley cerrojo, que prohíbe al Congreso Nacional negociar o acordar el pago de la deuda.

En su momento esa ley pudo haber estado justificada frente a una negociación para salir del estado de cesación de pagos y acordar un canje de bonos con los acreedores.  Pudo haber sido correcta transitoriamente, pero no cabe duda de que no puede regir sine die porque no es posible que tenga vigencia para siempre una ley que cercena al Congreso una atribución conferida por la Constitución Nacional.  En esas circunstancias la norma legal se torna claramente inconstitucional.

De manera tal que la derogación de la llamada ley cerrojo es imperativa.  Ese es uno de los puntos que resuelve el proyecto de ley en consideración.

Para poder llegar a ese arreglo de la deuda externa que el país enfrenta, también tenemos que derogar otra norma legal, que es la denominada ley de pago soberano.  En su momento votamos en contra de la sanción de esa norma, luego de brindar extensas y frondosas explicaciones que fueron desoídas por el oficialismo de turno.  Esa ley constituyó claramente un ardid para intentar eludir el pago de aquella sentencia judicial firme.  Pero de nada sirvió la norma.

Además, esa ley era un ardid con el cual se intentaba engañar al tribunal al que el país se había sometido voluntariamente y en el que había litigado durante años, porque la situación de default o cesación de pagos de la que se quiso salir mediante la sanción de esa norma subsiste y se agrava día a día como consecuencia del incumplimiento de la sentencia.  Esto hace que diariamente el país vea incrementada esa deuda con intereses notoriamente elevados.

De manera tal que la derogación de ambas leyes es imperativa.  Afortunadamente creo que sobre esto no hubo discusión y que todos los bloques estamos de acuerdo en la necesidad de hacerlo, tal como lo propicia el proyecto de ley en consideración.

En cambio, las divergencias han surgido a la hora de resolver el problema de esa deuda que el país enfrenta.  El gobierno ha negociado con los acreedores y ha llegado a una solución que nos parece satisfactoria y razonable, además de adecuada a las circunstancias y a la ley que rige en estos casos.

Sin embargo, algunos bloques han expresado respecto de este arreglo objeciones de dos índoles diferentes.  En algún caso simplemente se ha propuesto no cumplir la sentencia y no pagar, lo que desde mi punto de vista constituye un verdadero disparate; no encuentro otro calificativo respecto de esto.  Es imposible no cumplir la sentencia porque ello significaría alejarnos del mundo civilizado.  En otras palabras, eso implicaría renunciar al mantenimiento de relaciones comerciales con los demás países, es decir, a exportar e importar y a obtener financiamiento barato y a largo plazo en el exterior, manteniendo solamente la posibilidad de endeudarnos a corto plazo y pagando tasas de interés altísimas.  En consecuencia, esto queda absolutamente descartado.

La otra objeción que se ha expresado en este recinto es que el arreglo al que se ha arribado no es el mejor posible y que se podría haber negociado mejor, es decir, se podrían haber obtenido mayores y mejores quitas.  Curiosamente esa objeción la han formulado quienes nos han dejado el problema y se han pasado años sin resolverlo, dejándonos como herencia esta sentencia impaga.

Entonces, realmente, que aquellos que durante años no supieron resolver el problema, nada hicieron para solucionarlo y dejaron que corrieran esos intereses leoninos que perjudicaron al país, ahora vengan a decir que el arreglo que negoció el gobierno no es el mejor, suena un poco impertinente.

Posiblemente el acuerdo no sea el mejor de todos o el más perfecto.  Seguramente puede ser mejorable, pero que esta cuestión la señalen y la objeten quienes nada hicieron para solucionar el problema, para cumplir la sentencia y para sacar a la Argentina de la cesación de pago, es algo impertinente como ya he dicho.

Desechadas las dos objeciones, por lo que acabo de expresar, la única alternativa razonable para que el país retome la senda del crecimiento y la prosperidad consiste en aceptar el arreglo al que arribó el Poder Ejecutivo, cumplir con nuestra obligación de arreglar la deuda externa y darle a la Argentina una nueva posibilidad para crecer, desarrollarse y que nuestro país tenga futuro. (Aplausos en las bancas.)

(*) El autor es Diputado Nacional (PRO)

(**) La imagen es de Ursula Barton

Categorias: Columnistas, Opinión, Pablo G. Tonelli

Perfil de Pablo Tonelli: Ver Perfil.

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