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Trump y el gobierno de Trump

[ 0 ] 27 enero, 2017 |

 por Hugo Martini (*)

HUGOSobre Donald Trump no hay ninguna incógnita. Es el mismo personaje desde cuando era solamente empresario, durante su campaña para llegar a ser candidato del Partido Republicano y en su consagración como Presidente. En todas las etapas ganó con la misma fórmula: mostrarse tal cual es.  ¿Alguien –en cualquier actividad o país- cambia una estrategia que le brinda, sistemáticamente, el mejor resultado? Porque el mensaje implícito que le está mandando a la dirigencia –y al pueblo que lo votó- es “yo no vengo de la política, vengo del éxito”. Entre las creencias norteamericanas, tener “éxito” implica una elevada categoría social.

Hay mucha gente que no comparte esa forma de operar sobre la realidad ni tomaría las decisiones que él toma. Cientos de miles caminan por las calles protestando contra sus ideas y su forma de ser: desprecia a los medios de comunicación, sostiene que su país no tiene responsabilidad alguna por la seguridad de cualquier región excepto que le paguen para brindarla, repudia a los inmigrantes, amenaza a las empresas norteamericanas que hagan inversiones en otro país.

Perdió por 2.8 millones de votos contra su rival Hillary Clinton pero el Colegio Electoral –el único legalmente válido para consagrar un Presidente- le dio la victoria por 306 votos contra 232. Se necesitan 270 para que un candidato sea elegido. El sistema funciona desde la Constitución original de 1787 y todos los intentos que hubo para cambiarlo por el voto directo fracasaron.

La incógnita es: ¿cómo responderán el Congreso y el Poder Judicial de los EE.UU frente a las acciones de un hombre que llegó legalmente hasta dónde llegó, con sus ideas y la forma de ser que tiene? ¿Reaccionarán? ¿Cómo? ¿O muchos de esos congresistas tienen ideas parecidas a las suyas, ya que ellos mismos lograron que sea Presidente? En primer lugar, ambas Cámaras del Congreso están dominadas por su propio partido que lo consagró candidato. En política, todo puede ocurrir y existe la posibilidad que los propios Representantes y Senadores Republicanos le pongan límites. En segundo lugar, en la realidad de un país con una auténtica división de poderes, los jueces como interpretes de la ley, pueden reaccionar pero esto ocurrirá frente a casos concretos que lleguen a la Justicia.

Esta alarma no es exagerada. Los EE.UU no son, obviamente, un país alejado del poder mundial. La realidad dice, también, que ese mundo exterior tiene poco que hacer en estos momentos, cuando las decisiones que afectarán a todos se tomarán en el cuadro descripto en el párrafo anterior. El proceso real de toma de decisiones pasa por esa encrucijada. Los intelectuales, artistas, políticos de EE.UU y otros países pueden hacer, alrededor del mundo, todas las movilizaciones y declaraciones que deseen contra Donald Trump. Esos movimientos tendrán incluso un gran efecto mediático. Pero la realidad dice que este hombre enloquecido, que nunca perdió, puede seguir adelante. Se va a necesitar una enorme dosis de inteligencia y acción para contener lo que se ha desbordado.

(*) El autor es ex Diputado Nacional (PRO), Director de Carta Política

 (**) La pintura es de Overland Park

El tema del Presidente Trump es tratado en esta misma edición en cuatro artículos: “Semblanteando al Presidente Trump”, de Juan Carlos de Pablo; “Argentina en la era Trump”, de Alfredo Gutierrez Girault; “Un discurso sin sorpresas”, del Embajador Raúl Ricardes; “Los inmigrantes de Trump”, de Carolina Poli.

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Categorias: Columnistas, Hugo Martini

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