Ironías políticas
Por Hugo Martini
En las primeras horas del dos de diciembre pasado la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires aprobó un proyecto referido a la democratización, transparencia y organización del sistema de clasificación docente. Por 30 a 27 votos el proyecto se transformó en ley. Votaron a favor diputados de PRO y de la Coalición Cívica y en contra los bloques Encuentro para la Victoria, Bloque Peronista, Proyecto Sur, Proyecto Sur MST, GEN, Nuevo Encuentro, UCR, Socialista y Frente Progresista Popular.
El proyecto aprobado fue en realidad el de la Coalición Cívica que modificó el presentado por PRO. Pero lo más interesante no es la mayoría de los votos que ganaron sino los 27 que perdieron. ¿Por qué? Porque votaron en contra de los principios fundamentales que defienden en su vida pública.
Los titulares de los 27 votos creen que el Estado debe controlar el proceso de decisión en la mayor parte de los diferentes aspectos de la vida pública, sean políticos, económicos, sociales o culturales. La alternativa, que no comparten y muchas veces repudian, es una sociedad en la que la mayor parte de los procesos de decisión estén en manos de particulares. Este mundo recibe el despectivo mote de neoliberalismo guiado por intereses privados, cuyo interés dominante sería el más crudo espíritu de lucro de los empresarios.
La ironía es que en la posición vencida se defendía el derecho de los particulares –los sindicatos- para seguir controlando en su totalidad la clasificación, designación y promoción de los docentes. Porque los sindicatos son corporaciones privadas y no parte del Estado. La más simple realidad dice que una empresa defiende los derechos de sus accionistas y un sindicato el de sus afiliados.
Esta defensa de las corporaciones que representaron los 27 votos es, aún, más compleja. En la organización contemporánea de los sistemas políticos existen dos tendencias: la que sostiene que la opinión pública se expresa a través de los partidos y la que sostiene que se expresa, naturalmente, a través de las corporaciones. El supuesto es que los partidos políticos son asociaciones de ideas y las corporaciones de intereses derivados del trabajo en sus diferentes formas y especialidades.
Esta claro que los 27 diputados vencidos votaron –pidiendo el archivo del proyecto-para que la corporación sindical siguiera controlando la designación de los docentes. Como declaró un importante dirigente sindical: “la realidad esta en la calle y no acá” mientras señalaba el recinto de la Comisión de Educación en la que estaban sentados los diputados.
Sin embargo, el rostro de la realidad tenía otro perfil: en la calle estaba la expresión de la corporación defendiendo intereses privados y en el recinto los diputados elegidos por todos los ciudadanos de la Ciudad.
Gran parte de la violencia política de las últimas ocho décadas tiene su origen en la contradicción encarnada en estos 27 votos. Porque la democracia es un sistema que debe ser defendido cuando nos favorece y cuando no nos favorece.
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Tengo la impresión que Bullrich está haciendo una buena gestión en educación, campo minado por los intereses de la corporación sindical. Me alegra que la Coalición Cívica haya apoyado el dictado de esta ley. Demostraron que los problemas se resuelven con decisiones y no con discursos para la tribuna. Deplorables los docentes enseñando a sus alumnos el uso de la violencia en vivo y directo.
francisco f. von wuthenau
fwuthenau@gmail.com
¡Excelente nota!