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Crear valor, deporte de riesgo y azar

[ 0 ] 4 junio, 2008 |

Por Roberto Starke

La política tiene como objetivo cambiar la realidad de acuerdo con los valores que creemos necesarios y justos. Frente a este desafío, los empresarios enfrentan un dilema: ajustarse a los tiempos -y sacar provecho de ellos- o  cambiar, aunque sea parcialmente, la realidad para acercarla a los valores en los que creen. Esta segunda alternativa implica dejar de ser empresarios y convertirse en hombres públicos, con todo lo que esto significa.

Involucrase en lo público, y por lo tanto en la política, significa captar la lógica de la política, que es diferente de la de la empresa. La política es el ejercicio de convencer con una meta. En política los resultados no surgen de imponer la voluntad en una estructura vertical que apunta a aumentar la renta en beneficio de la organización. En la política los resultados hay que buscarlos adaptándose muchas veces a las circunstancias, dando por aceptados ciertos hechos que en otras circunstancias probablemente no aceptaríamos. En suma, sometiéndonos a la lógica de los fines más que a la de los medios.

Esto significa operar y trabajar casi todo el tiempo con una “lógica  sin lógica”, que yo llamo “la del corte de luz en la escalera”. Supongamos que estamos bajando las escaleras de un edificio y se corta la luz. La lógica indica aceptar que está oscuro y bajar lentamente, tantear las paredes, avisar en los recodos. En síntesis: tratar de no trastabillar.

Como dijo Perón en el editorial del primer número de Las Bases: “La única verdad es la realidad y hay que operar de acuerdo a esto”. Por eso, para pensar en la política argentina, hay que asumir supuestos que muchas veces no están a la vista.

El primero de estos supuestos es que la historia del poder en América Latina es la historia del control del Estado y de la intervención de este en la economía y los negocios. Esto, inevitablemente generó elites de burócratas y de hombres de negocios intercambiando favores e influencias. Las conductas mercantilistas de muchos de nuestros hombres de negocios no son la consecuencia de que son intrínsicamente egoístas y perversos, sino de una tradición histórico-cultural.

El desafío es promover mecanismos que achiquen la discrecionalidad del Estado y en esto suscribo la teoría económica liberal que indica que es mejor que los empresarios se controlen entre ellos mediante mecanismos de competencia o marcos regulatorios acotados y eficientes.

Pero quiero ser muy enfático con respecto a un punto: los marcos regulatorios son no sólo necesarios sino esenciales entre otros motivos por el factor cultural que acabo de describir y que tiene plena vigencia.

La plata arriba de la mesa

Existe otro supuesto que se torna en una lógica muy propia de nuestra cultura que es la de ver algo y simular que no existe y de esa manera permitir que siga pasando. Esto, que tiene parte de pensamiento mágico y parte de picardía, complica muchas cosas pero afecta específicamente la institucionalidad del país.

El dinero es fundamental en política. Eso es así desde el inicio de la historia y nadie lo reflejó mejor que el político norteamericano Joseph Unruh cuando declaró que el dinero es la leche materna de la política.

Mi opinión es que además del apoyo “institucional” obligado al candidato que va a ganar y que en general es el candidato que los empresarios no quieren debería existir otro apoyo. Por eso creo que los empresarios deberían organizarse para financiar seriamente a políticos que en el corto, mediano o largo plazo pueden convertirse en representantes reales de sus intereses y en interlocutores legítimos de muchas de sus iniciativas.

La utilidad de involucrarse

En la actualidad muchos políticos tienen para mostrar logros personales obtenidos en la actividad privada o en algún otro tipo de actividad diferente de la política. Miremos el caso de los candidatos a la presidencia en los Estados Unidos. En Arkansas, litigar contra Hillary Rodham era tener un problema; Barack Obama es un exitoso abogado que movilizó cientos de causas sociales antes de ser un líder político. John Mc Cain es un héroe de guerra que estando prisionero del Viet -Cong organizó a sus compañeros detenidos y negoció la convivencia con los captores, con el barro hasta la cintura.

En Argentina, muchos empresarios que ya resolvieron su economía personal se dedican a jugar al golf o en el mejor de los casos, a participar en el directorio de una ONG. Creo que el principio de un cambio consistiría, por ejemplo, en que muchos empresarios y empresarias resolvieran que actuar en política es un aporte concreto al país, que si sucede de manera organizada puede representar un avance no sólo en la discusión de los valores que representan sino en la misma constitución social y profesional de la política. Es involucrarse con una sociedad, representa más que un compromiso personal.

Una apuesta posible para esto es generar semilleros de dirigentes y más importante aún, promover que la política sea la última instancia profesional de muchos dirigentes empresarios exitosos. Y ustedes dirán: “Estamos organizados en cámaras y asociaciones como esta”. En mi opinión  los empresarios deben encontrar una instancia superadora de la organización para la defensa de valores y principios generales o de la de instituciones cuyo perfil es evidentemente corporativo y de “lobby”.

Los empresarios deben dar la pelea por la instalación en la Argentina del espíritu empresario y de la necesidad de expandir el capitalismo. Intervenir sobre la cultura requiere voluntad, planificación a largo plazo, políticas concretas como la formación de tanques de ideas que promuevan posiciones políticas sin culpas y con valentía y, como decía, la formación de un núcleo duro de voceros y líderes que se atrevan a internarse más allá de los cómodos círculos propios que seduzcan, que provoquen, que discutan con los sectores sociales que piensan que ser empresario, que generar riqueza, no es motivo de orgullo sino de vergüenza.

La verdadera Responsabilidad Empresaria requiere fijar un objetivo, que en mi opinión es la previsibilidad, nada menos, un proyecto de poder a mediano y largo plazo, una estrategia de comunicación y, como dije, gente encendida que esté dispuesta a hacer que algo suceda. Lo demás es brochure, coffe break, y quejarnos “de que todo es un horror”.

En suma, que muchos empresarios se animen a decir públicamente que van a participar en la vida pública, no en defensa de la patria, de los próceres y de grandes ideas románticas, sino para lograr el objetivo modesto de que crear valor y ser empresario, es una responsabilidad que si bien es percibida como legítima por ese pequeño núcleo, no se ha logrado aún que incluya el listado de lo “políticamente correcto”. Esta es algo más que una tarea. Se trata de toda una “empresa”.

*El autor es Profesor de la Universidad Austral y UCEMA.

<b>Por Esteban Bullrich</b>

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Categorias: Opinión, Roberto Starke

Perfil de Roberto Starke: Ver Perfil.

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