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¿Superó Estados Unidos el riesgo de default?

Por Alfredo Gutiérrez Girault (*)

El debate sobre la ampliación del techo de la deuda en Estados Unidos se asemeja a dos vehículos avanzando a alta velocidad en dirección opuesta sobre una ruta de una sola mano: ambos conductores esperan que el otro se aparte. En los hechos existen tantos riesgos de que ninguno se aparte, cuanto de que ambos giren sobre el mismo costado y el choque finalmente se produzca.

Los datos duros muestran que Estados Unidos tiene una deuda pública bruta equivalente al 100% de su PBI (72% si se excluye la deuda “intra sector público”), que aumentó casi 40 puntos en los últimos cuatro años y que el FMI estima llegará a 112% en el 2016. Es decir, no hay mejoras en el corto plazo y ello tiene que ver con que su déficit anual ronda el 10% del PBI (2,7% en el 2007) y todavía en el 2016 sería del 6%. Tengamos en cuento lo siguiente: a cualquier déficit mayor al 3% el ratio deuda/PBI crece.

Ese 10% de relación Déficit/PBI es un dato clave para entender el problema político: son 1,4 millones de millones de dólares año. Por lo tanto, si el Parlamento eleva el techo de endeudamiento en 2,8 millones de millones como pide Obama, éste tiene “despejado” el camino durante la transición hacia las siguientes elecciones presidenciales; si el techo se eleva en 1,4 millones de millones la discusión del techo de la deuda se presentará, inexorablemente, el año entrante nuevamente en medio del proceso electoral. Este factor subyace en las posiciones en conflicto.

Una segunda lectura de las cifras fiscales de ese país explica los paradigmas en pugna: entre 2007 y 2011 el gasto público aumentó 4,6 puntos porcentuales y los ingresos cayeron 3,3 puntos (siempre en términos del PBI). Los demócratas aspiran a que la corrección descanse en la suba de los recursos y los republicanos en la baja de los gastos; lo primero implicaría desandar la reforma Busch, lo segundo iría contra el corazón del programa político Obama.

Medidas posibles hay en abundancia, desde subas en los impuestos a los combustibles hasta cambios en la imposición al consumo (lo que ayudaría a disciplinar el gasto doméstico y a mejorar la balanza de pagos) hasta revisión del gasto militar y la introducción de copagos y el aumento en el edad de acceso a beneficios sociales, para citar un par d ejemplos.

Las tensiones obviamente debilitan al dólar como moneda de reserva. Las dificultades propias del euro lo disimulan en ausencia de monedas alternativas, pero la cotización récord del oro, récord desde 1981 en dólares constantes, lo pone en evidencia. Los agentes económicos perciben que un aumento controlado de la tasa de expansión monetaria en Estados Unidos si bien debilitaría la moneda, facilitaría la consolidación de la economía y haría más tolerable los efectos de la corrección fiscal. Pero, al mismo tiempo, temen que se escape de control e ingrese en una aceleración inflacionaria que licué los activos monetarios. Los plazos se agotan y las opciones políticas se estrechan.

El pasado primero de agosto, el último día antes de caer en default, Demócratas y Republicanos alcanzaron un acuerdo político que evitó, una vez más, que estallara la crisis. Pero el acuerdo no modifica las variables económico-financieras descriptas que mantienen el riesgo y la incertidumbre sobre el problema de fondo.

(*) Consultor. Director del Área Economía y Finanzas de Carta Política.

Categorias: Alfredo Gutiérrez Guirault, Opinión

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