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Balotaje en Colombia: ¿una nueva grieta en América?

[ 0 ] 13 junio, 2018 |

por Gabriela Chamorro (*)

CHAMARROEl pasado 27 de mayo Colombia vivió una votación histórica. Fue la primera vez en más de 50 años que los ciudadanos concurrieron a las urnas para elegir a su próximo presidente en un clima de paz, luego del acuerdo sellado entre el gobierno del actual presidente Santos y las Fuerzas Armadas Revolucionarias con Colombia (FARC) para terminar con el conflicto. La asistencia fue récord: el 53% de la ciudadanía participó de los comicios, 6 millones más que en la primera vuelta de 2014,  en un país donde el voto es facultativo.

El escenario fue ocupado por los derechistas Iván Duque (Centro Democrático) y Germán Vargas Lleras (Mejor Vargas Lleras pero recostado sobre el partido Cambio Radical); por la izquierda de Gustavo Petro (Colombia Humana); y el centro moderado de Sergio Fajardo (Compromiso Ciudadano) y Humberto de la Calle (Partido Liberal).

En la primera vuelta ninguno de los aspirantes obtuvo más del 50% de los votos necesarios para alzarse con una victoria.  Iván Duque obtuvo el 39,14% de los votos, Gustavo Petro el 25,09%. El tercer lugar fue para Sergio Fajardo con 23,73%, y el cuarto para Germán Vargas Lleras, con el 7,28% de los votos. En quinto lugar, Humberto de la Calle, obtuvo el 2,06%.

Que nos deja este cuadro?

-Por primera vez la izquierda representó una opción democrática. En el pasado, las expresiones de este sector debían cargar con una cercanía ideológica con la guerrilla, un límite que el electorado nunca traspasó. Hoy, el ex alcalde de Bogotá y miembro del M-19 Gustavo Petro recogió gran parte del voto descontento con la política tradicional, en un país donde un puñado de familias gobiernan desde hace décadas.

-Lo anterior colaboró con la polarización (¿la grieta colombiana?) que el país vive desde hace unos años, provocada en parte por las posiciones frente al acuerdo de paz y la forma en la que este desmovilizó, juzga y busca reincorporar a los ex combatientes. La omniprescencia de Alvaro Uribe como referente obligado de la centro derecha, su fuerte discurso políticamente conservador pero liberal en lo económico y su férrea crítica al acuerdo de paz, dejan la mesa puesta para una lógica dicotómica.

-En este escenario surgió potente Sergio Fajardo, eficiente y honesto ex alcalde de Medellín, con un discurso moderado, anticorrupción y superador de las diferencias. Si bien las encuestas no lo favorecieron en los meses previos, pocas semanas antes de los comicios inició un repunte que lo dejó a menos de 300.000 votos de la segunda vuelta, ganando apoyos en sectores medios y altos, urbanos y profesionales que también expresaron su descontento con la política tradicional y vieron en este profesor de matemáticas una opción de peso. Si superaba a Petro, su alta favorabilidad hubiera reunido a todo el espectro de centro e izquierda, con serias posibilidades de alzarse con la Presidencia.

-Los partidos tradicionales están en crisis. Los liberales -el partido más importante en las últimas décadas-  hicieron la peor elección de su historia. Los conservadores, que no presentaron candidatos en ninguna de las ultimas elecciones, jugaron divididos con Duque y con Vargas Lleras, en ambos casos en un rol secundario. Cambio Radical, por último, no logró movilizar su aparato a favor de Vargas.

En los días que corren, Iván Duque y Gustavo Petro deberán convencer a los 7 millones de colombianos que no los votaron en la primera vuelta. Ambos han amenizado sus posiciones extremas en busca del centro fajardista, que probablemente vote en blanco o directamente no concurra a las urnas.

Duque busca eliminar los miedos del electorado respecto a su inexperiencia y a su dependencia de Uribe, que como muchas figuras en la región despierta amores y odios en partes iguales. Petro desea alejar el fantasma de su cercanía con el régimen venezolano y dar pruebas que respeta la propiedad privada, y que su estilo no es autoritario, como muchos sostienen a la luz de su experiencia en la alcaldía de Bogotá.

El 27 de mayo, la mayoría de los colombianos expresaron la necesidad de un cambio frente a la estructura política tradicional. El 17 de junio deberán decidir si el país se mantiene dentro de los estándares políticos y económicos de las últimas décadas, pero con un presidente joven y técnicamente sólido o da un vuelco hacia prácticas desconocidas en Colombia. La región mira atenta.

(*) La pintura es de Antony McAulay

Categorias: Columnistas, Opinión

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