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La seguridad no tiene ideología

[ 0 ] 25 marzo, 2009 |

Por Hugo Martini

El interés por la inseguridad es, en primer lugar, un hecho policial para transformarse, después, en un fenómeno político. El primer costado tiene, a nivel popular, una mezcla inmensa de miedo y curiosidad.

El lado político es más complejo. El interés por el problema de la inseguridad está como asignado a la derecha, de la misma manera que la justicia social sería parte de la sensibilidad de la izquierda. Si esta clase de supuestos fueran ciertos la sociedad no tendría conflictos: nos bastaría con imaginar frases elementales e ingeniosas para vivir felices.

Miles de personas salieron a la calle el miércoles 18 de marzo pasado para protestar por falta de seguridad personal. Habría que poner esta movilización en el marco de un contexto más amplio.

  1. El número de personas que se movilizaron ese día no fue realmente importante. El argumento es, entonces, que el problema no parece tan serio. Si la variable de ajuste es la calle, entre mayo y julio de 2008 el gobierno debió haber derogado la Resolución 125 –antes del voto de Cobos- porque la cantidad de gente que pedía esta derogación, en la calle, era tres veces mayor de los que querían mantenerla.
  2. Los delitos contra las personas aumentaron entre 2003 y 2007, cada 100.000 habitantes, porcentualmente, de 579 a 697 (Estadística oficial de la Dirección Nacional de Política Criminal del Ministerio de Justicia). Es un poco difícil imaginar un argumento que pueda defender la gestión oficial en los últimos años.
  3. Una distinguida miembro de la Corte Suprema tiene una opinión distinta a lo que dice la estadística. La Jueza Carmen Argibay declaró el último lunes 23 de marzo que la inseguridad es “exagerada e inflada por los medios de comunicación”. Es curioso, pero se ha extendido como una epidemia la idea de que los medios tienen casi siempre la culpa de todo. Los medios serían la última versión del culpable argentino, casi una ficción borgiana.
  4. Sin embargo, el tema que más le preocupa a la gente, por encima de cualquier otro, es la sensación de inseguridad. La estadística dice: inseguridad 29%, desempleo y educación 14%, pobreza 12% y corrupción 10%.  (Índice General de Expectativas Económicas – Universidad Católica Argentina y Gallup – febrero 2009).
  5. Mientras tanto, como en un espejo que refleja imágenes distorsionadas se discuten tres temas, muy importantes, que han atrapado el interés del debate: (a) adelanto en la fecha de las elecciones nacionales, (b) política agropecuaria y (c) ley de radiodifusión.
  6. El diario La Nación publicó entre el 4 y 7 de enero pasado una investigación sobre cuatro ciudades: Medellín, Nueva York, Johannesburgo y Londres que mostró casi los mismos resultados exitosos contra la inseguridad. El interés de la muestra radica en que se realizó sobre historias, culturas y realidades socio-económicas de ciudades completamente distintas. La receta no es única pero persigue dos objetivos: (a) programas de inclusión social y empleo entre las poblaciones marginadas, que incluye un combate abierto a la comercialización de drogas ilegales y (b) reconstrucción del sistema policial no solo para que tenga mayor capacidad de prevención y respuesta sino, especialmente, para extirpar de sus cuadros la corrupción. Estas agendas –legitimadas por el poder político- son diseñadas y ejecutadas por profesionales que no muestran el éxito o esconden el fracaso bajo el paraguas de la ideología.
  7. La seguridad en la Argentina, en la agenda del gobierno y la oposición, pareciera que puede esperar la resolución de los grandes temas macro políticos. Mientras tanto, en muchos barrios de las grandes ciudades, las mujeres y los hombres de carne y hueso no están seguros ni en el interior de su casa.

Dentro de tres meses habrá elecciones. Es probable que en medio del entusiasmo de la campaña, la urgencia por cumplir la agenda de los candidatos y la demanda de anuncios de alto impacto se olvide la situación social real de los que serán obligados a votar.

El debate entre “izquierda sensible” y “derecha represora” –que paraliza la solución del problema- se parece a un refugio de incompetentes que no saben qué hacer, precisamente, con el problema. Es, también, un escape frívolo para no enfrentar la realidad

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Categorias: Cartas Anteriores, Hugo Martini, Opinión

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