Catamarca, los medios y la oposición
Por Hugo Martini
¿Qué hubiera pasado si antes, durante y después de la elección de Catamarca hubiéramos tenido solo la información del gobierno? Si no hubiera existido el otro lado de la noticia. Si, independientemente de la versión oficial, no hubiesen actuado otros medios de comunicación y sus periodistas a través de diarios, radio, televisión o Internet.
La elección de un enemigo concreto –Clarín- y del resto de los medios en general no es un paso menor. “Matar el emisario” no es una tontería: es apagar la luz y es quedarse con el control de la llave que puede volver a prenderla.
El ataque verbal a la libertad de prensa podría continuarse con la política de ahogar económicamente a los medios, sin necesidad de ninguna nueva ley de radiodifusión. Al fin de cuentas la independencia es, siempre, un acto de audacia sostenido con recursos.
Catamarca –como Misiones en octubre de 2006- es la combinación de un error de cálculo de Néstor Kirchner y su brutal contradicción con la realidad. Pero la oposición debe saber que el que se equivocó ahora puede, aún, rectificar el error. Un año exacto después de la derrota en Misiones este mismo dirigente llevó a Cristina a la victoria con el 45% de los votos. Este es un dato para tener en cuenta, sin perjuicio de admitir que los tiempos son otros y que el proceso de desgaste parece irreversible.
La enseñanza que la oposición debería aprender del resultado de Catamarca no es que Kirchner puede ser vencido. La mejor enseñanza es no desesperar para estar unidos, porque igual pueden tener éxito manteniendo sus diferencias. El tema no es festejar la división sino aceptarla como una realidad.
El ejemplo histórico mas notable es el proceso político que vivió la Argentina en la última mitad del siglo XIX. Los dirigentes que gobernaron en ese tiempo se parecían entre ellos pero en muchos temas pensaban distinto. Por ejemplo: el carácter laico o religioso de la educación, el sistema electoral o cuál iba a ser la capital del país. Pensaban tan distinto que llegaron a enfrentarse militarmente. En realidad los unía solo un objetivo no negociable: la idea audaz de construir un país en medio de un desierto. Esta idea era como un club, del que todos eran socios.
La idea que une ahora a la oposición dispersa es la defensa de las instituciones democráticas. La democracia es un club. Todos creen que si llegara lo peor, como en 2001, la idea de legalidad y la resolución de conflictos pasarán, necesariamente, por el Congreso y los gobernadores provinciales. No es poco este consenso sobre la democracia, considerando la sucesión de golpes de Estado entre 1930 y 1983.
Defender la libertad de prensa y sostener la democracia deberían ser los mensajes de Catamarca. Al fin de cuenta la democracia es como un combo: sale con libertad de prensa, o se paga otro precio.
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