Mirar el Congreso
Por Hugo Martini
Los problemas de la Argentina no son pocos pero a lo largo del tiempo se transforman en entretenimientos. Es como si dejaran de tener importancia y después es muy difícil separar lo principal de lo accesorio. Ahora estamos entretenidos con el cambiante humor de la Presidenta, los distintos perfiles delictivos de Sergio Schoklender, el recorrido hacia el infierno de Candela, el fraude del 14 de agosto, la incertidumbre sobre el futuro de Moyano, las expectativas sobre el dólar o las peleas de los dirigentes opositores. Esta es más o menos la agenda que monopoliza la atención general y la preocupación de los más distinguidos analistas.
Pregunta: ¿no sería una buena idea ocuparse, también, de otro tema del que casi no se habla: el próximo 23 de octubre se elige la mitad de la Cámara de Diputados y un tercio del Senado? La respuesta sería: “estos son temas políticos que le preocupan a muy pocos”. Es cierto, pero el resultado de esta elección afectará a todos y tanto, que es probable que después nadie tenga tiempo ni ganas de ocuparse de las Madres, Candela y sus desventuras.
El 14 de agosto la Presidenta consiguió uno de cada dos votos válidos. Minimizar esta realidad afecta el corazón de las instituciones. (Ver Respeto sin ironía.) Pero si la preocupación real de la mitad que no votó por la Presidenta –e incluso muchos que la votaron- es que la mayoría impresionante conseguida el 14 de agosto termine transformándose en poder absoluto, deberíamos tener en cuenta el siguiente proceso.
1. Si el resultado electoral del 23 de octubre repitiera el de las primarias el Frente para la Victoria (FpV) recuperaría la mayoría en Diputados con 131 votos (quórum 129) y en el Senado alcanzaría 38 votos (quórum 37). Pero hay 28 diputados peronistas no kirchneristas cuya “sensibilidad” para empezar a votar con el gobierno puede ser alta, atento a la nueva realidad.
2. Si este resultado se mantuviera en las elecciones parlamentarias de 2013 el FpV podría alcanzar dos tercios de los miembros en ambas Cámaras. ¿Qué en su segundo período Cristina sufrirá un proceso de desgaste? El resultado del 14 de agosto –después de cuatro años propios y cuatro de Néstor- enseña lo contrario.
3. Por lo tanto, en 2013 esa posible mayoría estaría en condiciones de convocar a una Convención Constituyente para reformar la Constitución y hacer indefinida la posibilidad de reelección de los presidentes, incluida Cristina Kirchner.
El problema no es la Presidenta sino el sistema. Uno de los escenarios posibles muestra que la Presidenta no esta buscando el poder absoluto e indefinido. Pero la idea es no otorgarle –ni a ella ni a nadie- el ejercicio de esta opción. La defensa de las instituciones consiste precisamente es eso: en defenderlas cuando nos conviene y cuando no nos conviene.
No sería una mala idea si, desde los analistas políticos hasta el resto de los ciudadanos, empezaran a ocuparse de esta clase de “temas políticos que interesan a pocos”.
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