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Ajustes por todos lados, mas allá de las palabras

[ 0 ] 11 enero, 2012 |

Por Juan Carlos de Pablo (*)

En Grecia, Italia o España lo calificarían como ajuste, agregando que abrupto, múltiple y simultáneo. En Argentina, no.

Me refiero al conjunto de medidas adoptadas por el Poder Ejecutivo en las últimas semanas, que incluyen la desaparición del subsidio al consumo hogareño de electricidad, gas y agua; la terminación del subsidio al trigo y maíz que cobraban productores locales de pan y pollos, respectivamente; el recorte que se va a producir en los ingresos de algunos empleados públicos; la disminución de la base imponible a partir de la cual los autos nuevos pagan 12,5% de impuesto interno, etc. Las medidas que el gobernador de Santa Cruz no pudo hacer aprobar por la Legislatura, porque los diputados de La Cámpora “se le borraron”, las aprobó por decreto, porque Mandrake no apareció para financiar el agujero. ¿Hay alguna provincia que no esté enfrentando problemas fiscales?

El secretario de transporte de la Nación niega que el gobierno esté pensando en un aumento de las tarifas urbanas de colectivos y trenes, y mi tía Carlota agrega… por ahora.

Desde el punto de vista profesional, no hay nada sorprendente en esto. Un país donde –en términos interanuales- la recaudación impositiva, aduanera y previsional en números redondos crece 30%, y el gasto público más de 40%, donde se terminaron los stocks para manotear y no parece haber voluntad de volver a los mercados voluntarios de deuda (a Dios gracias, agrego como contribuyente impositivo), es un país donde cabe esperar que ocurra “algo”.

Es exactamente lo que está pasando en estos días. La intensidad nos será revelada con el paso del tiempo, cuando lleguen a los hogares las facturas, algunos empleados públicos cobren menos, etc.

El problema lo tiene lo que ahora se denomina “el relato”. Porque gracias al “nuevo modelo de país” veníamos fenómeno, cada tanto Joseph Stiglitz volvía a visitarnos para felicitarnos, no dejábamos oportunidad de tratar de exportar nuestro modelo al resto del mundo, y ahora… esto. Y naturalmente que al relato se le opone la chicana política, como cuando el titular de la CTA afirma que “últimamente, cada vez que escucho a Cristina, me parece que lo estoy escuchando a Cavallo”.

La realidad es la única verdad, más allá de las genialidades que desde el punto de vista comunicacional el gobierno puede hacer a raíz de la intervención quirúrgica a la que fue sometida la presidenta de la Nación, las reuniones “de trabajo” que mantiene el vicepresidente de la Nación, a cargo de la presidencia, etc.

El problema básico que tiene hoy eso que algunos denominan “la economía argentina”, es que el gobierno tiene un fantástico problema de credibilidad. Porque hace las cosas que muchas personas durante muchos años le vinieron diciendo que tenían que hacer, pero las plantea con un estilo que no le envía ninguna “señal” al beneficiario de alguna de las medidas.

El subte es la anécdota, lo que no es la anécdota es cómo funciona un país cuya política económica sigue morenizada, excepto cuando no hay más remedio que adoptar otras medidas. Por un lado se anuncia que se libera la exportación de trigo nuevo, por el otro que los supermercados no podrán vender productos importados, si existen variedades producidas en el país. ¿Quién manda, en política económica? ¿Cómo tomar decisiones, en este contexto?

En estas condiciones, entrar en debates conceptuales, tipo Estado versus mercado, ajuste versus correcciones, etc., es un divertimento, al cual Contexto no se suma, para no distraer a su lector, un decisor.

2012 arrancó con todo… y no va a parar. Porque aquí de lo que se trata es de ver de qué forma un gobierno acostumbrado a un relato inverosímil, digiere una realidad que no tiene que ver con el referido relato. La realidad es que el PBI mundial está creciendo más lentamente, el PBI local –ajustado por estacionalidad- dejó de aumentar desde mediados de 2011, y encima estamos afectados por la sequía. La realidad es que, producto de la desesperación fiscal, el gobierno está tomando todas las medidas que en otros países integran los programas de ajuste. La realidad es que como lo hace con el estilo K, no supera los problemas de credibilidad y por consiguiente ningún beneficiario de alguna disposición toma esto como señal de mejora permanente… y actúa en consecuencia.

Es muy difícil recuperar la credibilidad, una vez que se perdió. Este es el contexto “estructural” en el cual debemos pensar la evolución económica de aquí a 2015.

(*) Director de Contexto (juancarlosdepablo.com.ar) y miembro del Consejo Asesor de Carta Política.

Categorias: Columnistas, Juan Carlos de Pablo, Opinión

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