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Radicalismo, de movimiento a partido

[ 0 ] 2 diciembre, 2014 |

Hugo Martini

CARTA POLITICA

El escándalo que produjo la diputada Carrió no provocó la crisis de UNEN. Ninguna persona puede generar sola, semejante caos. La columna vertebral de esa alianza es el radicalismo y su crisis replantea el cuadro político argentino, incluso más allá de UNEN.

Hace setenta años la argentina política podía graficarse de esta manera: “en los pequeños pueblos hay cinco personas importantes: un cura, el dueño del almacén de ramos generales, el gerente de la estación de servicio de YPF, un radical y un conservador”. Sustitúyase conservador por peronista y este es el cuadro que llega hasta nosotros.

La fortaleza de peronistas y radicales radicó siempre en que no eran partidos, sino movimientos. El peronismo lo sigue siendo: va sin ruborizarse del centro derecha de Menem al centro izquierda de Kirchner. Con una característica notable: van siempre todos, son los mismos nombres y apellidos. Este peronismo-conservadorismo elegirá en 2015 entre sus dos posibles candidatos. No necesariamente entre Massa o Scioli, elegirá entre un kirchnerista y otro antikirchnerista.

El problema actual del radicalismo no es una alianza con Macri. Es de otra naturaleza: está definiendo si quiere continuar siendo un movimiento o pasará a ser solo un partido, con una línea ideológica permanente. Hay dos líneas históricas en el Partido Radical (a) el centro izquierda que llamaron más tarde intransigente, que viene desde la Declaración de Avellaneda en 1945 con Moisés Lebensohn a la cabeza y (b) el centro derecha o antipersonalismo-unionismo, que se remonta al ex presidente Marcelo Alvear. En el balance de estas dos líneas esta el movimiento. Pero ahora el radicalismo ha terminado en manos de una línea social demócrata más afín, con variaciones, de la primera.

El ejercicio de jugar como partido y no como movimiento no le ha dado al radicalismo buenos resultados, considerando las tres últimas elecciones presidenciales: en 2003 obtuvo el 2.6% de los votos, en 2007 no presentó formula presidencial y en 2011, bajo el nombre de diferentes alianzas, consiguió menos del 12%. Mantiene la estructura nacional –“un dirigente en cada pueblo”- pero no alcanza: la estadística demuestra que esta sufriendo un proceso de erosión y que debería replantear la necesidad de volver a buscar la imagen de un movimiento, abierto a las dos alas del espectro político.

La dirigencia radical que se esta reuniendo es estos días debería tener en cuenta otra realidad: el electorado que representa no es cautivo. Si deciden quedar atrapados en el centro izquierda -como si estuvieran en el centro derecha- ese electorado podría migrar hacia un movimiento político nuevo.

En el pequeño pueblo del principio es probable que no deje de haber cinco actores principales. Pero el nombre Radical podría ser sustituido por otro, que cubra las demandas cruzadas –de izquierda a derecha- que tiene cualquier sociedad.

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