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Maldita intermediación

[ 0 ] 29 septiembre, 2016 |

por Juan Carlos de Pablo (*)

De Pablo Millo.coPegarles a los intermediarios es parte del deporte nacional, deporte que parece haber recrudecido en las últimas semanas.

Rara vez productores y consumidores interactúan de manera directa. Fabricantes y consumidores de chocolate lo hacen a través de mayoristas, almacenes, quioscos o supermercados; médicos y pacientes a través de empresas de medicina prepaga; ahorristas e inversores a través de instituciones financieras; compradores y vendedores de autos usados, a través de concesionarias; compradores y vendedores de inmuebles usados, a través de inmobiliarias, etc.

Nada de esto es obligatorio. A la vera de muchas rutas se venden mandarinas, queso y huevos caseros; inmuebles y autos tienen colgado el cartelito de “dueño vende”; y hay personas que colocan sus ahorros entre sus parientes y amigos.

La intermediación, entonces, es una vía que se utiliza de manera voluntaria.

Volvamos a lo de deporte nacional. ¿Quiénes hablan mal de la mamá de los intermediarios? A coro, quienes ocupan las puntas en el proceso. Fabricantes y consumidores de manzanas; médicos y pacientes; etc. ¿Cuál es el motivo de queja? La distancia que existe entre el precio que recibe el productor y el que paga al consumidor. Ejemplo: medicina prepaga: el médico se queja por lo poco que le pagan, y la demora en cobrar, y el enfermo por todo lo que tiene que pagar.

¿Por qué los costos de intermediación son tan altos?

Una  manera de averiguarlo, la preferida por los economistas, consiste en reducir lo más posible los costos de entrada, de manera que aumente la oferta de intermediación y se reduzca el margen. Si ello ocurre, quiere decir que los costos de intermediación eran altos precisamente por las trabas existentes a la instalación de nuevos intermediarios. Si no ocurre, quiere decir que se deben a otras razones.

Razones atendibles: los impuestos que pagan los intermediarios, los costos de transporte, los alquileres, etc. Razones menos atendibles, pero que pueden ser bien reales. Que los actuales intermediarios impiden por la fuerza la instalación de nuevos intermediarios (ejemplo: incendian los camiones de quienes quieren llevar sus productos directamente a los consumidores).

La manera menos preferida por los economistas, aunque planteada de manera entusiasta por los periodistas y muchos titulares de asociaciones de defensa de los consumidores, se basa en la intervención estatal. Pidiéndole a los intermediarios que provean información, detallando cómo se compone la distancia entre los 2 precios; fijando por ley o decreto los márgenes máximos de comercialización; cuando no creando canales directos de comercialización, como ferias o equivalentes.

¿Por qué son las menos preferidas por los economistas? Porque la historia muestra la frecuencia con la cual reguladores y regulados colisionan, en vez de solucionar el problema para el cual se pidió la intervención estatal.

Uno esperaría que con la reducción de los costos de transporte y comunicación, se abaratara el servicio de intermediación. Lo que ocurre es que esta es una de las variables que intervienen en el proceso, la aglomeración es otra. Cuando muy pocos tenían auto el barrio era esencial, porque la vida se desarrollaba caminando. En estas condiciones el médico era el vecino (uno se enteraba de su existencia, por la chapa que había colocado en la puerta de su casa), y lo que pagaba el paciente era el ingreso del facultativo. Hoy elijo médico en base a una cartilla, que me la proporciona la prepaga a la cual estoy abonado (¿se imagina hoy, en la ciudad de Buenos Aires, ir buscando un médico caminando por la calle?).

Me quedo con la alternativa de los economistas. Las autoridades deben revisar la legislación, para estar seguras de no complicarles la vida a quienes pretenden ingresar a cualquier mercado, como nuevos oferentes.

La otra cosa que tienen que hacer es combatir la evasión impositiva, aduanera y previsional. Porque una parte importante de la distancia que existe entre el precio que paga el consumidor, y el que cobra el productor, tiene que ver con la presión impositiva, que los intermediarios informales evaden.

¡Animo!

(*) Director de Contexto (juancarlosdepablo.com.ar) y miembro del Consejo Asesor de Carta Política.

(**) La pintura fue extraída de millo.co

Categorias: Columnistas, Juan Carlos de Pablo, Opinión

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