Su mejor alumno
Por Felipe Yofre (*)
“Y un recuerdo de Ángel Magaña”
A principios de 1970 a nuestro antiguo departamento de la Recova de Libertador llegó junto a otros amigos un gran porteño: el actor Ángel Magaña. Por entonces tenía 55 años. Había nacido en Villa Crespo, hijo de gallegos inmigrantes, y su hogar fue próximo al arroyo Maldonado abierto y sin entubar. Casi un prototipo de Alberto Vacarezza, que en su tango homónimo lo describió diciendo: “desde cachorro jugué en tus aguas/ y fue en tu barro que yo me crié”.
Un buen día, Angel “piantó p´al centro”. Portando su credencial de bailarín, bien provisto de chapas de metal en las suelas, zapateaba al estilo de Fred Astaire y su pista inicial fue la vereda de la casona de sus viejos. El entorno ya le quedaba chico y el destino próximo, se propuso, fue la Corrientes angosta, con su “bric a brac” de confiterías, “dancings” y teatros de la época. En el Smart, Angelina Pagano, tras probarlo, lo sumó a la compañía infantil que dirigía.
En mi nota anterior sobre Sarmiento (ver nota), comenté la gravitación de su ideario en el cine nacional a través de sus libros. Por caso, “Vida de Dominguito” que adaptado por Ulyses Petit de Murat y Homero Manzi constituyó el libreto de la película “Su mejor alumno”, filmada en 1943 y estrenada en mayo de 1944, con un elenco de actores excepcional encabezado por Enrique Muiño (encarnó a Sarmiento en el film) y Orestes Caviglia (Mitre). Justamente, nuestro Ángel Magaña asumió el papel de Dominguito.
El recuerdo de este querido actor me retrotrae una vez más, al evocar a Sarmiento. Justo en el año de su bicentenario. Y con él, al tema educativo y su defensa por la escuela pública, la cultura popular como centro del proceso, no sólo del cine, sino también de la música, la literatura y otras expresiones estéticas.
Un artículo de Alieto Guadagni publicado en “Clarín” el 17 de Setiembre pasado desarrolló el nuevo fenómeno del abandono de la escuela estatal, mientras se incrementa el aumento en la matrícula privada. A su vez, en esta revista, días antes el Ministro de Educación porteño, Esteban Bullrich (ver nota), analizaba el concepto de la “calidad educativa” para lograr un mejor funcionamiento del área bajo su responsabilidad, hoy frente a un importante porcentaje de repitentes y deserciones.
A pesar de la Asignación Universal por hijo para las familias de escasos recursos, decía Guadagni, no se ha generado un crecimiento en la asistencia a la escuela y “es hora que las autoridades educacionales y también los gremios docentes asuman su responsabilidad para revertir esta decadencia” cumpliendo por lo menos el calendario escolar.
Nada mas alejado (lo que hoy acontece) de las políticas que implementara en 1856 el primer Director General de Escuelas de Buenos Aires (Sarmiento) en pro de organizar y reformar el sistema, para el que realizó mejoras y progresos.
Honrar su memoria y su lucha consiste a mi juicio en procurar que retornen a las aulas los hijos de los menos que menos tienen y que la posibilidad se amplíe en el marco de programas. Como bien dice Guadagni en La Nación, sobre la Universidad: “en consonancia con la sociedad del conocimiento del Siglo XXI, fortaleciendo sus ámbitos científicos y tecnológicos, pues la nuestra está anclada en el pasado”.
Así entonces podremos cumplir con el sueño sarmientito de “educar al soberano” y volver a tener al “mejor alumno”, como el que encarnó hace casi 70 años el entrañable Angelito Magaña.
(*) Conservador Popular Porteño.
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