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Diez consideraciones sobre el proyecto de blanqueo

por Alfredo Gutiérrez Girault (*)

giraultEl Poder Ejecutivo ha enviado al Parlamento un proyecto de ley ómnibus que contiene como pilares fundamentales: i) un conjunto de medidas para cancelar las deudas que el Estado mantiene con los jubilados y cerrar los juicios en curso y ajustar los haberes que podrían ser litigiosos acorde la Ley  ii) un régimen de exteriorización de activos no declarados (vulgo blanqueo). Esta segunda medida era previsible por diferentes razones, tanto de orden interno cuanto internacional. A continuación 10 consideraciones, una suerte de decálogo, para contribuir a entender esta parte del proyecto y sus implicancias.

1. El blanqueo le conviene al gobierno: puede aportar entre 3,0 y 5,0 mil millones de dólares (0,75% del PIB) en el resto del 2016, según el monto que se exteriorice (las estimaciones oscilan, en un amplio rango, entre 10,0 y 40,0 miles de millones, lo que es un reflejo de lo resbaladizo del tema).

2. Además, eleva la base imponible, tanto del Impuesto a los Bienes Personales (en vías de extinguirse), como para el Impuesto a las Ganancias en futuros ejercicios fiscales.

3. El blanqueo resulta atractivo a quienes se acojan, ante el “riesgo” que implican los tratados de intercambio de información, en particular si sus activos están en Europa. En el caso de quienes tengan sus activos en EE.UU., las opiniones están divididas.

4. La cifra que efectivamente “ingrese” al país será menor al total exteriorizado: las propiedades (departamentos en Miami, Viña del Mar o Punta del Este) no pueden trasladarse. Y los capitales en acciones, bonos, fondos de inversión ingresarán solo en parte, por al menos dos razones: i)  ingresarlos, suscribiendo un bono nacional, implica una concentración de riesgo en un solo activo, que se contrapone al principio de diversificación, regla de oro de un portafolio de largo plazo; ii) el eterno riesgo argentino, dada la volatilidad jurídica e institucional. A favor del “ingreso”: la ventaja impositiva que tendría la renta futura de los bonos nacionales vis a vis las colocaciones en el exterior.

5. El impacto “reactivante” sobre la economía argentina dependerá del mix que quienes se acojan elijan entre las distintas opciones disponibles en el marco de la nueva ley. En principio tendrán efecto expansivo: i) lo que ingrese con suscripción de bonos nacionales en la medida que no se use para sustituir otras fuentes de financiamiento ya previstas; y ii) los recursos que se orienten a fondos fiduciarios y fideicomisos destinados a vivienda, proyectos de energía, etc.

6. No existirá, al menos inicialmente un efecto importante sobre el tipo de cambio. Y es posible que sea un factor de aumento de reservas.

7. No debe descartarse se declare un monto significativo de activos “ocultos” en el país, tanto propiedades cuánto dinero líquido. A este último va dirigida la facilidad de un monto exento de penalidad (aunque es poco probable que los destinatarios acepten inmovilizarlo el tiempo exigido por la norma)

8. Este será el “último” blanqueo, si y solo si el nuevo paradigma institucional, político, económico y social es exitoso en orden a crear institucionalidad, garantizar seguridad jurídica y construir una moneda confiable. La enorme masa de fondos evadidos se debe, entre otras cuestiones, a la ausencia de una moneda confiable que obligó a los argentinos a ahorrar en moneda extranjera, aún al costo de infringir normas cambiarias (comprando en mercados “marginales”) y tributarias (ocultando esos activos al fisco).

9. Existe el riesgo que durante el tratamiento parlamentario el proyecto mute, se introduzcan alternativas fantasiosas a los fondos exteriorizados y/o se pretenda avanzar sobre los ingresos fiscales que aporte. Este es un tema hoy abierto.

10. En balance, el blanqueo no es una panacea o una bala de plata –y en eso se diferencia con las privatizaciones de los 90–. Es un instrumento necesario para la normalización de la economía nacional, más allá de la inequidad que implica para con los contribuyentes cumplidores.  Esperemos que su producido sea utilizado con sabiduría.

(*) El autor es Economista

(**) La pintura es de Karon Melillo DeVega

Categorias: Alfredo Gutiérrez Guirault, Columnistas, Opinión

Perfil de Alfredo Gutierrez Girault: Ver Perfil.

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