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Delich

[ 0 ] 6 junio, 2016 |

por Hugo Martini (*)

hugo2A principios de abril de 2005 nos encontramos para tomar un café y leyó lo que sería la primera Carta del ciclo digital de esta revista. Cuando terminó golpeó con calma dos veces el papel, me miró y dijo, simplemente, “es esto”. Ahí mismo se incorporó al Comité Asesor de Carta Política. Su último artículo fue publicado en la edición del 17 de mayo pasado. Describía “La Grieta Brasileña”, el juicio político al que está siendo sometida la Presidenta Dilma Roussef. Dejó una idea: “A diferencia de la argentina, la cultura política brasileña está siempre más cerca de la negociación”. La duda no es qué hará Brasil con el “impeachment”, sino nosotros con la negociación, que es uno de los supuestos de la convivencia.

Me lo presentó Bobby Starke, parados los tres en la ventana de una reunión pseudo política. La relación se hizo más intensa cuando llegó al Congreso, en diciembre de ese 2005, como diputado por la única tierra o provincia que quería representar. Porque siempre pensé que Buenos Aires era para él como un tránsito necesario, porque pasaban cosas que no pasaban en Córdoba y había que estar. Incluso San Vicente lo entendí como un espacio que había elegido para pensar y escribir. Desde ahí planeaba las ideas que iba volcando en sus libros actuales y futuros, porque el 21 de abril pasado, la última vez que nos vimos, me habló con seguridad de uno que estaría para publicar a mitad de este año y otro para mediados de 2017.

La crónica de estos días ha reseñado sus antecedentes y su gestión. Pero hay un dato que no se ha tenido en cuenta. Su vida fue el caso notable de un  intelectual participando de la vida pública: Convencional Constituyente, Rector de Universidades, Director de la Biblioteca Nacional, Diputado Nacional. Entre las muchas deudas que hay en el país, una de las más importantes es la de los intelectuales, cuya participación se reduce a formular análisis críticos y brillantes sobre la realidad, sin entrar como lo hacían hace un siglo y medio en el mundo duro y difícil de la política.

Nunca hablábamos de lo que pensábamos porque los dos sabíamos lo que pensaba el otro. Pero para mí, uno de los encantos era compartir el diálogo con alguien que simplemente pensaba, en un nivel más alto que el mío.

Francisco “el Gringo” Delich murió el 20 de mayo pasado. Acompañando el dolor de su familia, quiero decir que el vacío que me deja y deja en Carta Política, en la que tantas veces pensaba, será muy hondo.

(*) El auto es ex Diputado Nacional (PRO), Director de Carta Política

(**) La imagen es de la Universidad Nacional de Córdoba

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