El blanqueo y la mujer de César
Por Hugo Martini
La Cámara de Diputados aprobó esta semana el proyecto enviado por el Poder Ejecutivo llamado paquete anticrisis que incluye –entre otros temas- blanqueo de capitales y moratoria. La oposición ha observado que, en el acto de votar, el artículo referido específicamente al blanqueo de capitales fue aprobado por solo 128 diputados. Argumentan que el mínimo exigido es de la mitad más uno de la totalidad de los miembros de la Cámara o sea, 129 votos. El presidente de la Cámara entendió lo contrario o sea, que no se necesitaba una mayoría especial y dio por aprobado el artículo cuestionado.
El problema es más importante que la discusión abierta entre distintos especialistas en derecho constitucional o el recuerdo de otros escándalos parlamentarios a los que los medios han dado amplia cobertura. El problema se vincula, esencialmente, al prestigio de la dirigencia política. Porque lo que está más allá de cualquier duda es que ha vuelto a funcionar la máquina –una de las pocas que en la Argentina no fallan- del “nada importa, todo vale”.
Encuestas reiteradas indican que mayoría de la sociedad no le cree a su dirigencia política. El hecho de que la siga votando es muy complejo, no es analizado en esta Carta y, probablemente, tenga como destino el análisis psiquiátrico. Pero comparado con todos los casos anteriores éste muestra una novedad: la sospecha no es un descubrimiento posterior como en los casos del llamado “diputrucho” o las coimas en el Senado, sino que es simultáneo con el hecho cuestionado. Incluso anterior, porque los diputados Oscar Aguad (UCR-Córdoba) y Adrián Pérez (Coalición Cívica-Buenos Aires) advirtieron, antes de votar, que se necesitaba la mayoría especial de 129 votos.
En este caso, no solo funcionó el “nada importa, todo vale”, tampoco importaron las apariencias.
Un romano, llamado irónicamente Pulcro, dueño de una gran fortuna, ingresó disfrazado a la casa de Cesar tratando de enamorar a su mujer Pompeya. Cuando fue descubierto y condenado, Cesar, que no dudaba de su mujer, expresó la conocida sentencia: no basta que la mujer del César sea honesta, también tiene que parecerlo.
Como en tantos hechos de estos días los males no son nuevos ni fueron inventados por el actual gobierno. La importante diferencia, es que su repetición parece forzar los límites del colmo.
La mayoría de los diputados que, de cualquier manera convalidaron el proyecto, olvidaron dos cosas: (a) que la vigencia de las leyes no debería, nunca, estar sujeta a una votación cuya legitimidad es cuestionada y (b) que algún día serán minoría.
Uno de los fenómenos más notables de la política argentina es la velocidad que ha tomado el desarrollo de los acontecimientos. Basado solo en la experiencia de los últimos 20 años no es conveniente, para nadie, suponer que el ejercicio del poder actual es una de las formas de la eternidad.
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