El problema es la incertidumbre

En el comienzo de 2011 la política argentina esta dominada por tres preguntas: (1) ¿Cristina se moverá hacia la izquierda radicalizando su gobierno o hacia el centro moderado para capturar a la clase media? (2) ¿la oposición armará dos frentes electorales, uno de izquierda y otro de derecha? y (3) ¿el movimiento obrero organizado terminará con dos centrales, la derecha en la CGT y la izquierda en la CTA?
Las ideologías son muy importantes y todos parecen contentos porque tienen una, en la que se refugian para pelear contra las otras. Pero es demasiado lineal, o una forma de escapismo, vincular el proceso actual a las ideologías. La combinación, sistemática y letal, entre incapacidad de gestión y corrupción tiene poco que ver con la “izquierda progresista” por un lado, y la “derecha conservadora”, por el otro. Hablar de ideologías cuando no hay ninguna es casi un acto de vanidad.
El problema central no es la ideología sino la incertidumbre. “Nadie sabe adonde está parado”, es la forma coloquial de la incertidumbre. Esta imagen negativa domina no solo a los argentinos sino que produce el mismo impacto en la mirada de los extranjeros. ¿Por qué invertir en un país en el cual las reglas de juego, los códigos de convivencia y hasta las leyes quedan en suspenso en cualquier momento?
Los procesos son ciclos y no empiezan un día determinado pero éste empezó, por lo menos, en 2001. El 23 de diciembre de ese año el presidente Adolfo Rodríguez Saa anunció, unilateralmente, ante la Asamblea Nacional que acababa de elegirlo Presidente que el país no pagaría su deuda externa. La mayoría de los diputados y senadores presentes hicieron algo extraño: se pusieron de pie y lo ovacionaron largamente. El video con el mensaje dio la vuelta al mundo y muchos empezaron a pensar que los argentinos se habían vuelto locos: aplaudían al anunciar que no pagaban.
Los gobiernos posteriores –de Duhalde a Kirchner- han hecho de la incertidumbre un culto. A veces parece que los dirigentes pertenecen más a la zoología que a la política. Son muchos los miembros de la familia política que cambian de color según las circunstancias y hasta mueven cada uno de sus ojos en direcciones distintas. La mutación parece estar en la naturaleza de las cosas.
Esta incertidumbre nada tiene que ver con la izquierda o la derecha. Se puede ser de cualquier ideología, pero confiable. Existen tres ejemplos notables: (a) el espectacular desarrollo económico capitalista de China se da en un contexto en el que la política se maneja a través de una férrea dictadura del partido comunista, con millones de presos políticos y ausencia total de derechos humanos, (b) Giovanni Agnelli llevó FIAT a la Unión Soviética en 1932, bajo la dictadura de Stalin, montando una de las plantas de la empresa adonde permanece hasta hoy y (c) las cadenas de hoteles privadas francesa Sofitel y española Sol Meliá trabajan sin problemas desde hace más de una década en la Cuba de Castro.
En estos tres países los empresarios extranjeros han brindado servicios durante años, ganan dinero y repatrían utilidades. ¿Cómo es posible que estos hechos ocurran? Los empresarios capitalistas y los gobiernos comunistas partieron de un supuesto que nada tiene que ver con la ideología sino con la certidumbre: las reglas que se establecieron para la inversión eran no solo claras, se iban a cumplir y, hasta hoy, se han cumplido.
No sería una mala idea si en el teatro de la política argentina la mayoría de los actores, brillantes en el debate y la polémica garantizaran que, sin perjuicio de los personajes que encarnen y del vestuario que utilicen, representaran la misma obra todos los días igual.
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el problema de incertidumbre es principal en las sociedades humanas. El falta de certeza define el grado de desarrollo de los países, ya que a mayor incertidumbre menor valor de activos e ingresos.
Los felicito por el sitio.