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Una nueva forma de hacer política

[ 0 ] 25 agosto, 2017 |

por Hugo Martini (*)

HUGOEn los análisis que se conocen con relación a las PASO del domingo 13 pasado hay un elemento que se está dejando de lado: la forma cómo armaron sus campañas aquellos que alcanzaron la victoria en el orden nacional. Una de las frases más repetidas de los últimos 19 meses ha sido: “el gobierno anda bien, pero es muy mala su política de comunicación y la forma cómo ha encarado los mensajes y discursos de la campaña”. Sin embargo, el resultado de esa técnica fue exitoso. Desde hacía 32 años –la victoria de Alfonsín en 1985- ningún gobierno no peronista había ganado elecciones de mitad de término.

Es probable que este resultado no tenga explicación sino se lo pone en un cuadro más grande. Tiene que ver con la forma de llegar a la gente. En términos generales y sin necesidad de hacer una encuesta, el interés de la Argentina por la política tiene como dos reacciones para los que no están interesados en la cosa pública (que son la inmensa mayoría): o le es indiferente o la desprecian. El argumento de los dos grupos es casi el mismo: desde hace muchos años la dirigencia política ha dejado de dar repuestas a las necesidades reales, concretas de la gente. A lo largo de las últimas décadas los discursos han sido brillantes, las promesas muy atractivas y los resultados se acercan a cero.

Frente a este cuadro depresivo apareció una forma de hacer política sobre temas reales: la falta de trabajo y la pobreza; escuelas y hospitales razonables, la ausencia de cloacas y agua corriente, las calles de tierra. Dicho sin emoción, sin citas históricas, sin frases encantadoras, sin actos tradicionales a donde la gente concurría a escuchar a los oradores. Tampoco se organizaron comités ni centros de reunión.

Al revés, los dirigentes fueron a las casas de los votantes, tocaban el timbre y eran o no recibidos. Pero intentaban –y en muchos casos lo lograban- hablar con ellos para enterarse de sus problemas y ponerlos en vía de soluciones. Multiplicado este fenómeno por miles y miles de casas y barrios de todo el país.

Se utilizaron, al máximo, los nuevos medios de comunicación digital que ya habían revolucionado la vida de todos. Fue como si la política utilizará estos nuevos medios, con los que vivían los grandes y hasta jugaban los chicos, que no sabían todavía leer y escribir. Acá también, como en el timbreo, la campaña se metió adentro de las casas.

Esos mensajes los recibían miles de personas a quienes no conocían y en muchos casos los contestaban. Esta nueva forma de comunicarse despertó sonrisas de gran parte de la dirigencia tradicional. No solo de la dirigencia, sino de muchas personas informadas que no entendían por que la estrategia de las campañas políticas debía organizarse de esta manera.

Cuando en 1985 ganó Alfonsín no había Internet, ni redes sociales ni teléfonos celulares. Es cierto que el gobierno había empezado a usar estas nuevas técnicas en la elección anterior, pero no con esta intensidad. La política no puede quedar afuera de la revolución tecnológica.

(*) El autor es ex Diputado Nacional (PRO), Director de Carta Política

(**) La pintura es de Melissa Nowacki

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Categorias: Columnistas, Hugo Martini

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