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¿Hay una sola forma de hacer política?

[ 0 ] 17 marzo, 2017 |

por Hugo Martini (*)

HUGO MARZOUna frase sobrevuela la Argentina: “a este gobierno le falta política”. La idea necesita algunas precisiones. El sistema democrático fue restablecido el 10 diciembre de 1983 y el 10 de diciembre de 2015 se cumplieron, obviamente, 32 años. Durante todo ese tiempo gobernó –desde distintos partidos- la política que hoy se reclama, instrumentada por calificados dirigentes que recibieron el apoyo popular. El balance de esos años –excepto que se padezca alguna forma extravagante de entusiasmo- dice que no fue positiva para la mayoría de los argentinos.

En realidad, esta fue una forma muy particular de hacer política, porque el sistema se aplicó también después de una dictadura, por ejemplo, en Chile donde el resultado fue altamente positivo. La pregunta que debería hacerse es si  “la política”, como se la considera y reclama en el país, se parece o no a la política que hace funcionar a los países, en cualquier región. El sistema de esos 32 años fue –en general- un largo debate y enfrentamiento lleno de palabras, conversaciones interminables con muy poca capacidad de gestión, alejado de la solución real de los problemas que afectaban a las personas anónimas que caminaban por la calle.

En el caso argentino el gobierno que asumió el 10 de diciembre de 2015 –no importa el partido- tuvo algunos problemas. Después de 32 años la política no había dejado índices estadísticos, no se sabía cuantos recursos había en caja, cuánto debía y cuánto le debían, las mayorías parlamentarias estaban controladas por lo que habían perdido, no tuvo Jueces porque durante muchos años –más de doce- fueron domesticados hasta el exceso. Convive con estructuras y movilizaciones pagas para caotizar las calles e impedir que nada cambie  y con medios de comunicación –excepto dos o tres- que repiten que en aquella fecha la Argentina era un país maravilloso. Al mismo tiempo el nuevo gobierno heredó y convive con una imagen internacional construida desde 1982, con la Guerra de Malvinas: los argentinos parecen poco confiables porque son, al mismo tiempo, un pueblo culto pero inestable, casi delirante.

¿Qué es lo que se pide? ¿Qué vuelva “la política” de las declaraciones aclamadas de no pago a los acreedores, de las hiperinflaciones, de la privatizaciones inorgánicas, del restablecimiento sin rumbo de las estatizaciones, del cepo cambiario, del enfrentamiento con los medios de comunicación, del regreso de esa ley no escrita que dice que las decisiones de los gobiernos argentinos son ley en los contratos bilaterales firmados con otros países?

La pregunta es: ¿Por qué no esperar después de 15 meses, comparándolos con los 32 años pasados? Hace 40 años el apuro argentino destituyó al “gobierno de la tortuga” presidido por Arturo Illia, aunque “la tortuga no existiera”. Es difícil encontrar hoy alguien que no piense que aquello fue una locura. ¿Qué se busca ahora? ¿Repetir aquella experiencia con “el gobierno de la disculpa?”. Porque gobernar es –siempre- hacer política, probablemente de otra manera, distinta a la que se intentó sin éxito en los últimos 32 años.

Los argentinos deberían salvar lo más valioso que se restableció en 1983: el sistema político de la democracia. Otros dirigentes, con otras formas, están tratando de hacerlo funcionar. No es ni será fácil, pero para eso los votaron.

(*) El autor es ex Diputado Nacional (PRO), Director de Carta Política

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Categorias: Columnistas, Hugo Martini

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