La elección del 10 de julio
Por Hugo Martini
Los 200 kilómetros cuadrados de la Ciudad de Buenos Aires son, hoy, la tierra política más cara de la Argentina. Si Cristina Kirchner reconquista en julio este territorio controlaría algo más que el otro costado de la Plaza de Mayo. Podrá mirar octubre con más calma. Si, en cambio, Mauricio Macri es reelecto no solo continuará su plan de gobierno sino que se transformará en un referente clave de la elección presidencial de octubre – en la que no es candidato – y su nombre una fuerte apuesta para 2015.
Por estas razones hay demasiadas cosas en juego en la elección del 10 de julio. Por eso, también, las miradas de los interesados son distintas: mientras la señora Presidenta quiere nacionalizarla, el Jefe de Gobierno debe mantenerla local.
El escenario de esta elección permite tres miradas:
- Las elecciones primarias del 14 de agosto serán una encuesta verdadera. Pero la elección del 10 de julio en la Ciudad será una prueba para saber si la imagen de la Presidenta es tan alta como dicen las encuestas privadas y si, además, puede transferirla a los escenarios locales.
- La realidad – “esa única verdad” – dice que en la Ciudad hay tres campañas: (a) la de la Presidenta para extender su campo de control, (b) la de Macri que no compite con la Presidenta y (c) la de Solanas para ganarle a Filmus.
- El 10 de julio se eligen 30 legisladores, de los 60 que integran la Cámara. Para esta elección no hay segunda vuelta. Los que han decidido un voto, honorable y testimonial, pueden perderlo. Por ejemplo, dicen: “en la primera vuelta voto por xx pero en la segunda por Macri”. Si xx no coloca ningún legislador el voto se pierde porque no elige a nadie y Macri –por quien dice que votará el 31 de julio- tampoco incrementa el número de legisladores necesarios para gobernar.
Durante los últimos seis años la oposición ha realizado una formidable crítica, tanto a Néstor como a Cristina Kirchner, referido a procedimiento, estilos y propuestas.
Estas críticas no han tenido mayor impacto popular porque casi ninguno de estos partidos –excepto el socialismo en Santa Fe- ha podido gobernar alguna de las provincias más importantes. En pocos lugares como en la Ciudad se pondrá a prueba si la crítica diaria que realiza la oposición contra el gobierno nacional es la expresión de un divertimiento o una posición política seria. O será la prueba de que nunca van a gobernar, pero pueden explicarlo mejor que nadie.
El cuadro general electoral dice, aproximadamente: de los cuatro distritos que representan más del 60% de los votos del país, el Gobierno Nacional no tiene buenas perspectivas en Santa Fe ni en Córdoba y tendrá que pelear la provincia de Buenos Aires. En este escenario de julio, o sea tres meses antes de la elección de octubre, la Presidenta podrá mostrar la Ciudad como un trofeo o replantearse seriamente su suerte en la elección presidencial.
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