Crisis internacional y la Argentina
Por Alfredo Gutiérrez Guirault
Estados Unidos en particular y el mundo desarrollado en general, parecen estar encerrados a oscuras en una habitación buscando la salida y, al mismo tiempo, tratando no chocar con ningún obstáculo. Sin embargo, las medidas que se suceden pareciera que no alcanzan a conjurar la crisis.
La turbulencia financiera en que quedó inmersa la primera economía del mundo tiene numerosos precedentes, no solo la crisis de 1929 en los propios Estados Unidos sino la de España (1977/85), Japón en los 90, México (Tequila, 1994), Tailandia, Malasia (ambos a mediados de los 90), etc (sin olvidar las nuestras..). Todas ellas fueron prolongadas, todas tuvieron un alto costo fiscal (15% del PBI como mínimo) e impactaron en el camino de crecimiento de esos países.
La crisis internacional actual se ha profundizado, propagado y prolongado más que lo que pudo presumirse cuando se desencadenó. Durante todo el 2008 se han observado señales de desaceleración del crecimiento de la economía mundial en general y de la Latino América en particular, que desafían la teoría de la inmunización y que, seguramente, se profundizarán en el último trimestre del año. Para Argentina, esa desaceleración también impactará tanto a través del canal comercial –que afectará en términos de precios y de cantidades a las exportaciones– cuanto por el canal financiero.
Concretamente, el descenso de los precios de las commodities, la reducción del crecimiento de la economía mundial, la apreciación del dólar frente a las monedas de nuestros vecinos y un mundo más selectivo y más adverso al riesgo a la hora de elegir el destino de sus inversiones provocarán en Argentina, por lo menos, los siguientes efectos:
- Disminución del superávit de cuenta corriente;
- Reducción del superávit fiscal;
- Desaceleración en el crecimiento de la economía;
- Descenso en los precios de algunos activos reales y
- Menor flujo de inversiones.
Es cierto que los superávits fiscal y de cuenta corriente otorgan cierto margen. Pero dada las características del ajuste en la economía mundial -cuya duración realmente no se conoce- indica que el margen de esos superavits debe ser preservado y fortalecido. Una reducción del ritmo de crecimiento del gasto público sería una señal importante.
No debe subestimarse, tampoco, el efecto de la crisis sobre el canal financiero. La crisis bancaria en Estados Unidos afecta fuertemente las condiciones de liquidez de los mercados: la preferencia por la liquidez y el vuelco a la calidad (en este caso los Bonos del Tesoro norteamericanos y similares) dominan el escenario y ello provoca una gran desintermediación. Por otra parte, no debemos descartar que las casas matrices de empresas radicadas en Argentina, en la medida que tengan dificultado su acceso al financiamiento y recortada su liquidez, decidan trasladar el ajuste a sus subsidiarias.
Este fenómeno afectará a empresas que enfrenten vencimientos más cercanos del principal y a los sectores más capital intensivo, que dependen fuertemente del financiamiento para expandir su producción.
También se verán afectados los sectores cuya actividad se concentra en productos de alta elasticidad al ingreso. Por ejemplo, si ante la crisis internacional los argentinos deciden postergar compras inducidos por una suerte de “efecto pobreza”.
Finalmente, será necesario monitorear el efecto de la crisis en Brasil, por las implicancias que la desaceleración en el crecimiento de nuestro vecino podría tener en la economía argentina.
En este contexto, la apertura de una negociación con los outholders y el comienzo de una negociación con el Club de París son dos señales positivas más allá de los problemas instrumentales que aparezcan.
La caída de los precios de las commodities y la necesidad de reemplazar los dólares comerciales por dólares financieros quizás esté en el corazón de la nueva estrategia. Claro que ello requerirá un manejo armonioso de otras variables, fundamentalmente, el gasto público y los salarios.
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