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Iguala, la punta del Iceberg -

[ 0 ] 31 octubre, 2014 |

En cuarto lugar, el régimen federal puede aprovecharse para fragmentar la soberanía del Estado nación. Cómo se pudo llegar a esta aberración de secuestros y matanzas masivas de estudiantes, es una pregunta recurrente. Como se llegó a los desaparecidos en plena democracia? Preguntas que encuentran en una de las imágenes más conmovedoras de esta tragedia, la de una madre de un joven policía desaparecido, que después de penar en la angustiosa búsqueda, pide antes de morir ser (y será) velada frente a Secretaria de Gobernación, protestando mas allá de la vida, con su cadáver y el ritual de su propia muerte.

¿Cómo se llegó a esto? Parte de la respuesta se encuentra en la desconfianza generalizada entre funcionarios y distintos niveles de gobierno, que provocaron una situación de dilema del prisionero, y que terminó en la parálisis y resignación de los actores institucionales ante hechos inadmisibles. Otra parte de la respuesta está en las distorsiones que puede producir el federalismo y las esferas del gobierno municipal, como áreas de soberanía. El intercambio de bienes políticos, de legitimidades y de apoyos entre gobierno federal y gobierno estatal, así como entre gobierno estatal y municipio, han convertido a un diseño institucional de descentralización en un orden feudal y con rasgos patrimonialistas.

¿No es hora de replantear el orden territorial mexicano agregando al federalismo el reconocimiento y efectivo empoderamiento de las comunidades multiculturales? Desde que comenzó la violencia del narcotráfico, las organizaciones comunitarias que combaten al crimen organizado, desde Cherán a la montaña de Guerrero, han mostrado mayor eficacia y credibilidad social en su lucha por la legalidad. ¿No es hora de aprovechar ese enorme capital comunitario y empoderar políticamente a comunidades de enorme patrimonio colectivo para construir una democracia de consenso multicultural, que asegure mayores niveles de pertenencia e integración del territorio al Estado nación?

El sistema político mexicano es de una sorprendente continuidad y también adaptabilidad a los cambios, pero históricamente ha reconocido las crisis y ha aceptado esos cambios. Los hechos de Iguala son la punta de un iceberg, y ese Iceberg es el Estado.

Por último, ¿constituyen los hechos de Iguala un punto de inflexión de la historia social y política de México, como lo fueron Tlatelolco en el 68, o la caída del sistema en el 88? ¿Hemos tocado fondo en el ejercicio de un Estado que prescinde del derecho? Es claro que Iguala conmociona y se instala en la memoria social, quizás en ese tipo de memoria que en México ha producido cambios. También es claro que para una sociedad “tocar fondo” no es sólo un orden objetivo de cosas, es un estado de conciencia y de exasperación colectiva ante una realidad que se hizo intolerable. En este estado de conciencia los intelectuales tienen todavía un rol crucial a favor de la democracia.

(*)Politólogo argentino residente en México

Categorias: Columnistas Invitados, Juan Russo

Perfil de Juan Russo: Ver Perfil.

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